Duro como piedra POPPY #2
78%

POPPY #2

En un movimiento rápido, me levanta en vilo.

Envuelvo las piernas alrededor de su cintura mientras me lleva a la cama, sin dejar de besarnos.

Mi espalda golpea el colchón y Axel me sigue, cubriendo mi cuerpo con el suyo.

Su peso sobre mí se siente bien, como volver a casa después de haber estado perdida tanto tiempo.

—No tienes ni idea de cuánto deseo esto —susurra con voz ronca mientras sus pulgares callosos rozan mis pezones, enviándome descargas de electricidad directas al centro de mi cuerpo.

Gimo y me arqueo hacia él mientras aparta la copa de mi sujetador y su boca reemplaza sus manos, la lengua girando y los dientes rozando hasta que me convierto en un amasijo tembloroso bajo él.

—Axel...

Su nombre es un cántico que no puedo dejar de repetir mientras sus manos bajan más y desabrochan el botón de mis pantalones. Baja la cremallera lentamente, provocándome, antes de enganchar los dedos en la cinturilla y deslizarlos por mis caderas junto con las bragas.

El aire fresco golpea mi piel acalorada y me estremezco, pero no es por el frío. Es por la intensidad en los ojos de Axel mientras se sienta sobre sus talones y simplemente me mira, tendida ante él, con solo el sujetador puesto.

—Dios, mírate —dice con voz ronca mientras sus manos se deslizan por mis muslos—. Tan jodidamente perfecta. Tan lista para ser mía.

Me sonrojo bajo su mirada ardiente, luchando contra el impulso de taparme. Pero no hay lugar para la timidez, no con la forma en que me devora con los ojos como un hombre muerto de sed.

—Todavía llevas demasiada ropa —logro decir mientras alcanzo su cinturón. Él me deja desabrocharlo, me ayuda a bajarle los vaqueros por las caderas. Y entonces él también está desnudo, y es mi turno de mirar porque este hombre... es una obra de arte. Todo músculo duro y tinta. Para comérselo.

Se acomoda entre mis muslos y jadeo al primer roce de su polla contra mi centro. La siento dura y gruesa, y lo quiero dentro de mí más que nada en el mundo.

—Por favor, Axel... —No me da vergüenza suplicar. No cuando se trata de él.

—¿Es esto lo que necesitas, buscalíos? —Su voz es un ronroneo pecaminoso en mi oído mientras me provoca deslizando su miembro por mi hendidura, con el borde de su glande rozando mi clítoris—. ¿Mi polla bien hundida en este dulce coñito?

—¡Sí! —Alzo las caderas, instándolo a entrar en mí, pero sus manos atrapan las mías y las inmovilizan por encima de mi cabeza.

—Paciencia, buscalíos. —Su boca desciende por mi cuello hasta mi clavícula—. Tenemos toda la noche.

—No sé si puedo esperar tanto —me quejo mientras él se ríe suavemente contra mi piel.

—Puedes y lo harás, porque voy a tomarme mi tiempo hasta convertirte en una puta para mi polla. Llevo demasiado tiempo imaginándote reducida a gemidos y súplicas como para apresurarme ahora.

Sus palabras hacen que el deseo me recorra el cuerpo y se acumule en mi centro.

Suelta mis muñecas, pero las mantengo por encima de mi cabeza; las ganas de estar a su merced me queman las venas.

Se toma su tiempo bajando a besos hasta que está justo donde más lo necesito.

—Axel —jadeo cuando pasa su lengua sobre mi clítoris y me hace arquearme fuera de la cama.

—Oh, cuánto echaba esto de menos —murmura antes de sumergirse con delicioso entusiasmo, lamiendo, chupando y mordisqueando hasta dejarme hecha un desastre gimoteante y tembloroso.

—Axel, yo... —Mis palabras se convierten en un gemido cuando desliza dos dedos dentro de mí mientras su pulgar traza círculos alrededor de mi clítoris.

—Lo sé, cariño —ronronea contra la piel sensible de la cara interna de mi muslo—. Joder que lo sé.

