ARYA
He cargado este anillo en mi bolsillo durante meses, sintiendo su peso como un recordatorio constante de la promesa que quería hacerle.
He esperado el momento indicado, buscando una perfección que parecía inalcanzable, hasta ahora. No existe nada más perfecto que este silencio compartido, roto solo por los suaves quejidos de la vida que acabamos de traer al mundo.
Finalmente, sostengo a Emma. Es una visión que me deja sin aliento. Es perfecta: tiene la melena oscura y tupida, la piel de porcelana y esas mejillas regordetas que me recuerdan tanto a su madre. Sonrío para mis adentros, sintiendo una calidez desconocida en el pecho.
La habitación está inundada del aroma a flores frescas, pero el momento exige una entrega total. Me arrodillo ante la cama, ignorando el protocolo médico, y el tiempo se detiene cuando sus ojos verdes conectan con la caja de terciopelo que sostengo con firmeza.
—¡Liam! ¿Qué estás haciendo? —jadea, llevándose la mano libre a la boca, con los ojos brillando de emoción.
—Desde el primer día que te vi, supe que caería en picada por ti, Arya.
—Empiezo—.Cometí errores atroces; fui posesivo, oscuro y te hice llorar más de lo que merecías.
Pero te juro que, si me aceptas, dedicaré cada respiro a compensarlo.
Viviré para complacerte, para amarte y para hacerte brillar como la reina que eres.
No puedo imaginar un solo día más sin llamarte esposa. Por favor, acepta casarte conmigo.
—¡Sí, Liam! ¡Mil veces sí! —chilla, entre lágrimas de felicidad pura—. Lo quiero todo contigo. Solo contigo.
Mi respiración se estabiliza cuando deslizo el anillo corte princesa en su dedo, y el diamante brilla bajo las luces blancas del hospital. Arya lo mira como si fuera el tesoro más grande del universo, sollozando sobre la cabecita de Emma.
—Creí que nunca me lo pedirías —susurra contra mi oído cuando me acerco a besarla. Me río un poco por su reclamo.
Podré olvidar muchas cosas en mi vida. Y dejar atrás muchas otras. Pero esto… a ella… a nosotros… Jamás.
—Dulzura, cada momento contigo ha sido un verdadero regalo, pero este... este es el inicio oficial de nuestra verdadera historia juntos .
ARYA
Todo lo que siguió fue un torbellino de amor y decisiones rápidas.
Apenas recibimos el alta del hospital, nos mudamos a la imponente casa familiar de los Blake.
Liam fue claro desde el principio: quería que Emma creciera con espacio, en un lugar que dejara de ser un museo de recuerdos tristes para convertirse en un hogar lleno de risas y nuevas memorias.
—Arya, por favor, comparte este hogar conmigo. Escribamos nuestra propia historia aquí y devolvámosle la alegría a estas paredes que tanto han sufrido —me pide con una vulnerabilidad que me desarma al cruzar la puerta de este lugar por segunda vez en mi vida.
Para mí, habitar en su pasado para construir nuestro presente es el honor más grande. Aquí es donde nos haremos viejos. Y lo recibo con una sonrisa.
Las semanas vuelan entre pañales y besos robados. Liam, con esa impaciencia posesiva que lo caracteriza, organiza cada detalle para que la boda sea lo antes posible.
Y aquí estoy, caminando por un sendero cubierto de pétalos rojos en el jardín de nuestro hogar, luciendo un vestido blanco de hombros descubiertos que me hace sentir como la protagonista de un cuento de hadas en el que finalmente se quedó con su villano reformado.
Liam me espera al final del camino, imponente y peligrosamente guapo en su traje oscuro, sosteniendo a Emma en sus brazos. Nuestra pequeña lleva un minivestido a juego con el mío, pareciendo una muñeca de porcelana.
Al llegar a su lado, él besa la frente de la bebé con una ternura que me debilita las piernas antes de entregársela a Aron y Susan, nuestros padrinos y cómplices de vida.
—Eres tan hermosa... no me canso de verte —me susurra con esa voz ronca que siempre logra estremecerme.
El juez de paz comienza su discurso, pero nuestras miradas están perdidas la una en la otra, diciendo mucho más de lo que cualquier palabra legal podría expresar.
—Acepto —dice él, con una urgencia que me quema y me marca.
—Acepto —respondo yo, con el corazón latiendo con fuerza en mi garganta.
No esperamos a que nos declaren marido y mujer de forma oficial. Liam me toma de la nuca con esa posesividad que tanto amo y me reclama con un beso ardiente, sellando un pacto que va mucho más allá de los papeles o los anillos.
Un felices para siempre se queda corto para describir lo que sentimos.
***
Tres días después, nos encontramos en un jet privado rumbo a nuestra luna de miel. Aron consiguió el vuelo —preferimos no preguntar los métodos— y finalmente estamos a solas, lejos de las responsabilidades y del mundo.
—¿Cómo es posible que seas más dulce de lo que recuerdo, bebé? —gruñe Liam, entregado al placer entre mis piernas.
No puedo responder con palabras; el placer es demasiado intenso, una ola que amenaza con ahogarme. Me vengo gritando su nombre mientras él se cierne sobre mí, devorando mis labios con un hambre insaciable.
Me hace montarlo, disfrutando de mi peso y de mi entrega total. He perdido toda la vergüenza ante él; sus ojos de adoración absoluta me han hecho sentir la mujer más poderosa y deseada del mundo .
Mientras cabalgo sobre su cuerpo, noto de nuevo unas marcas rojas, casi como cicatrices recientes, en su pecho.
Ya las había visto, pero sin prestar la atención suficiente, pero ahora hay unas marcas nuevas alrededor de su brazo.
Paso mis uñas por ellas y noto que encajan perfectamente con mi rastro.
—¿Tú... hiciste esto? ¿Te tatuaste mis rasguños? —pregunto jadeando, con el corazón en un puño.
—Son los rasguños de la primera vez que te hice mía, y de la noche en que nació Emma —admite con una risa oscura que vibra en mi interior—. Las quería permanentes, Arya. Quería llevar tu marca en mi piel para siempre, para que el mundo sepa a quién pertenezco.
No puedo procesar lo que acaba de decir sin sentir que me va a explotar el corazón, porque sentir la clase de amor que Liam me tiene no se compara con nada.
Me hundo en él, sintiendo cómo llega a lo más profundo de mi ser. Me viene otro orgasmo con una fuerza que me hace ver estrellas, y él me sigue inmediatamente, llenándome con su calor y su promesa silenciosa de lealtad eterna.
—Estás loco, esposo mío —susurro contra su cuello cuando el mundo finalmente vuelve a la calma y nuestras respiraciones se estabilizan.
—Loco por ti, Arya. Lo supe desde el primer día, desde que puse mis ojos en ti y fuiste una sorpresa para la que no estaba preparado.
—Te amo, Liam.
—Te amo. En esta vida y en todas las que sigan.
Haremos que así sea.