Eclipse en Shadow City Scarlett. Presente
1%
Eclipse en Shadow City

Eclipse en Shadow City

Por Sandra G. J.

© inepub.com

Scarlett. Presente

Scarlett

Presente

—¿Estás segura de que quieres hacer esto? —me pregunta Xander, y atisbo un deje de preocupación en su tono.

Es comprensible. Estoy a punto de desvelarle a Claudia uno de los secretos mejor guardados del Estado. Del mundo, en realidad.

En lo que a mí respecta, y en lo que de verdad me importa, esa confesión puede acabar de tres maneras: que pierda a mi mejor amiga y a una parte de mi familia porque crea que le estoy gastando una broma de mal gusto; que considere que estoy como para que me encierren y actúe en consecuencia; o, y esto es lo que más deseo, que me crea y siga siendo uno de los pilares de mi vida.

De verdad rezo por que sea esto último. Todo lo que está pasando me supera, y voy a explotar si no puedo confiárselo al menos a ella.

—Estoy segura.

—Bien. —Xander asiente con los ojos cerrados, como si le estuviera costando un mundo aceptar mi decisión y dejarme a solas con ella—. Tenéis un par de horas hasta que vuelva y...

—¿Cómo que hasta que vuelvas? —pregunta Claudia con el ceño fruncido.

Apoya las manos en la cintura con una firmeza que no admite réplica—.

De aquí no se va nadie hasta que me contéis lo que está pasando.

—Nos señala a ambos con un dedo acusador, alternando del uno al otro.

Cuando se lo propone, intimida, la tía. Ahora entiendo por qué Robin siempre acaba cediendo en cualquier disputa—.

Sí, los dos. Así que ya estáis tardando en plantar el culo en esos taburetes y empezar a explicarme por qué Scarlett está actuando de ese modo tan raro.

Yo obedezco al segundo. No viene al caso discutir con Claudia, cuando he venido precisamente en busca de su apoyo y con la necesidad de desahogarme.

Dudo que Xander vaya a quedarse, pero, una vez más, este hombre de piel color caramelo me sorprende y, aunque no toma asiento, sí se apoya en el marco de la puerta.

Y ahí viene otra vez la oleada de calor.

Todo mi cuerpo se tensa y la lengua se me seca cuando Xander adelanta un pie y se apoya, ligeramente de lado, contra la madera clara.

Es tan alto que casi roza la parte superior del marco, y un hormigueo al que comienzo a acostumbrarme me recorre entera al fijarme en cómo los músculos de los brazos se le marcan de forma exagerada cuando los cruza sobre el pecho.

Me obligo a tragar pensamientos inapropiados y saliva en el momento en que me doy cuenta de que he sido cero disimulada mientras me comía con los ojos al helsing.

El muy cretino muestra una de esas sonrisas torcidas que sabe que me ruborizan sin remedio y, encima, culmina la exhibición guiñándome un ojo.

Carraspeo y desvío la mirada hacia mi prima, notando cómo el color rojo tiñe mis mejillas. Espero que Claudia no se percate de ello, porque entonces sí que nos va a someter a un tercer grado.

El silencio solo se rompe por el tintineo de las copas que mi prima y mejor amiga deja sobre la barra de mármol de su recién estrenada cocina.

También por la risita exasperante de Xander.

Estoy más que tentada de lanzarle a la cabeza la copa que me ofrece Claudia, pero la cristalería no es mía, y sería de mala educación mancharle los muebles blancos de sangre y dejarle el suelo lleno de cristales.

—Está bien, parejita... —¿«Parejita»? Voy a matarla. Claudia sonríe sin mirarme, lo que me deja claro que lo que busca es chinchar, y nos sirve vino sin preguntar siquiera si nos apetece o, en el caso de Xander, si le gusta o no. Supongo que ahora mismo se la trae al pairo—. Contadme.

Suelto despacio el aire que, sin darme cuenta, retenía en los pulmones y busco con la mirada al soldado en la puerta. No entiendo muy bien por qué, pero ahora mismo me alegro muchísimo de que no se haya ido: necesito que esté a mi lado.

Xander parece leerme la mente y abandona toda chulería para sonreírme con complicidad y, simplemente, asentir.

No necesito nada más.

Ignoro la sonrisa que trepa por mis labios y comienzo a hablar.

—¿Recuerdas el deseo que pedí la noche en que me rescataste? Cuando estuve a punto de cometer la atrocidad de volver con Ryan.

Claudia tuerce sus labios fruncidos y mira al techo mientras recoge su lisa melena negra en una coleta mal hecha.

—Recuerdo la noche. Pero no me acuerdo del deseo que pedí yo, como para acordarme del tuyo...

—Vale... —Oigo que dice Xander desde su posición—. Estoy confuso, creí que ibas a hablarle de..., ya sabes.

—Sí, ya sé —le contesto un poco borde—, pero déjame empezar la historia desde aquí. El deseo que pedí es importante.

—¿En serio?

—En serio. Por culpa de ese deseo, mi vida se ha convertido en un auténtico caos.