13. Xander. Cambio de planes en la colmena #2
—Que no les hizo gracia que les jodiera la fiesta. Seguí a la araña hasta la nave cochambrosa y allí lo estaban esperando dos vampiros con poco sentido del humor. No parecían contentos con el diseñito que le tatué al modelo en la frente.
—¡¿Tú le hiciste eso?! —Por la expresión de Scarlett no supe bien si estaba impresionada o enfadada. Le lancé un guiño y luego enarqué una ceja para enfatizar mi silencio. Se llevó una mano a la boca—. Perdón, continuad.
—Me parece increíble que te sorprenda más eso que el hecho de que haya mencionado que tu amigo se junta con vampiros. —La aportación de Johnny me pareció sumamente acertada. Hasta me sorprendió que fuera él quien hiciera el apunte y no yo.
Scarlett abrió la boca, la cerró, arrugó el gesto, lo relajó y volvió a repetir el ciclo de movimientos un par de veces más hasta que decidió no decir absolutamente nada, a la espera de que continuáramos con la conversación.
—Bueno, pues como bien habrás intuido, Johnny, me la sudó que no estuvieras al otro lado de una cámara ni de un intercomunicador, me limpié el culo con las normas y actué.
—El hacker se pasó las manos por la cara y resopló, pero no dijo nada.
Sabía que de poco serviría—. Esperé a que entraran al edificio y me posicioné bajo una de las ventanas para escuchar qué decían.
—Miré a mi pelirroja para dirigirme a ella—: Mis sentidos están más desarrollados que los de un humano común, así que una ventana cerrada no basta para impedir que pueda cotillear una conversación —le aclaré.
No se inmutó, solo pestañeó y yo decidí continuar—.
En resumen, le metieron bronca a la araña por lo ocurrido en el Golden Sword; él casi se meó en los pantalones y puso como excusa que yo andaba por allí con una ballesta.
Con qué facilidad le encasqueta el muerto a otro...
¡Qué tío! —Meneé la cabeza de un lado a otro con una sonrisa en los labios—.
Lo creyeron por el mensaje que le grabé en la frente, por supuesto.
Así que ya saben que un helsing va tras su colmena.
—Fantástico —murmuró Johnny, que parecía al borde de un ataque—. Ahora saben que estamos en la ciudad. Eso nos pone en peligro, cuando no había necesidad y, encima, ya no contamos con el factor sorpresa.
—¿De qué factor sorpresa hablas? —intervine—. Lancé una granada de luz ultravioleta en ese intento de discoteca, y me juego el pellejo a que todavía huele a pollo frito en el Golden Sword. ¿De verdad crees que aún contábamos con el factor sorpresa?
—No. Acabo de darme cuenta de que no.
—En fin, aquí vienen la parte buena y la mala.
—La buena primero, por favor... —Mi pobre compañero no ganaba para disgustos.
—La parte buena es que, como última oportunidad, y para demostrar su lealtad a la colmena, le exigieron a nuestro buen amigo Ryan que se encargara de llevar la ofrenda a la fiesta del decimoquinto cumpleaños de Amelia.
Por lo que intuyo que la celebración está a la vuelta de la esquina y, por fin, podremos dar matarile a los gordos.
—¿Y la parte mala? —quiso saber Johnny sin casi darme tiempo a respirar.
—Qué impaciente... La parte mala es que Ryan les habló de mi pequeña amenaza personal y, como buscan venganza y joderme, han especificado que la ofrenda tiene que ser Scarlett.
—Me dirigí a ella cuando continué—: Por eso el capullo fue a buscarte a tu portal.
Fui tras él para comprobar si era de los que pretendían hacer el trabajo solo o si, por el contrario, era de los que utilizaban matones para no mancharse las manos en el proceso de raptarte.
Lo cierto era que estaba con la guardia baja porque contaba con que estabas a salvo aquí, en el piso.
Pero..., en fin, digamos que te esfuerzas por sorprenderme.
No dijo nada. Continuó extrañamente callada y tenía la mirada vacía.
—¿Scarlett? —Quería que reaccionara. Necesitaba alguna respuesta por su parte.
Un gesto, lo que fuera. Era posible que hubiera vuelto a equivocarme al tratar como normales temas que, evidentemente, para ella no lo eran.
Así que intenté tranquilizarla de alguna forma—.
Escucha, Caperucita, no te harán daño. Antes tendrían que pisar mi cadáver para poder acercarse a ti, y te aseguro que soy tremendamente difícil de aniquilar.
Si se atreven a tocarte... —apreté la mandíbula.
No soportaba esa idea—, reduciré Shadow City a polvo y poco me importará si son humanos, vampiros, inocentes o arañas los que caigan por el camino.
Te protegeré hasta soltar mi último aliento, nena.
Pero ella continuó impasible. Simplemente se puso en pie con lentitud y la mirada perdida; casi parecía un fantasma. Se apoyó de nuevo en Cenizas y avanzó hacia el pasillo. Sin mirarnos a ninguno de los dos, solo dijo:
—Voy a darme una ducha. De esas largas, a lo mejor de una hora o más, porque pienso estar asimilando todo esto bajo el agua. Luego... Querría ir de compras.
—¿De compras? —pregunté. Acababa de hablarle de vampiros, arañas y del peligro que corría por culpa del capullo de Ryan y ella... ¿quería ir de compras? Ahora el sorprendido era yo—. ¿Por qué...?
Me interrumpió con una mirada fulminante y gestos bruscos con los que se señalaba de arriba abajo. Ah, vale.
—Si necesitas ropa, puedes hacer una lista con lo básico y ya mando a Johnny de recadero.
El aludido frunció el ceño y me dedicó una mueca de indignación.
—No solo necesito ropa, cazurro. —Bufó con irritación y se llevó las manos a la cabeza.
Empezaba a pensar que a lo mejor debería haberla informado de la situación con más delicadeza y no soltándolo todo así, de golpe y sin anestesia.
Parecía más afectada de lo que ella misma pretendía reconocer—.
Y no quiero hacer una lista, sin más. Quiero .
Necesito. Ir de compras. Tener unas cuantas horas para mí sola haciendo algo que, espero, me sirva como terapia y me temple los nervios.
—Me señaló con el dedo de un modo tan amenazante que me incliné un poco hacia atrás—.
Y no me digas que no puedo porque es peligroso, porque entonces será de mí de quien debas preocuparte y salir corriendo.
—No se daba cuenta, o sí, pero el volumen de su voz subía con cada palabra, así que lo mejor era dejarla hacer y no intervenir para no acabar escaldado—. Y ahora, me voy a la ducha.