Efímero (Efímero 1) III
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III

VICTORIA

MARZO 2021

Estoy segura de mi elección. Nunca antes lo he estado sobre nada, pero esta vez algo me dice que debo hacerlo. Que, si no lo hago, probablemente me arrepentiré para siempre.

Ellos no lo entenderán y pensarán que es mejor estar cerca de casa y demás, pero en el fondo saben que es lo mejor para mí.

—Quiero estudiar en el extranjero —mi propuesta sorprende a papá y a mamá como si se tratara de una confesión poco usual en mí. Ambos se miran el uno al otro antes de que alguno pronuncie palabra.

—Tienes que acabar el bachillerato —empieza papá—. Ya tendrás tiempo de viajar.

¿Esa es su manera de decirme que no insista con el tema? Porque, si es así, no pienso seguir su consejo.

—Quiero ir a Escocia —ignoro a papá—. Allí estudiaré bachillerato.

Sus miradas vuelven a cruzarse sobre la mesa en la que estamos comiendo.

—Cariño, tu padre tiene razón. Es mejor que estudies aquí — esta vez interviene mamá para ponerse de su lado e insistir en que me quede.

—Pero yo quiero irme.

—¡Y yo quiero una mansión en Beverly Hills! —con ellos nunca se puede negociar sobre nada. Siempre tienen la última palabra, y eso empieza a cansarme.

—¿Qué hay de lo que yo quiero? ¿Por qué no puedo estudiar fuera de España? —miro a mamá para convencerla, pero, como siempre, ella mira a papá.

—Aquí tienes todo cuanto necesitas. Nos tienes a nosotros, tus amigos, tu ciudad, todo.

—¿Amigos? ¿Qué amigos?

—Tus compañeros de clase, naturalmente.

—Esos no son mis amigos, papá. No sé si lo sabéis, pero hace mucho (por no decir siempre) que no hablo con nadie.

Si la gente se me acerca, es por puro interés, no porque sean mis amigos o les caiga bien.

¡Estoy harta de este sitio! ¡Y también estoy harta de que no me escuchéis cuando os digo lo que quiero hacer con mi vida!

Sin más, me levanto de la silla, cansada de explicarme y no ser comprendida.

Me encierro en mi cuarto, enfadada y resignada a quedarme otro año más en el mismo instituto.

Yo ya sabía que me iban a decir que no. Estaba convencida, pero creía que, cuando les contase mi plan de estudios, aún tendría esperanzas.

Pero ni siquiera me han dejado explicarme.

Ellos insisten en que mi lugar es este. Yo no lo veo así.

Nunca me he sentido de ningún sitio cercano.

Siempre he estado fuera, conectada a lo desconocido. Eso es lo que verdadera-mente me atrae.

No se puede pertenecer a un sitio aun viviendo en él.

Falta sentirse de ese sitio. Falta sentir que formas parte de su entorno, de su paisaje, de su cultura, de todo.

Y España y yo somos tan distintas que no nos pertenecemos.

En cambio, Escocia tiene ese poder de belleza que atrae al instante.

Te absorbe solo con ver sus paisajes, su gente y sus costumbres.

No imagino mejor sitio para vivir que ese.

Tengo centenares de imágenes guardadas. Las almaceno todas en el portátil y, de vez en cuando (por no decir todos los días), las miro una y otra vez, porque me siento como si yo hubiese tomado esas fotos personalmente.

Como si hubiese sido la protagonista de ese bosque, de esa playa, de esa calle o ese castillo.

Imagino tanto estar ahí, que mis sueños se han vuelto adictos a ese país.

No dejo de soñar que vivo allí. Y hasta tengo mi propia casita de piedra y tejas azules con jardín.

Aunque me da cierta tristeza saber que ese sueño nunca se cumplirá.

Las imágenes que la gente sube a sus perfiles de Instagram dan envidia.

“Un día en las Highlands”, se puede leer en la descripción de algunas fotos.

