Eiden: Entre Máscaras EPÍLOGO
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EPÍLOGO

EIDEN

Tres años después.

Parece mentira cómo pasa el tiempo, cómo todo cambia y, sin embargo, ciertas cosas permanecen intactas, más fuertes que nunca.

Mirando hacia atrás, recuerdo todos los pasos que nos trajeron hasta aquí: cada riesgo, cada noche sin dormir, cada cicatriz que compartimos… Todo ha valido la pena.

Ashford Security es mía, y he aprendido a gobernarla sin perder lo que de verdad importa.

Mi padre sigue trabajando con nosotros; insiste en mantener el contacto, así ha sido desde que me casé con el amor de mi vida, y a mí no me quedaron más cojones que aprender que se puede dejar el pasado atrás, que todos cometemos errores, incluso yo, y que a veces el cambio real llega con la motivación correcta.

No me cuesta organizar una cena al mes con él, ni aceptar que quiera involucrarse.

Por supuesto, no se me olvida todo lo que ocurrió cuando mi madre nos dejó, sin embargo, soy tan feliz que ya no tengo energía suficiente para concentrarme en el pasado.

De todas formas, después de que encarcelaran a Edward hace un año por una mala organización en el tráfico de drogas, mi padre es la única figura paterna que tiene Madeline, y últimamente, dadas las circunstancias, se ha estado apoyando mucho en él.

A Isadora no la declararon culpable, pues los tres hermanos alegaron que fue una mujer maltratada psicológicamente y que aprendió a usar el silencio como su único escudo, pero la relación se ha resentido dadas sus mentiras.

Nos solemos reunir todos juntos en los eventos que organizan Julian y Lucian en Juliart, la galería de arte que abrieron después de limar asperezas sin su padre enfrentándolos constantemente.

Allí cada uno tiene su lugar, Lucian es el artista y Julian es el empresario, y alivian la depresión de Isadora permitiéndole dar conciertos privados a sus clientes más prestigiosos.

El primer año nadie confiaba en ellos, después del escándalo parecía que aquello jamás saldría bien, pero con el apoyo de Ashford Security, pudimos demostrarle al mundo que los hermanos no eran culpables, sino víctimas intentando rehacer su vida.

Y Madeline…, mi lobita, mi mujer, estoy tan orgulloso de ella que a veces me cuesta recordar aquella versión asustada y condenada a ser quien nunca fue.

Su primera novela fue un éxito rotundo.

La gente necesitaba sentir oscuridad, intensidad, pasión y sumisión, necesitaba que alguien les mostrara que el romance puede doler y sanar a la vez, exactamente como nosotros.

Lucian y yo hemos formado una amistad sólida y fuerte, principalmente porque es el hermano de mi mujer, pero también porque una vez fue mi único socio en el club, que sigue siendo un éxito absoluto, aunque con Juliart en su mejor momento, solo se pasa a repartir hostias cuando ya no puede más.

Nadie sabe quién está detrás de las máscaras y nunca lo descubrirán, es nuestra forma de mantener la magia.

Haciéndome caso por una vez, se dejó de gilipolleces y vino con Maya a nuestra boda, la idea de que ambos fueran con otras parejas era absurda, pero siguen negándose a asumir lo que todos sabemos que sienten.

Y decir que casarme con Mads fue el mejor día de mi vida sería quedarse egoístamente corto, pues sería imposible imaginar algo mejor que eso.

Aunque deduzco que una sola cosa podría hacerle la competencia…

Lucian y yo hemos venido casi obligados al centro comercial, y con su humor desvergonzado, sostiene un body de bebé y me mira con picardía.

—«Mi papá es mi héroe» —lee en voz alta señalando la prenda—. Tenemos que comprarlo sí o sí.

Río, sin poder evitarlo, y niego de forma frenética.

—Una mierda, si Madeline me ve llegando a casa con un body en el que no ponga «Mi mamá es mi heroína», me matará, seguro. No hay quien aguante a tu hermana, el embarazo la tiene completamente revolucionada.

