Dulces tentaciones en la Finca Monte Rosso (Amor en Italia 4) Capítulo 18 #2
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Capítulo 18 #2

—Sí, ¡pero no puedo casarme con ella! No estaría bien… ¡a nuestra edad! Y uno solo se casa una vez en la vida. Ella sabe que así es como yo lo veo.

Giampaolo tenía un aspecto tan lastimero que Cecilia no sabía si darle un abrazo o una grappa .

Suspiró y volvió a erguirse. —Giampaolo, escúcheme.

Se está dejando llevar. Créame, sé de lo que hablo.

Yo me dejo llevar constantemente. Y siempre termino ahí plantada como una idiota, completamente sola y en un lugar totalmente distinto del que había imaginado. ¿Entiende adónde quiero llegar?

—¿No tienen esos teléfonos móviles que usáis todos unas cosas para orientarse?

Cecilia puso los ojos en blanco y cruzó los brazos sobre el pecho.

—Sí, sí, de acuerdo, sé qué está intentando decirme —admitió él.

—¿Por qué no hablas con Flora sin más? En algún momento habréis hablado del futuro.

—¡Por el amor de Dios! —replicó Giampaolo, indignado, como si lo que Cecilia acababa de sugerir fuera algo del todo inconcebible—. Nosotros no somos precisamente de la generación de «¿quieres salir conmigo?», Signorina .

—No me refería exactamente a eso.

—Antes todo era mucho más sencillo. Pero ahora soy viejo. Y yo... no sé qué es lo correcto. Es difícil, ¿entiendes? Me pone muy nervioso. Sé cómo cortejar a una dama, y eso hago, pero hemos llegado a un punto en el que... ¡Ay, yo qué sé! ¡Soy demasiado viejo para estas cosas!

—Te entiendo, de verdad. Pero ya sabes lo que dicen.

— No. ¿Qué dicen?

Cecilia sonrió. —La comunicación es la clave de una relación satisfactoria. Y eso se aplica a cualquier edad. Ahora deja de decir tonterías, cógeme del brazo y ve a desayunar con tu novia.

—¡Flora no es mi novia! —se sulfuró Giampaolo, aunque, pese a todo, la cogió del brazo y dejó que lo acompañara hasta la Piazza .

Cecilia tampoco tenía muy claro cómo había acabado en aquella situación, pero diez minutos después estaba sentada con Flora y Giampaolo en una especie de cita a tres.

Flora había insistido y Giampaolo había asentido con entusiasmo, así que a Cecilia le había resultado imposible negarse.

Notaba la mirada apremiante de Giampaolo clavada en ella, como si esperase que ejerciera de moderadora.

Entretanto, Flora charlaba animadamente con Letizia, admirando la chaqueta de Cecilia y la decoración de las mesas de la pequeña Osteria .

Justo cuando Flora miró hacia la derecha para que Letizia le enseñara algo, Giampaolo hizo un gesto apresurado en dirección a Cecilia.

—¿Qué? —le siseó ella desde el otro lado de la mesa.

Él señaló a Flora y volvió a bajar el brazo rápidamente cuando ella se giró de nuevo hacia la mesa. —¿Qué te parece, Gianni? —preguntó—. ¿Nos damos hoy el capricho de tomar un desayuno más abundante? Nos espera un viaje largo. No queremos que te vuelva a bajar el azúcar.

—Me encantaría, querida. Letizia, ¿qué puedes ofrecernos que sea abundante?

Letizia les sonrió. —Dejad que sea una sorpresa. ¿Y tú , cara ? ¿Qué te traigo?

—Un Caffè , gracias.

—¿Nada más? ¿Un Cornetto , quizá?

—No, gracias, yo...

—Te traeré un Cornetto —la interrumpió Letizia, desapareciendo antes de que Cecilia pudiera seguir protestando.

Cecilia negó con la cabeza. —Ni recorriendo todas las rutas de senderismo de la Toscana lograría quemar las calorías que estoy consumiendo aquí —murmuró.

—De todos modos, estás demasiado delgada, cara —dijo Flora, dándole unas palmaditas en la mano.

Una vez más, la mirada apremiante de Giampaolo se clavó en Cecilia, y ella le hizo un gesto afirmativo. —Así que, Flora, he oído que hoy te llevas a Giampaolo a Florencia.

—¡Sí! Necesitamos salir un poco. Hemos pasado las últimas semanas prácticamente encerrados. Bueno, el invierno en la Toscana es un poco duro para nuestra edad. ¿Verdad, Giampaolo?

—Mmm.

—Pero hay chimenea en el hotel, y también en casa de Giampaolo. ¡Hemos leído muchísimo!

—Qué maravilla. Y... ¿no has venido al pueblo con Giampaolo? —preguntó Cecilia con inocencia, teniendo que contener una sonrisa cuando Giampaolo asintió con entusiasmo.

— No , tenía una cita.

—¿Tan temprano? —preguntó Cecilia.

Flora dio unos golpecitos en su reloj de oro. —Son casi las ocho y media, cara . Y, además... Chi dorme non piglia pesci , como siempre decía mi Nonna . Quien duerme no pesca peces, ¿ sì ?

—¿Ah, sí? ¿Y qué pez querías pescar hoy?

—Al Signor Maletose —respondió Flora con aire conspirador.

Cecilia la miró con curiosidad.

—Es organizador de eventos —explicó Flora.

—Creía que era agente inmobiliario... —replicó Cecilia de forma casi automática, mirando a Giampaolo. Flora también dirigió entonces una mirada inquisitiva a Giampaolo.

¡Vaya!

Flora volvió a mirarla. —¿Lo conoces?

—Esto... Mmm.

—Sí, por supuesto, también es agente inmobiliario —confirmó Flora—. Pero posee varias propiedades aquí que alquila y, además, ofrece servicios de organización de eventos y fiestas. Él y su esposa Geraldina. Una pareja encantadora.

—¿Organización de fiestas? —preguntó Cecilia, que veía por el rabillo del ojo cómo Giampaolo palidecía cada vez más—. ¿Te refieres a... organizar bodas o algo así?