Capítulo 14 El Protocolo de Falla y la poda de la legión.
El oficial de la Directiva no llegó a disparar.
Justo cuando el pulso de extracción brillaba en la boca de su rifle, un grito ensordecedor rasgó el cañón.
No provino de Cael ni de mí, sino de la legión de los rotos.
Armados con pedazos de chatarra afilada y tuberías que goteaban plasma residual, los rotos se abalanzaron en masa contra la Guardia de Élite.
Ya no eran sombras asustadas, eran un mar de cuerpos deformados por la sílice, usando sus propias mutaciones como armas.
—¡Están interfiriendo con las frecuencias! —gritó el oficial por su radio, antes de ser sepultado por la masa enfurecida.
Aprovechando el caos de la poda de la legión, Cael me arrastró hacia el muelle de carga trasero donde se ocultaba el Ente de ruptura, una inmensa anomalía cuántica flotante que mi madre había dejado programada en el núcleo del norte.
El cielo sobre nosotros se fracturó por completo.
El Eclipse Eterno dejó de ser una aurora estática y comenzó a girar, un vórtice violeta y negro que succionaba la luz del sol.
El Protocolo de Falla se había activado automáticamente al sobrepujarse los niveles de energía del búnker.