El abismo Turquesa Capítulo I #2
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Capítulo I #2

María permaneció toda su vida en El Salvador, entre el desierto y las montañas, contemplando los atardeceres rojizos sobre las estructuras de la ciudad minera, mientras su hija decidió buscar un rumbo diferente y se mudó Vicuña, un pueblo Mucho más grande y lleno de oportunidades, lejos del árido y silencioso desierto.

Años después, Camila, ahora adolescente, decidió ir de vacaciones a visitar a su abuela en El Salvador.

La ciudad le parecía diferente, un lugar detenido en el tiempo, donde el desierto y las minas contaban historias que solo podían leerse entre los silencios.

Mientras exploraba la vieja casa de su abuela, llena de recuerdos guardados con cuidado, Camila encontró algo que llamó poderosamente su atención: una libreta de color turquesa, gastada por el tiempo y cubierta de polvo, escondida entre cajas y viejos baúles.

Al abrirla, sus ojos se encontraron con páginas llenas de escritura precisa y minuciosa, notas sobre sueños, lugares lejanos, sucesos extraños y catástrofes.

Cada palabra parecía vibrar con un misterio que Camila no podía comprender del todo.

La curiosidad y la intriga la invadieron: ¿de quién sería esa libreta?

¿Por qué su abuela la había guardado con tanto cuidado?

Esa libreta turquesa, olvidada durante años, se convirtió en un puente entre generaciones, un hilo que unía la infancia de María y Elena con la vida de su nieta, y que despertaba la posibilidad de que los secretos del pasado pudieran, nuevamente, abrirse al mundo.

Camila pasó sus dedos sobre la tapa de cuero gastado, como si quisiera despertar la vida dormida entre aquellas páginas.

El olor a papel antiguo la envolvió al abrir la libreta, y un estremecimiento le recorrió la espalda.

La caligrafía era firme, precisa, como si cada palabra hubiera sido grabada con devoción.

En las primeras hojas reconoció los relatos que hablaban del terremoto de Valdivia de 1960, narrados con una exactitud que erizaba la piel.

Sin embargo, lo que más la sorprendió fueron las páginas siguientes: profecías que parecían haber anticipado sucesos que ella conocía muy bien, aunque estuvieran escritos de forma velada.

Una entrada llamó su atención. Decía:

"Un muro de agua nacerá en tierras lejanas, allí donde el sol amanece primero. Millones de voces se apagarán bajo la espuma, y el mundo entero escuchará el rugido del océano."

Camila leyó varias veces el párrafo, intentando descifrarlo. Una intuición le golpeó el pecho: aquello se parecía demasiado al recuerdo del maremoto de Indonesia en 2004, esa ola gigantesca que había arrasado pueblos enteros y marcado a toda una generación.

Pasó la hoja y encontró otra anotación, más breve, pero aún más inquietante:

"Dos torres de acero arden en el aire. Pájaros de metal atraviesan el cielo y se estrellan contra ellas. El polvo cubrirá la ciudad, y el miedo recorrerá el mundo."

Camila apretó los labios, conteniendo el aliento. ¿Era posible? El texto parecía describir el atentado a las Torres Gemelas de Nueva York en 2001. La exactitud de las imágenes era aterradora.

Con el corazón latiendo fuerte, continuó avanzando unas 8 páginas en adelante, encontró una frase que la dejó helada:

"Un aliento invisible recorrerá la tierra. No habrá frontera que lo detenga. Los hombres caerán dormidos de fiebre, las calles se vaciarán y el mundo se detendrá en silencio."

Camila se estremeció. No había duda: esas palabras, aunque envueltas en un lenguaje poético y misterioso, evocaban claramente la gran pandemia del COVID-19 que ella misma había vivido recientemente.

Su respiración era rápida, sus manos sudaban. Aquellas páginas no eran simples relatos: eran advertencias, fragmentos de un futuro escrito mucho antes de que ocurriera.

Camila pasó las páginas con cautela, como si cada una de ellas ocultara un secreto demasiado grande para ser revelado de golpe.

Después de las entradas que le habían helado la sangre, encontró fragmentos aún más oscuros, escritos con una letra que parecía apresurada, como si la mano que las redactaba hubiera temblado al hacerlo.

"El fuego brota de las montañas de hielo. La roca despierta donde nunca debió, y el cielo se cubre de ceniza. Los hombres huirán, pero no habrá refugio."

Camila arrugó el ceño. No estaba segura a qué podía referirse. ¿Una erupción volcánica? ¿Un desastre en algún lugar lejano? Quizás había ocurrido ya, o quizás aún estaba por ocurrir.

Pasó a otra hoja, donde el mensaje era aún más enigmático: