Ecuación Letal (AJ Docker 4)
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CAPÍTULO UNO
Tres años antes
Las vacaciones de Mark Lawton fueron interrumpidas por una pistola apuntando a su nariz, lo que hizo que sus ojos marrones se cruzaran, mientras se enfocaba en el arma.
—Vacía tus bolsillos. Todo. Apúrate.
Mark suspiró, mirando más allá de la pistola a los ojos despiadados del taxista.
República Dominicana puede ser un paraíso tropical, pero mientras los turistas buscaban la playa perfecta, los delincuentes se aprovechaban de ellos.
Le habían advertido de los peligros de los taxis sin licencia, pero en su emoción, no había prestado atención cuando se subió al carro.
El taxista se inclinó hacia adelante y presionó la pistola contra su frente.
—Última oportunidad. Saca todo de tus bolsillos ¡ahora!
Mark levantó las manos en señal de rendición, luego vació lentamente sus bolsillos, entregando su cartera, la llave del hotel y el teléfono.
—Dame ese reloj.
Mark se lo quitó para que el codicioso ladrón se lo llevara. El Apple Watch le haría ganar un buen dinero .
El ladrón extendió la mano por encima del asiento y palpó los bolsillos de Mark, deteniéndose en la parte delantera derecha.
—¿Qué es esto?
Mark se metió la mano en el bolsillo.
—Solo recogí un pedazo de ámbar.
Levantó el ámbar dorado que brillaba a la luz del sol. El ladrón lo miró con los ojos entrecerrados y se burló.
—Estúpidos malditos turistas, pagando un buen dinero por ámbar barato. Guarda esa mierda como un recordatorio de tu tiempo en mi país. Salte. Deja la computadora en el asiento.
Mark abrió la puerta y se paró en la banqueta, mientras el taxi se alejaba a toda velocidad con más de cinco mil dólares de sus pertenencias, dejándolo solo con el ámbar. Lo inclinó hacia el sol anaranjado de la tarde, con los rayos brillando a través de él en un prisma espectacular.
Hace más de diez millones de años, un bosque tropical había cubierto la isla.
La resina del árbol Hymenaea Protera, ahora extinto, atrapó a los insectos a medida que se hundían en la pegajosidad y se endurecían para formar el ámbar, dejando los cadáveres de los insectos eternamente sepultados.
Mark se maravilló de la termita inusualmente bien conservada encerrada en su muestra.
Había buscado en la zona de Bayaguana durante días antes de encontrar esta pieza.
Los insectos encerrados en ámbar no eran inusuales, y las termitas se encontraban entre los más comunes.
Había examinado miles de muestras antes de descubrir esta.
Si su teoría era correcta, los ojos vacíos que le devolvían la mirada cambiarían el mundo.
Mark comenzó la caminata de un kilómetro y medio de regreso a su hotel, girando el ámbar en su bolsillo.
No le había contado a nadie su hipótesis, ya que era demasiado fantástica para creerla.
Sus compañeros de trabajo pensaron que se había tomado unas merecidas vacaciones en un resort de playa, pero aún no había pisado la arena.
Ahora que había encontrado el ámbar, podría relajarse un día antes de volar de regreso al trabajo.
Pateó una pelota de fútbol a un grupo de niños que jugaban en la calle, mientras contemplaba al ladrón que le robó sus pertenencias.
El único objeto que había dejado atrás era más valioso de lo que el ladrón podía imaginar.
Mark apretó el ámbar con fuerza, mientras planeaba los próximos pasos de su investigación.