28 ARYA
Despierto del trance con el aroma penetrante a licor golpeando mis fosas nasales. Mis ojos fijos en el techo de la casa que fue mi hogar por toda mi infancia, se sienten como haber entrado a otra dimensión. Una de terror.
—Arya, despierta... ¡No me asustes, hija! —La voz de mi padre suena lejana, distorsionada. Como el eco de un sueño, ojalá todo sea un maldito sueño.
Parpadeo lentamente, mientras dejo que todo regrese. La figura de mi padre se materializa delante de mí. Desenfocada, borrosa. Sostiene la misma botella que lo ha estado acompañando toda la noche.
—¿Papá? Qué... —Intento hablar, pero las palabras me saben a cenizas.
—No te esfuerces, hija, por favor. —Su mano en mi espalda me estabiliza, hasta que termino sentada en el sofá de la sala—. No pude sostenerte. Cerraste los ojos y simplemente te desmoronaste.
«Pero que tal esa botella que no ha soltado»
Sacudo la cabeza, tratando de ordenar todo el caos en mi cabeza. Liam, sus padres muertos, mi padre sabiendo eso… Venganza; las piezas encajan, todas y cada una de ellas de una manera monstruosa.
—Si de verdad te importo un poco, papá, —No sé de dónde saco la fuerza para hablar, solo sé que necesito darle sentido a todo esto antes de que me vuelva loca—, vas a contarme todo, quiero saberlo todo.
.. —Mis palabras salen duras, pero llenas de necesidad.
Mis puños se cierran con una fuerza que me hace doler los nudillos.
Mi corazón late de forma errática, como un animal atrapado.
Creo que eso es lo que soy, porque no encuentro como escapar de aquí.
—No quiero mentirte. —Me asegura con voz quebrada—. No creo que pueda seguir haciéndolo. Pero necesito que tú me prometas que nunca más volverás a acercarte a ese hombre.
¿Prometerlo? ¿Cómo se promete dejar de respirar?
Asiento con la cabeza, consciente de que quizá estoy entregando una mentira. Porque un mundo donde no exista Liam no es un mundo en el que yo exista, para bien o para mal, destino o venganza, ese hombre me ha marcado para siempre.
Mi padre suelta un suspiro pesado y se arrodilla frente a mí, perdiendo toda su estatura de hombre exitoso.
—Hace diez años, cuando iniciaba con la inmobiliaria... tú eras casi una adolescente.
—Lo recuerdo —lo interrumpo. Él asiente lentamente.
—Yo era inexperto. Me quería comer el mundo, era la primera vez que me aceptaban en un proyecto tan grande.
—Hace una pausa, su mirada se pierde en algún punto doloroso del pasado—.
Acepté un edificio como pago de otro contrato.
Me dejé llevar por el margen de ganancias y no hice las inspecciones necesarias.
No quería perder esa oportunidad. Entonces apareció ese hombre, Parker. ..
¿Parker? Pero Liam es un Blake.
Mi padre lee la duda en mis ojos.
—Tiempo después supe que el apellido de soltera de la señora era Blake —aclara. Siento que la última pizca de esperanza que me queda muere en ese instante.
—Está bien, papá. Les vendiste un edificio defectuoso... pero ¿Qué pasó después? —Mi voz tiembla. Hay demasiados huecos, demasiada sombra en su relato .
—Lo que tienes que saber es que te amo por sobre todas las cosas. Que tú y tu madre fueron mi única prioridad. —Sus palabras no ayudan. Al contrario, nace un dolor en el centro de mi pecho que no se compara con nada que haya sentido antes.
—¡Papá, por favor! —suplico tomando sus manos entre las mías, intentando desesperadamente encontrar algo de luz—. ¿Qué fue lo que pasó?
—El señor Parker solicitó una inspección de última hora —dice con un rastro de coraje, como si el padre de Liam hubiera cometido un pecado por querer hacer lo correcto antes de comprar un edificio—.
Yo no podía permitir que lo hiciera, Arya.
Me iban a demandar por fraude, me iban a quitar todo. .. fue un accidente.
La bomba explota en mis oídos, en mi pecho, en todo mi cuerpo.
El zumbido es tan fuerte que dejo de escuchar el resto.
La sangre me bombea en las sienes con una violencia que amenaza con devolverme a la oscuridad.
Me levanto de un salto, poniendo distancia entre nosotros.
Necesito aire. Necesito que esto no sea real.
—¿Cómo murieron los padres de Liam, papá? —le pregunto, cada palabra raspa como un cristal roto en mi garganta. Pero Necesito oírlo de sus labios.
—Caminaban por el lugar... hablando, proyectando sus planes en el edificio en construcción. —Agacha la cabeza, incapaz de sostenerme la mirada—. Tienes que entenderlo... eran ellos o nosotros. Sus vidas o nuestro futuro.
Sus palabras son como lija, desgarrando mi piel y quemándolo todo a su paso. Mi frente se siente fría. La imagen mental de esas personas inocentes… Mi padre haciendo que ellos… que ellos...
—¿Sabías que tenían un hijo? —pregunto, dejando caer mis brazos a cada lado de mi cuerpo, ya sin fuerzas.
—Era mayor. Se quedaría con el dinero. No lo pensé... solo vi la oportunidad y.. .
—¿Cómo los mataste? —El grito sale con rabia, desde lo más profundo de mi pecho. No puedo creerlo. No puede estar pasándome esto a mí.
