ARYA
Y aunque intento convencerme de que es solo una paranoia mía, producto de mi posesividad, confirmo que no lo es en cuanto Aron entra a mi oficina.
Esa mirada que me da y no llega a mis ojos me dice que él sabe algo que yo no.
No me caracterizo por ser un hombre violento, pero en este momento quiero partirle la cara.
—Empieza a hablar antes de que te saque la información a golpes. —Mis puños golpean la madera del escritorio; mis nudillos están blancos por la presión.
No puede abrir la boca antes de que su teléfono suene dentro de su bolsillo. Al ver quién lo llama, sus ojos se abren y me mira con un destello de pánico. Lo sé. Algo malo está pasando.
—Pon el puto altavoz —le exijo. Vacila un segundo eterno, pero termina cediendo.
—Hola —responde Aron, fingiendo una calma inexistente.
—Aron, necesitamos ayuda. —Es la voz de Susan—. Encontramos al padre de Arya inconsciente en un bar. La ambulancia se lo está llevando... pero hay otro problema: Carter también está aquí.
—¿Le puso una mano encima a mi mujer? —Rujo tan fuerte que las ventanas del piso al techo vibran.
—¿Liam? —Susan suelta un ruido estrangulado del otro lado—. Yo... lo siento. Ella insistió, yo tenía que apoyarla.
—¿Le puso una mano encima? —Pregunto de nuevo, rozando el límite de mi cordura.
—No, no lo hizo. Estaba ahogado de borracho y llamamos a la policía.
—¿Dónde está Arya? —gruño. Cuando hable con ella... me va a escuchar.
—Se fue en la ambulancia con su papá. Por favor, Liam, escúchala...
—¿A qué hospital? —La interrumpe Aron.
Memorizo la dirección y ya estoy tomando las llaves del Mercedes. Mi mentirosa mujer. Le di todo: cada antojo, cada petición en contra de mi juicio; la dejé volver a BLAKE para no asfixiarla, y me mintió. Vino hoy solo para engañarme, para buscar a escondidas a su maldito y alcohólico padre.
«A quien ya perdonaste».
Y justo por eso me duele. No tenía que ocultármelo, si me lo hubiera pedido la hubiera llevado a verlo yo mismo. Bueno, la hubiera esperado cerca, pero mierda... Mis manos tiemblan tanto que casi rompo el volante mientras manejo hacia el hospital.
Esto ya se está volviendo una maldita costumbre entre nosotros. Llego en cuestión de minutos. No veo a Arya, pero sí a su cómplice. Susan agacha la cabeza en cuanto me ve.
—¿Dónde está? —gruño.
—Liam, cálmate, Arya está bien. No me separé de ella. —Empieza a soltar justificaciones con las manos al nivel de mi pecho, como si eso fuera suficiente para detenerme.
—¿Y cómo se supone que eso me consuele? —Si no fuera una maldita mujer... Si no fuera el interés de mi mejor amigo .
—Oye, ella es mi mejor amiga y confió en mí. No es mi problema que no te lo haya querido decir. —Eso sí que duele.
Tiene razón. Arya no confía en mí. Después de todo, después de malditamente todo lo que dejé y empecé a hacer solo por ella... No soy malditamente suficiente.
Levanto la vista y veo a la madre de mi hijo caminar hacia nosotros, abrazándose a sí misma con la cabeza gacha. Levanta la mirada y sus ojos se encuentran con los míos. De la misma manera en que la amo... me duele cada parte de mi alma por su engaño.
Hay arrepentimiento en su rostro, pero ¿qué más esperaba de mí? Le entregué mi vida, mi alma, para que hiciera lo que quisiera, y decidió pisotearla.
—Liam —susurra, extendiendo una mano para tocarme.
Doy un paso atrás antes del contacto. Su mano acaricia el vacío. Se me rompe el corazón al ver su expresión, pero quizá solo sea buena actuando; lo ha hecho todo el día.
Nada me ha dolido como me duele esto. Ni la muerte misma se compara con lo que ella me hace. Me aclaro la garganta. Mis manos bajan a cada uno de mis bolsillos. Necesito alejar estas ganas de tocarla, de echarla sobre mi hombro y llevarla a un lugar donde no pueda escapar de mí. No lo hare.
