El aeródromo Capítulo 3 La Teniente García
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Capítulo 3 La Teniente García

10 de octubre de 2026

09:45 horas

Villamediana de Iregua

El Nissan Juke de la teniente García avanzó despacio por las calles de Villamediana de Iregua, movida por un impulso que no venía de ningún atestado, sino de un recuerdo sepultado hacía más de veinte años.

Aparcó a unos metros y apagó el motor. A través del parabrisas, la casa cuartel parecía aún más decadente de lo que recordaba.

El edificio, levantado en 1954, se caía a pedazos.

Descascarillado, maltrecho por el paso de las décadas, las humedades florecían como manchas oscuras en la fachada principal y de la entrada salía ese aire rancio a tubería vieja que el aire del otoño no lograba desinfectar.

Aunque ya no eran los otoños de antes. Llevaba años siendo una estación templada, floja.

García aún recordaba cuando para el Pilar se vendimiaba bien abrigado, e incluso le venían a la cabeza las historias de sus abuelos, que le contaban cómo en sus tiempos llegaban a usar el corquete y a cargar los remolques con las manos heladas y copos de nieve cayendo sobre las cepas.

El cuartel, sin vecinos en sus antiguas viviendas clausuradas, funcionaba de Puesto Rural.

Algo más de cincuenta agentes hacían encaje de bolillos para atender a los casi treinta mil vecinos del área metropolotina sur de Logroño.

Mientras esperaban el inicio de las obras del nuevo cuartel en la calle Santa María, tocaba trabajar apretados entre ruinas.

Para llegar a la entrada principal se debía subir una pequeña pendiente. Vio que el portón de acceso a los vehículos permanecía abierto de par en par; al fondo, al abrigo del porche, dos agentes de servicio conversaban tranquilamente.

Se quedó un instante inmóvil a pie de cuesta, observándolos, sintiendo cómo el estómago se le hacía un nudo helado frente a las viejas paredes de piedra.

Estaba a punto de dar el primer paso cuesta arriba cuando el teléfono del bolsillo empezó a vibrar con fuerza. Era el COS, la centralita de la Comandancia.

Alguien acababa de llamar desquiciado desde el aeródromo de San Torcuato.