—¿Cómo qué? —Se queda helado en su lugar. No entiendo de que otra manera quiere que lo pregunte si eso es exactamente lo que hizo.
—¿Cómo los mataste, papá? —Mi padre ahoga un grito de agonía. Él lo hizo. Mi héroe es un asesino.
—Yo... no puedo, hija. Por favor... —Se acerca a mí con el rostro desfigurado por la angustia. Sus ojos están inyectados en sangre. Solo puedo retroceder.
—Dímelo —suplico entre lágrimas. Todo mi cuerpo tiembla.
—Cayeron del octavo piso... del área de la que habían solicitado la inspección —Lo dice y cae de rodillas, sollozando—. Lo he pagado... lo he pagado cada día, Arya. Tu madre...
No puedo sentir lástima por este hombre. No puedo entender sus motivos. Nada podrá justificar el daño que nos ha hecho.
—¡No metas a mi madre en esta mierda! —grito. Mi voz suena extraña, fría—. ¿Cómo te atreves a decir que su muerte fue tu castigo? —Mis pies no pueden sostenerme por mucho tiempo más.
—Nunca he vuelto a dormir en paz, Arya. Sus rostros me atormentan. Lo hice por ti. —Doy otro paso hacia atrás, asqueada. No puedo estar respirando el mismo aire que un asesino.
—Lo hiciste por ti, papá. Por nadie más. —Como puedo, y sin recordar mucho del trayecto, camino hacia la cocina para recoger mi bolso—. No hemos terminado, pero necesito distancia. Necesito no verte.
—Hija, lo prometiste, no quiero que te haga daño... —Se refiere a Liam.
Un escalofrío me recorre todo el cuerpo al pensar en él. En sus manos, en su boca, en todo lo que compartimos mientras él planeaba destruir al hombre que acababa de confesarme un doble asesinato. No solo los mató a ellos, también me ha matado a mí.
Me detengo con la mano en la manija.
—¿Cómo sabes que Liam busca venganza? —pregunto con lo último de fuerza que me queda.
—Hoy... una mujer vino a mi oficina. Dijo que era la secretaria de... de Liam. Que tenía información sobre ti y ese tipo.
—¿Bonnie? —La imagen de ella, de sus celos, de Liam prometiendo que la despediría... Todo cobra un sentido retorcido. Liam sabía exactamente quién era yo desde el primer día. Mi salvador, mi más grande deseo... siempre fue mi verdugo.
—Adiós, papá —susurro y cierro la puerta detrás de mí, dejando su confesión dentro de esa casa, dejando mi realidad en donde sea que no pueda alcanzarme.
No me detengo hasta llegar a mi departamento. No paro hasta caer de rodillas en el baño y vomitar todo el contenido de mi estómago, hasta que solo queda bilis y amargura. La ducha que tomo después no puede quitarme la sensación de suciedad. No puede hacer nada por borrar que mi padre es un asesino.
Mi padre dejó a un Liam joven solo en el mundo. Y todas las reacciones de cuando me llevó a la casa de sus padres toman todo el maldito sentido del mundo. No quería que tocara nada en ese lugar.
Me río en voz alta, una carcajada histérica que sacude todo mi cuerpo, hasta que esa risa se convierte en llanto. Uno que no soy capaz de controlar.
Yo no tengo la culpa de los errores de mi padre, pero ahora estoy igual de sola que él . pienso que el dolor y las lágrimas serán suficientes para vencerme.
Sé que no lo son cuando pasan los días y no he muerto. diez días sin salir de la cama. Sin lavarme el cabello, sin comer más que alguna galleta rancia. Mi teléfono está muerto, igual que mi alma. No quiero saber nada del mundo exterior. Mi corazón está físicamente muerto.
Hace dos días, Susan intentó entrar, pero he bloqueado la puerta por dentro. No puedo ver a nadie.
¿Por qué una vida vale más que la otra?
Mi padre no tenía el derecho de decidir, y ahora yo no tengo fuerzas para seguir. El agua se terminó. La comida también. Quizá hoy sea el día de alcanzar a mi madre.
De pronto, un estruendo rompe el silencio de mi tumba. Intento abrir los ojos, pero mis párpados pesan toneladas. después, viene el sonido de la puerta de mi habitación siendo derribada.
—¡Arya! ¡Por Dios, qué pasó! —La voz de Su es un chillido de terror. Reconozco esa preocupación, pero lo que me llama la atención es el aroma que la acompaña.
—Mierda, mierda, mierda... —Esa otra voz. Ronca, autoritaria, cargada de pánico—. ¡Maldita sea, Arya!
Siento unos brazos fuertes levantándome. Intento luchar, pero mi cuerpo es una cáscara vacía y no me doy cuenta de nada.
—¡Ha perdido demasiado peso! ¿Qué demonios pasó aquí? —ruge Liam. Siento el aire fresco del pasillo en mis mejillas.
—Vas a estar bien, dulce Arya. Te llevaré al hospital. Me dirás quién demonios te hizo esto y entonces podre destruirlo. —Siento cada una de sus palabras, siento cada gramo de su furia. No tengo fuerza ni para reaccionar—. ¡Maldita sea, es mi culpa! No debí tratarte así en el restaurante...
Liam piensa que mi estado es por su desplante. No tiene idea de que la verdad nos ha matado a los dos.
Me hizo enamorarme de él cuando estábamos destinados a ser enemigos.