EPÍLOGO #2
Dejó el Range Rover cerca del de Cillian, Violetta se bajó de un salto y se fue corriendo a buscar a su amigo mientras ellos sacaban las toallas, los albornoces y la mochila con los bocadillos del maletero. Éire la siguió con los ojos y luego se acercó a Elliot para darle un beso en la mejilla.
─Está feliz, alégrate por ella. El primer amor es lo mejor del mundo y Declan es un chico majísimo.
─Si yo me alegro por ella, pero un padre es un padre y cuesta aceptar que tu niñita beba los vientos por otro.
─Ay, mi amor, qué blandito eres.
─¿Blandito yo? ─le pellizcó el trasero y la estrechó fuerte contra su pecho─. Ya hablaremos cuando seas madre.
─No caerá esa breva.
─¿Cómo qué no? ─La apartó para mirarla a los ojos─ ¿No quieres que tengamos un bebé?
─¿Tú me estás hablando de bebés?, ¿en serio?
─Sí, yo, ¿cuál es el problema?
─No sé, hasta hace nada eras un poliamoroso liberal y negado al compromiso.
─Eso era en otra vida, amor, ¿o tienes alguna duda?
─No, pero…
─Pero nada, quiero un montón de niñas pelirrojas como tú correteando por casa.
─¿O sea que encima familia numerosa?
─Ya que nos ponemos, hagámoslo bien.
─¡Elliot!
Le dio un empujón en el pecho y él la cogió en brazos y se la subió al hombro sin inmutarse. La llevó hacia la caseta de baño donde estaba su familia y los O’Sullivan sacándose la ropa de abrigo y quedándose en bañador, y la posó en el suelo antes de dedicarse de saludar a todo el mundo.
─Ok ¿y ahora qué hacemos?
─Ahora te quitas la ropa, primo, y te lanzas al agua ─Le contestó Isabelle desde su silla de playa.
─¿Tú no te animas?
─Embarazadas no.
Contestó su madre sentándose al lado de su nuera y animándolos con la mano a saltar al agua fría.
─¡Vamos, valientes, que no se diga!, ¡Venga, Violetta y Declan los primeros!
Los chicos se miraron, se cogieron de la mano y saltaron gritando ¡Feliz Año Nuevo!
, luego los siguieron su padre, Sean y Cillian, Aidan y su familia, Connor, Lara y las niñas, su hermana Shannon con su marido y sus hijos, y cuando solo quedaban Elliot y ella al borde del acantilado, lo agarró de la mano,
saltaron y aterrizaron juntos dentro de esa agua gélida que era capaz de revivir a un muerto.
─¿Qué tal?
Cinco minutos después lo abrazó con el albornoz para que entrara en calor, le puso un vasito del vino caliente que habían llevado sus padres en la mano y ella se envolvió con la toalla mirando de reojo a Violetta, que estaba bebiendo té y charlando tan animada con sus sobrinas y con Declan,
todos abrigados hasta las orejas.
─Los irlandeses estáis locos, no lo podéis negar.
─No olvides que tú eres medio irlandés, chaval ─Sean lo señaló con el dedo.
─Eso explicaría muchas cosas.
Se echó a reír y Cillian se le acercó y le palmoteó la espalda mirando al cielo.
─No deberíamos entretenernos mucho por aquí, va a caer una buena.
─¿Estás seguro?
─Sí, sí, será mejor que nos vayamos rápido.
─¡Vamos yendo hacia los coches! ─Gritó su padre y toda la familia empezó a recoger sus cosas y a andar hacia el aparcamiento.
─¡Todo el mundo a mi casa a desayunar!
Gritó Elliot feliz y muy animado, levantando una mano para que lo siguieran y ella, que iba andando junto a Cillian, percibió cómo de repente su amigo se quedaba paralizado mirando a alguien.
Se detuvo también y entonces vio a un grupo de cuatro chicas extranjeras, españolas seguramente, que pasaban por su lado sin mirarlo, a pesar de que Cillian O’Sullivan era difícil de ignorar.
─¿Almudena? ─Preguntó él al cabo de unos segundos y una de las chicas se detuvo, se giró y lo miró entornando los ojos.
─¿Cillian?, no me lo puedo creer.
─El que no se lo puede creer soy yo, ¿qué haces aquí?, ¿hace cuánto que…?
─Quince años ─contestó tajante y sin moverse, y Éire la situó al instante, lo que le provocó un escalofrío por toda la espalda─ ¿Qué tal estás?
─Muy bien, gracias, sorprendido de verte, ¿vives aquí o…?
─Solo he venido a cumplir con la tradición… ─le señaló Forty Foot y a sus amigas─. Me están esperando. Encantada de verte, Cillian. Adiós.
Le dio la espalda y se marchó sin mirar atrás, Éire dio un paso al frente y lo cogió del brazo, notando perfectamente cómo le había cambiado el semblante
─¿Es esa Almudena?, ¿tu Almudena? ─Le preguntó y él asintió─ ¿No deberíamos pedirle el teléfono?
─Dudo mucho que quiera dármelo, peque ─forzó una sonrisa─. Venga, vámonos, tu hombre te está esperando.
La dejó en su coche y se marchó al suyo con Declan y Violetta, ella se sentó junto a Elliot, que se había puesto al volante, y lo miró con los ojos muy abiertos.
─Me sé el camino de vuelta, no te preocupes.
─No es eso.
─¿Ha pasado algo?, parece que has visto un fantasma.
─Es justamente lo que he visto.
─¿A qué te refieres?
─Acabamos de encontrarnos con el gran amor de Cillian.
─¿Qué gran amor?, ¿la madre de Declan?
─No, el gran amor de Cillian es una chica española que conoció cuando tenía veinte y pocos años. Fue una historia preciosa que desgraciadamente se complicó y tuvo que renunciar a ella. Me consta que nunca la ha olvidado.
─¿Y habló con ella?
─Solo se saludaron… qué fuerte. Tengo que llamar a Geraldine ─Le acarició el brazo sacando el teléfono─. Arranca, cariño, hay que ir a preparar el desayuno.
─¿Vas a llamar a Geraldine para cotillear sobre su hermano?
─No es cotillear, es informar. Lo pasaron muy mal cuando ocurrió aquello.
─Madre mía ─aceleró hacia la carretera─. Dejad en paz al pobre chaval.
─Sí, sí, no te preocupes.
Llamó a Geri y le dejó un mensaje en el contestador para que le devolviera la llamada, luego guardó el móvil y lo miró con una sonrisa.
─¿Te lo has pasado bien?
─Ha sido muy divertido, la verdad.
─Yo estoy muy orgullosa de ti, zambullirte en Forty Foot en 1 de enero te ha convertido en un dublinés de pura cepa.
─¿Y eso es bueno?
─Para ser el futuro padre de mis hijos sí.
Se echó a reír y él frenó en un semáforo, se giró y la inmovilizó para darle un beso.
─Tendremos unos bebés preciosos.
─No me cabe la menor duda.
─¿Y un gran año nuevo?
─¿Después de tu primer chapuzón de Año Nuevo en Forty Foot?, seguro que será perfecto, mi amor. El mejor año de nuestras vidas.