Nobleza Obliga
Muchas veces en sus frecuentes visitas a Maluszyn, Wolf llevaría a Lilly con él y la dejaría con Anya, hija de su amigo artista Boris Nikolai, quien vivía y trabajaba en el pueblo.
Lilly estaba familiarizada con el pueblo porque allí era donde ellos iban a nadar en cálidos días estivales, en el Río Pilica.
El único lugar en el pueblo al que ella nunca había ido era la finca del conde Jan Sosnowski, y Wolf le había prometido que la llevaría alguna vez. En este viaje él decidió cumplir su promesa y llevarla allí.
La finca estaba descuidada; incluso el césped y el jardín de rosas habían visto mejores días.
A través de los años, muchos de los residentes de la finca habían sido miembros de la aristocracia polaca.
La situación económica y la invasión del ejército alemán habían hecho mella en los actuales residentes y ellos fueron forzados a vivir muy modestamente con un limitado ingreso.
Cuando el conde Jan Sosnowski vio su vehículo detenido en la casa él mismo les abrió la puerta con su esposa la Condesa Janina de pie junto a él. Wolf y Lilly salieron del vehículo, y se aproximaron a la entrada.
"Boze moj, " Lilly remarcó en asombro cuando vio el tamaño del lugar mientras entraban al jardín interior.
Lilly, quien estaba desorientada sobre qué hacer, hizo una reverencia.
Janina se acercó a ella, le dio la mano y dijo, «No hay necesidad de eso.
Somos personas igual que tú. Esos días se han ido.
» Wolf le besó la mano a la Condesa Janina y preguntó, «¿Cómo están las cosas?
» Él no esperaba recibir una respuesta, sólo una fría sonrisa.
La Condesa Janina, quien no tenía un especial afecto por los judíos, se restringía a sí misma y recibió a Wolf cálidamente de acuerdo a las instrucciones de su esposo.
Después de todo, Wolf era su asesor financiero y lo ayudaba a retener su finca y la tierra.
Mientras se movían de habitación en habitación camino al área de recepción, Lilly tomó nota de las paredes descascaradas, los pisos despojados y la falta de mobiliario.
Más tarde ella averiguó que el costoso alfombrado y pesado mobiliario de estilo había sido vendido para reunir el tan necesario efectivo.
Ella también notó la falta de ayuda doméstica en la casa.
Mientras se sentaban en el gran salón de recepción, su padre y el conde se fueron a un lado, se sentaron ante una pequeña mesa cerca del pórtico y comenzaron a hablar en susurros mutuamente.
Lilly caminó por el salón y se maravilló ante las añejas pinturas que colgaban de las paredes, los candelabros de cristal que descendían desde el alto cielorraso y ante la gigantesca chimenea de mármol en el centro de la pared en la cual ardía lentamente el fuego.
Ella sólo que quedó de pie entusiasmada hasta las lágrimas y pensó para sí misma, «¿Quién va a creerme cuando les diga que estuve en la mansión del conde y me senté en su compañía? »
El perro de la condesa, un cachorro de Doberman Pincher, vino a la habitación.
Él respondió a los gestos que Lilly le hizo y se acercó lentamente a ella.
Movió su cola con deleite mientras ella lo acariciaba e inclusive se echó sobre su espalda para que ella pudiera rascarle el estómago.
Ellos se llevaban maravillosamente. Eso fue hasta que la Condesa Janina vino al salón y llamó, «Knish, ven con mamá.
» El cachorro corrió hacia la condesa, quien rápidamente cerró la puerta detrás suyo.
"Knish, " rio Lilly. «¿Eso no es un tipo de pastelillo relleno de patata? ¿Qué clase de nombre es ése para darle a un perro?»
«Me pregunto cuanto tiempo pasó ella hasta dar con ese nombre», pensó para sí misma.
La conversación entre Wolf y el conde llegó a su fin. Ambos se veían muy complacidos y se dieron las manos cálidamente.
Mientras iban saliendo, Lilly vio de soslayo en una habitación a una chica de más o menos su misma edad yaciendo en una cama cubierta con una frazada mientras una enfermera de blanco le colocaba una toalla sobre la frente.
«¿Quién es esa chica? ¿Qué hay de malo con ella?» preguntó Lilly a su padre mientras iban de regreso a casa en Wloszczowa.
"Ella es Bozena, la hija de la condesa. Ella tiene tu misma edad y está muy enferma con una enfermedad incurable.
Doctores de toda Europa la han examinado y ningún tratamiento parece hacerle ningún bien.
Sus padres han gastado una fortuna en medicación, sin embargo, debido a su situación financiera ellos ya no pueden costear la continuación del tratamiento», Wolf le dijo a Lilly.
«Si es así, ella morirá sin tratamiento», comentó Lilly.
«El tratamiento no la curaba, sólo le prolongaba la vida un poco. Hasta ahora van dos meses que no se ha levantado de la cama», dijo Wolf con tristeza en la voz.
«¿Puedo visitarla y tratar de animarla?» preguntó Lilly.
«No creo que sea una buena idea», replicó Wolf, «pero prometo preguntarle al conde en mi próxima visita.»
Bozena falleció una semana más tarde. El funeral fue realizado en los terrenos de la finca en el lote familiar de sepultura. El conde pidió que la gente evitara venir a presentar sus condolencias.