Ecos de Una Sospecha (Sombras En El Tamesis 1) Capítulo 14
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Capítulo 14

El Fragmento de Arena

La ciudad del Cairo ardía bajo un sol implacable. Desde la terraza del modesto hotel donde se alojaban, Eleanor observaba las calles laberínticas con una mezcla de fascinación y alerta. Había algo antiguo en ese aire polvoriento, algo que parecía susurrar desde las piedras.

Lydia entró en la habitación con una carpeta bajo el brazo.

—Los contactos de Marcus funcionaron. El primer fragmento está oculto en las catacumbas del monasterio copto de Santa Bárbara. Pero no será fácil acceder. La zona está bajo vigilancia del Departamento de Antigüedades… y hay indicios de que otra facción también lo busca.

—¿Otra facción? —preguntó Eleanor.

—Sí. Gente que no está vinculada directamente con la Orden. O al menos no con la misma que enfrentamos en Londres. Parecen más… radicales. Quieren apoderarse del mapa para controlar al Guardián, no destruirlo.

Marcus entró en ese momento, sudoroso pero decidido.

—He conseguido los permisos de acceso bajo una identidad falsa. Tenemos una ventana de tres horas esta noche, antes de que las patrullas cambien de turno.

Eleanor asintió. Estaba lista. Sabía que ese fragmento era el primero paso hacia algo mucho más grande… y más peligroso.

Esa noche, vestidos como arqueólogos en misión especial, descendieron por las escaleras de piedra del monasterio. Cada peldaño los alejaba de la superficie y los acercaba a lo que los textos llamaban "el Sello de Arena".

Al fondo del corredor, tras una puerta tallada con inscripciones en copto antiguo, encontraron una cámara sellada. Marcus utilizó una herramienta láser para remover el sello, y Lydia empujó la puerta con esfuerzo.

En el centro de la cámara, bajo una cúpula polvorienta, se alzaba un pedestal cubierto de símbolos dorados. Encima, reposaba un fragmento triangular de obsidiana negra, cubierto de inscripciones brillantes como si ardieran por dentro.

Eleanor se acercó con cautela. Al tocarlo, una visión la atravesó: desiertos eternos, una serpiente alada, un altar bañado en sangre… y una frase resonando en su mente:

—“Uno debe morir… para que el Umbral se abra.”

Se tambaleó, jadeando. Marcus la sostuvo.

—¿Qué viste?

—Una advertencia —dijo con voz temblorosa—. Este mapa… no es solo una guía. Es una prueba. Y la sangre será el precio.