Lucian levanta las cejas y sonríe mientras levanta los hombros y pega la prenda a su pecho decidido a llevárselo.

—Es normal, tiene a un mini Leyenda creciendo dentro de ella, eso es demasiado incluso para mi querida hermanita.

—Bueno, nos llevaremos los dos —gruño, hastiado de las compras prenatales—, pero primero le enseñaré el que tú has escogido, aunque sea solo por la adrenalina de jugarme la vida.

Nos reímos mientras pago todas las cosas que hemos ido apilando, cargamos las bolsas en el coche y nos dirigimos a la mansión. Al entrar por la puerta, me detengo en la sala principal y las veo: Madeline y Maya, sentadas con dos copas entre las manos.

Instintivamente, tiro las bolsas de ropa de bebé en el suelo y me acerco a Madeline a toda velocidad, retirando el vaso de su mano.

Huelo el contenido: zumo de arándanos.

¡Me cago en todo!

—¿Es que quieres matarme, mmm? —pregunto con una sonrisa burlona.

Ella se ríe y me besa rápido, rozando mis labios con los suyos durante menos tiempo del que necesito.

—Solo a veces, mi amor —susurra contra mi boca.

Mi vista se dirige a las bolsas y siento cómo mi alma vuelve a entrar en el cuerpo después del susto que me ha pegado. Madeline corre hacia ellas y su sonrisa ilumina la habitación, como siempre. Lucian me guiña un ojo y le entrega primero la bolsa con el body que él había escogido.

—«Mi papá es mi héroe», humm… O sea que yo llevo a nuestro bebé dentro y tú eres el héroe, ¿eh?

Me acerco, le entrego la otra bolsa y sus ojos se iluminan cuando lo ve, se pone a llorar casi al instante y sonrío. Dios…, la conozco perfectamente. Da pequeños saltitos de felicidad y corre a mostrárselo a Maya.

—Así me gusta, menudos capullos estáis hechos —asegura riéndose—. Sabéis que las hormonas la tienen completamente revolucionada y no paráis de cebaros con ella.

Me acerco a Madeline y beso su cuello de forma delicada, deleitándome con su piel erizada.

—Amor, acompáñame a nuestra habitación, así dejo todo esto donde tú quieras, por el bien de mi cabeza más que nada.

Ella pone los ojos en blanco, divertida y resignada, y nos dirigimos a la habitación. Una vez dentro, la estampo con suma delicadeza contra la puerta.

—¿Recuerdas lo que te dije hace años, lobita? Que si volvías a ponerme los ojos en blanco, te daría una buena razón para hacerlo.

Suspiro al ver su risa contenida, y antes de que pueda replicar, la rodeo con los brazos y la beso bajando la cremallera que me impide disfrutar de ella, dejando que el vestido de premamá caiga, revelando su cuerpo desnudo.

Sus pechos hinchados, su abdomen de seis meses… Es absolutamente perfecta, joder.

Todo me pertenece y la deseo tanto o más que el primer día.

Mis labios buscan los suyos con desesperación, devorando cada centímetro de su piel, mientras la tumbo suavemente en la cama.

—Te amo, lo sabes, ¿no? —susurra entre jadeos.

—En mi puta vida he tenido nada tan claro como eso, lobita —respondo, fundiendo nuestras bocas con desesperación—. Te amo, Mads.

Madeline cierra los ojos y suspira, dejándose llevar por la seguridad de mis brazos. Puedo sentir cómo se relaja, cómo confía en mí con una entrega que me llena de orgullo.

Me inclino y beso su frente con ternura. Siento la calidez de su piel, el ritmo de su corazón contra el mío.

Todo lo que hemos vivido, todo lo que hemos superado, converge en este instante, y me hace comprender que no hay nada más que desee que cuidarla, protegerla y amarla hasta el final de nuestros días.

FIN.