Nunca pisaré esas colinas. Quizás con los años, y habiendo trabajado lo suficiente como para permitirme el viaje, podré visitar esas bonitas ciudades como Edimburgo, Glasgow o Inverness.

Me quedaría una larga temporada, o quizás toda la vida, al son de una gaita escocesa.

Sería una maravilla, pero papá y mamá nunca entenderán nada.

Sin embargo, ahora me toca pasar el resto de la tarde metida en mi habitación, obligada a estudiar para el examen de Mates.

UNA SEMANA DESPUÉS

¿Qué estoy buscando exactamente? ¿Por qué, de repente, ese entusiasmo por ver perfiles ajenos?

Porque está claro que, si quiero conversar con alguien de habla inglesa, tengo que buscar a alguien que esté dispuesto a entablar largas conversaciones y no esté lo suficiente-mente ocupado como para ignorarme todo el tiempo.

Todo el mundo tiene una vida propia que ha de atender, eso es comprensible.

No todos están dispuestos a perder el tiempo de sus vidas en alguien desconocido, ¿o sí?

Y luego está la otra cuestión: ¿qué clase de conversación tendrías con un extraño?

¿Hasta cuánto serías capaz de contar para que la otra persona crea que forma parte de tu vida?

Por momentos pienso que parezco una estúpida buscando una amistad online.

Que tengo que quitarme de la cabeza hablar con desconocidos y enfrentarme a la realidad, y salir a hacer amigos como se supone que hacen todas las personas normales.

Pero yo no soy así. Siempre se me ha dado fatal relacionarme con la gente.

No porque sea introvertida, nada de eso, sino porque no he visto todavía a nadie que pueda entenderme como persona sin que me juzgue antes.

Es por eso que nunca me he llevado bien con nadie de mi edad.

Hasta he llegado a replantearme si el problema soy yo y no ellos.

Pero he visto que no. Es difícil intentar ser amiga de alguien y ser aceptada cuando eres diferente.

Por eso creo que la solución está en crear una amistad con alguien desconocido que no esté todo el tiempo presente en tu vida, pero sí esté cuando a ti te apetezca.

Para esos ratos en que no sabes qué hacer y necesitas hablar con alguien que no sean tus padres; para cuando tienes una opinión sobre algo que está de moda y no te atreves a comentarla con nadie, y para no sentirte sola ni rechazada.

Solo busco eso. Una voz al otro lado que se comunique conmigo y me haga sentir importante, aunque solo sea algo pasajero, algo efímero, pero que conecte conmigo.

Y saber que formo parte del pensamiento de alguien.

Alguien que jamás veré ni conoceré, pero con quien habré compartido millones de historias que solo serán nuestras, porque nadie estará al lado nuestro para escucharlas o leerlas.

Sea quien sea ese alguien, espero no equivocarme.

Llevo como algo más de veinte minutos entrando en diferentes hashtags. Buscando, mirando fotos, y de repente algo en concreto me llama la atención.

The Raven Boys . Así es como se llaman los del equipo juvenil de básquet Jóvenes Promesas Deportivas, que traen la victoria a la escuela secundaria Harmony High School de Glasgow.

Un grupo talentoso y unido desde siempre que reúne chavales de todas las edades, desde los senior hasta los más novatos.

Todos juntos luchando por un mismo sueño: ser los mejores.

Patrocinado por la Children’s Charity Society.

Y, arriba del pie de foto, se adjunta el equipo masculino de básquet, compuesto por doce chicos.

Los miro con atención, uno por uno. Todos posan sonrientes ante la cámara, pese a que se nota lo exhaustos que están. Deben de ser muy conocidos para que una charity los promueva de esa manera. ¿De verdad todo ese dinero irá destinado a los niños necesitados o se lo quedará el Estado?

Pero mi curiosidad va más allá de una simple vista a la foto. Todos aparecen etiquetados con el nombre de sus perfiles de Instagram. No dudo en pinchar en cada uno. Algunos perfiles son privados y no quiero seguirlos para ver su contenido.