Y dios, vaya que sí. Dedos y lengua y labios, es demasiado pero no suficiente. —Axel, no puedo... ¡Axel!

—Córrete para mí, buscalíos —gruñe antes de atrapar mi clítoris con la boca y succionarlo.

Eso es todo lo que hace falta. Me desintegro, mi cuerpo se convulsiona alrededor de sus dedos mientras un orgasmo como ninguno que haya sentido antes me atraviesa.

—Oh, joder —jadeo con las manos aferradas a su pelo mientras grito y me restriego contra su cara, y él sigue lamiendo y chupando y manteniéndome en las nubes—. ¡Axxxeeeeeeeelllllll!

Sigue trabajándome durante el orgasmo mientras su lengua se suaviza a medida que las réplicas disminuyen. Cuando por fin me desplomo contra el colchón, sin fuerzas y saciada, empieza a subir a besos por mi cuerpo.

—Joder, qué bien sabes —murmura—. Podría pasarme toda la noche entre estos muslos.

Me estremezco ante sus palabras; el deseo ya vuelve a crecer a pesar de lo fuerte que acabo de correrme. —Bien —logro decir mientras tiro de sus hombros—. Porque ahora mismo te necesito dentro de mí.

Axel gruñe, con los ojos casi negros de deseo mientras se acomoda entre mis muslos. —Yo también lo necesito, buscalíos. Necesito sentir el calor sedoso de tu coño apretándose a mi alrededor.

—¡Oh, dios! Sí —gimo, desesperada por exactamente eso—. Ahora deja de decir guarradas y fóllame.

Su risa retumba en su pecho. —Qué exigente.

—Pero se coloca en posición, con la gruesa cabeza de su polla presionando contra mi entrada.

Jadeo cuando empuja lentamente, centímetro a delicioso centímetro, estirándome de la manera más exquisita.

Cuando está completamente dentro, ambos gemimos ante la sensación.

—Dios, Poppy. —Su voz suena tensa, con los músculos temblándole por el esfuerzo de quedarse quieto—. Se siente increíble.

Lo aprieto a modo de prueba y él sisea entre dientes. —No te muevas —dice con la mandíbula apretada—. O esto va a acabar vergonzosamente rápido.

No puedo evitar sonreírle con suficiencia. —¿Qué pasa, Capitán de Ruta? ¿Tienes miedo de no recuperarte lo bastante rápido para seguirme el ritmo? —Acompaño la provocación con un movimiento de caderas.

Su gruñido me vibra por dentro mientras me clava los dedos en las caderas. —Oh, ¿así que esas tenemos? —Se retira casi del todo antes de volver a embestir, dejándome sin aliento—. ¿Lo quieres duro y rápido, buscalíos? ¿Quieres que te folle hasta sacarte esa actitud descarada?

—Sí —jadeo, arqueándome para recibir su siguiente embestida—. Dámelo, Axel. Puedo aguantarlo.

Sus ojos brillan con necesidad salvaje. —Joder, te quiero. —Y entonces empieza a moverse, embistiéndome con una fuerza que sacude la cama. El estiramiento y el ardor mientras me llena una y otra vez son magníficos, y le respondo embestida por embestida, instándolo a ir más profundo, más fuerte.

—Eso es, nena —jadea contra mi cuello—. Toma mi polla. Este dulce coño está hecho para mí, joder.

Solo puedo gemir en respuesta, demasiado perdida en la sensación de sentirlo moverse dentro de mí, golpeando ese punto que me hace ver las estrellas con cada golpe de sus caderas.

Su piel resbala de sudor contra la mía, y los sonidos de nuestros cuerpos unidos son lo único que penetra la neblina de placer.

—¡Oh, joder! ¡Joder, joder, joder! —maldice mientras me embiste sin parar—. ¿Es esto lo que querías, buscalíos? ¿Es esto por lo que viniste?

—¡Axel! Sí —gimoteo—. Sí, sí, dios, ¡sí! —Le rodeo la cintura con las piernas, instándolo a continuar mientras su polla frota mi punto G con maestría y me lanza de nuevo hacia el precipicio.