—Ahora sé que estás bien. No tengo otra razón para seguir en un lugar donde no he sido requerido. —Me las arreglo para que mi voz salga dura y no rota.
—Liam... —suplica. No es suficiente.
Ya no soy su amor. Si no salgo de aquí, diré algo de lo que no habrá retorno. Niego con la cabeza, le doy una última mirada a Susan y me doy media vuelta. Escucho un jadeo entrecortado a mi espalda, pero no puedo afrontarlo.
En el estacionamiento encuentro al otro traidor .
—Lleva a Arya a casa cuando termine con su padre —le pido a Aron sin mirarlo—. Y encierra a ese maldito ex novio. Es la segunda vez que ignora la orden.
—Ya estoy en eso, no te preocupes... ¿A dónde vas? —Sonrío amargamente.
—Solo haz lo que te digo. Me lo debes.
Desaparezco. Acelero por las calles de Los Ángeles, pero sin el rugido de mi deportivo no puedo olvidar. El sol se oculta y la luna ilumina la ciudad mientras doy vueltas sin rumbo.
¿A dónde va uno para curar un dolor del corazón?
No me doy cuenta de a dónde me llevan mis pies hasta que estoy frente a la puerta de la casa de mis padres. Solo para darme cuenta de que incluso ahora, este lugar me recuerda a ella.
ARYA
—¿Por qué lo llamaste? —Le reclamo a Susan con el alma sangrando.
Ver cómo Liam se marcha sin dedicarme más que una mirada helada, fue peor que encontrar a mi padre en ese estado.
Nunca había visto tanto dolor en unos ojos como en los suyos; ni siquiera me dejó tocarlo. Era la mirada de la traición, la mía.
—No lo hice. Llamé a Aron, pero Liam contestó. Tuve que decirle la verdad. —Sus palabras salen aceleradas y llenas de miedo.
—¿Toda la verdad? —Me llevo una mano al estómago. Siento náuseas de pronto.
—Sabe que encontraste a tu papá en una cantina y que llamaste a la ambulancia. —Me explica con palabras torpes.
Mierda. Liam piensa que todo fue una mentira calculada. Quiero correr tras él, pero no puedo dejar a mi padre así. Mi corazón está dividido.
Aron entra a la sala poco después, me da un abrazo que no me consuela en absoluto. Maldita sea, no sé qué hacer.
—Arya, no puedes quedarte aquí. Tienes que volver al departamento y descansar —me dice con amabilidad. No menciona a Liam en lo absoluto y no me atrevo a preguntar por él—. Es tu primera salida y ya estás en un grave problema.
—Dios, mi cabeza... —Me quejo.
—Yo me encargo desde aquí, Arya. —Promete Susan—. Te avisaré en cuanto me den el informe médico. Ve a casa, por favor.
Solo puedo asentir, la verdad es que las ganas de volver con Liam, están superando la necesidad de saber si mi padre estará bien.
El camino al departamento es un silencio pesado. ¿Cómo puedo explicarle a Liam que lo hice por él? Que quería que su perdón tuviera un cierre real. Ese es mi único pensamiento hasta que Aron apaga el motor en el estacionamiento.
—Tal vez necesites esto. —Me extiende una tarjeta de acceso.
Esa es la primera señal, pero estaba demasiado agotada para verla. Subo por el elevador y cuando uso la tarjeta de antes para poder entrar, todo está envuelto en oscuridad.
Han pasado horas; ingenuamente creí que Liam estaría esperándome. Me ducho y preparo algo para cenar, esperando escuchar el sonido de la puerta en cualquier momento. Nunca llega. No me atrevo a llamarlo; no sabría qué decirle.
A las nueve de la noche me meto en la cama. Mi padre ya no ocupa mis pensamientos; solo me pregunto dónde estará Liam. Me duermo esperando que, al despertar, sus manos rodeen mi cintura como cada noche.
No pasa. La luz del nuevo día me despierta para confirmarme que Liam no llegó a dormir... Se siente peor que morir.