The red raven, o para ser más exactos, el cuervo rojo, es el nombre de usuario del chico de cabello rojo cobrizo que posa con los demás del equipo de básquet. Su perfil de Instagram está público. Y eso significa que puedo ver todas sus fotos de principio a fin.

Las más destacadas y repetidas de su perfil son los partidos y fotos con el equipo. Bastante típico y aburrido. No sé para qué me molesto en mirar. ¿Tan aburrida estoy? ¿Es que en ninguna sales tú solo?

Pero la respuesta a mi pregunta llega cuando bajo al inicio de su perfil.

El chico pelirrojo posa solo. Lo hace de una manera que, si me hubiesen dicho mirando esa foto que ese chico juega a básquet, no me lo habría creído.

Porque he de admitir, lector, que es más fotogénico cuando posa solo que cuando ha terminado el partido.

Su color de pelo no es tan común en España, por no decir nulo. Y mira que he visto pelirrojos, pero como su pelo, ninguno. ¿Cómo no me he fijado antes en sus ojos? Qué azul más bonito.

Le hago zoom para fijarme más en ellos. Su expresión sonriente hace que el brillo de sus ojos realce el azul de una manera que parece el vaivén de las olas del mar. Aunque, en este caso, es un océano demasiado calmado para ser real y demasiado hermoso para mirar.

Es precioso. Todo él es…

Mientras pienso todas esas cosas en mi cabeza, un corazón rojo y gigante se posa sobre la foto del escocés.

De repente, la cifra cambia de 106 a 107 “me gusta”.

¿Qué he hecho? Le he pulsado sin querer y le he dado me gusta a su cara.

¿Y ahora qué? ¿Estás tonta, Victoria? Tenías que haber tenido más cuidado.

Miro el pie de foto en busca de algún hashtag, pero no encuentro ninguno.

¡Mierda! ¡Ahora sabrá que no ha sido por casualidad y que le he mirado todo el perfil!

¡Joder, joder! Tienes que quitarlo, Victoria, o se dará cuenta.

No creo que use mucho el Instagram. Con suerte, lleva días sin abrirlo y no ve las notificaciones.

Sí, estoy salvada. Es lo que yo decía. Su última foto es de hace dos semanas.

Seguro que pasa del Instagram porque está jugando a básquet o tiene que estudiar.

No se dará cuenta si le quito el like. Se lo quito.

Por cierto, si vas a stalkearme y darme un like, luego no lo quites. Se nota más.

Bien, ahora tengo una solicitud en la parte del Direct de Instagram de ese chico. ¡La que has liado, Victoria, la que has liado!

No estaba stalkeándote, creído.

Sí, espera que termine de peinarme.

Jaja, qué gracioso 🤣 Seguro que con ese pelo hay mucho que peinar.

¿Algún problema?

No. Ninguno.

Primero, no soy un creído y, segundo, no pasa nada. PD: Creo que a mí también se me ha escapado un like, pero no lo pienso quitar.

Vale, no eres un creído. PD: Gracias por el like👍

Qué faena, ¿no?

¿El qué?

Que tengas que haber dicho gracias a las 178 personas que te dieron like a la foto.

No he hecho tal cosa. Serás tonto.

¿Y por qué a mí sí que me las das?

Pues no sé. Siéntete afortunado. Pero no te creas tan especial.

Bueno, bueno, bueno. Creído, tonto…y que no me sienta especial. Qué definición de mí mismo.

¿Quieres que llore? Ahora tendré que lidiar con

ello siempre 😭😭

PD: En esa foto parece incluso que sepas sonreír. Me pregunto si ahora estás sonriendo 😄

Sí, estoy sonriendo, pero no enseño los dientes. PD: No creo que tengas que lidiar con nada.

Bien, entonces.

Supongo.

¿Podemos rebobinar un poco? Haré como que no me di cuenta de ese like.

Entonces no tendría sentido esta conversación.

¿Por qué?

Porque simplemente no habría ocurrido.

Tienes razón.