El aeródromo Capítulo 30 La Puerta Del Hospital
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Capítulo 30 La Puerta Del Hospital

13 de octubre de 2026

11:30 horas

Box 17

García volvió a Urgencias junto a Garmendia.

Antes de llegar a la puerta de entrada, a lo lejos vio a la doctora Rivers encendiéndose un cigarro; siempre le había sorprendido que un médico pudiese fumar, cuando eran precisamente ellos quienes más insistían en recomendar lo contrario.

Se saludaron de lejos con un breve gesto de cabeza y entraron de nuevo en el bullicioso hospital.

Ya sabían a dónde iban. Al llegar al box 17 se toparon con que ya le estaban dando el alta hospitalaria a Lucía; se encontraba terminando de recoger sus cosas, preparándose para abandonar el hospital en compañía de un hombre mayor que supusieron era su padre.

—Buenas tardes —saludó García, exhibiendo su identificación con discreción—. Somos la teniente García y el sargento Garmendia. Nos gustaría poder hablar con usted unos minutos.

Lucía hizo un gesto suave al hombre que la acompañaba, pidiéndole con la mirada que les dejara un momento a solas. El padre asintió con preocupación y salió al pasillo, cerrando la cortina tras de sí.

—Lo primero, Lucía —comenzó García con tono cálido, acer-çcándose un paso a la camilla—, ¿cómo está? ¿Se encuentra algo mejor?

Lucía exhaló un suspiro cansado, acariciándose distraídamente el vientre.

—Sí, un poco mejor... Gracias por preguntar —respondió con voz débil, aunque su mirada seguía reflejando el peso del agotamiento y el shock.

García y Garmendia intercambiaron una mirada comprensiva antes de que la teniente tomara aire, buscando la forma adecuada de abordar el motivo de su visita.

—Nos gustaría hacerle algunas preguntas sobre su relación con Julián de la Torre y cómo fue su integración en la familia, especialmente aquel día en que decidió presentarla oficialmente— introdujo García con suavidad, cuidando cada palabra—.

Tenemos constancia de que aquello fue un auténtico terremoto. ¿Cómo vivió ese momento?

Lucía bajó la mirada hacia sus manos entrelazadas sobre las sábanas del hospital y tragó saliva con dificultad.

—Nuestra relación no era ningún secreto para los que querían ver más allá de las apariencias —comenzó Lucía con voz frágil pero firme, levantando la vista hacia los agentes—.

Nos conocimos cuando los dos estábamos intentando mantener a flote nuestras propias vidas.

Yo pasaba horas interminables en la oficina de Urbanismo del Ayuntamiento, lidiando con planos y registros...

Julián, por su parte, cargaba con el peso de las apuestas y una familia que solo sabía juzgarlo, mientras yo intentaba sobrevivir a la soledad de aquellos días. Nos salvamos el uno al otro.

—¿Y cómo conoció a la familia? —preguntó Garmendia con tono pausado, dándole pie a continuar.

Lucía soltó una amarga risa sin humor y negó despacio con la cabeza, recordando lo precipitado que fue todo.

—Hace unos meses, cuando se enteró de que estaba embarazada, Julián decidió que no podíamos seguir separados.

Me insistió tanto que acabé mudándome con él al caserón familiar—explicó con la mirada perdida en el recuerdo—.

Y claro, aquello desencadenó el verdadero caos.

Fue una auténtica emboscada emocional. Julián quiso plantar cara a su hermano y a Victoria de una vez por todas; me cogió de la mano y me metió en aquel comedor que parecía un tribunal.

Lucía hizo una pausa, pasando saliva con dificultad mientras el dolor de aquel día volvía a reflejarse en sus ojos.

—Alfonso se levantó a gritos, insultándonos, y Victoria... Victoria destilaba veneno por cada poro. No soportaba ver que Julián intentaba levantar cabeza, ni que yo estuviera esperando un hijo suyo. Me trataron como a una intrusa.

—Excepto Gabriel, por lo que sabemos —apuntó García con empatía—. Él fue el único que intentó frenar el golpe.

—Sí, Gabriel es un buen chico, el único que tuvo un gesto de decencia en medio de tanta hipocresía —asintió Lucía, acariciándose de nuevo el vientre con protección—. Él me dio la bienvenida y me ofreció un asiento cuando los demás se marchaban dando portazos.

—Y la noche de la gala, la noche en que Julián desapareció... — continuó García inclinándose un poco hacia ella, bajando el tono para no desgarrarla más—. ¿Habló con él? ¿Sabe por qué salió corriendo de aquella manera del Círculo Logroñés?

Lucía cerró los ojos un instante, reviviendo el dolor punzante de aquella velada.

—Estaba muy tenso, muy nervioso —susurró Lucía con la voz quebrada—.

Me dijo que tenía que atender un asunto urgente en la entrada, una de sus famosas excusas para escapar del ambiente asfixiante.

Se marchó de la mesa con una prisa extraña...

Y ya no volvió a entrar. Yo me quedé allí sentada, aguantando las miradas de reojo, sintiendo que algo muy malo iba a pasar.

Jamás imaginé que sería la última vez que lo vería con vida.

García asintió con suavidad, tomando una nota mental antes de conectar un detalle con los datos que ya manejaban de la investigación.

—Por cierto, Lucía —intervino la teniente con curiosidad medida—, nos consta que trabajaba en la oficina de Urbanismo del Ayuntamiento de Logroño, un puesto desde el que tenía acceso a los archivos y registros de propiedades en toda La Rioja.

¿Hasta qué punto ese conocimiento influyó o estuvo presente en su relación con Julián y los asuntos de la familia De la Torre?

La mirada de Lucía se cubrió al instante de un brillo vidrioso, confirmándole a la teniente García que, bajo la superficie, aguardaban secretos mucho más oscuros de lo que jamás sospecharon.