Dulce No Venganza 20 ARYA
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20 ARYA

Creí que solo había tomado una cerveza con nuestra pizza, así que no puedo culpar al alcohol por la osadía de invitar a Liam a subir a mi departamento. La verdad es más simple y peligrosa: cada segundo a su lado es combustible para un fuego que solo él sabe encender.

—Vamos, dulzura, te haré sentir bien —dice él.

Sé exactamente a qué se refiere. Lejos de detenerme, jadeo por la anticipación. Subimos los tres tramos de escaleras y, al llegar a mi puerta, las piernas me tiemblan tanto que, si no fuera por la mano de Liam presionando mi espalda baja, me habría desplomado allí mismo.

Entramos y lo guío hasta la sala de estar, un espacio que de pronto parece demasiado pequeño para su presencia.

—¿Quieres algo de tomar? —le pregunto, tratando de recuperar la compostura. Él lo medita después de pasar una mirada por mi espacio, se frota la barbilla con esa elegancia innata que lo hace parecer el hombre más sexy del sistema solar.

—¿Qué tal un poco de ese chocolate caliente como el de la otra noche? —Me pide mientras observa mis labios. Sonrío como una idiota. Asiento, sintiendo una calidez en el pecho que me niego a llamar «amor», porque es demasiado pronto para eso, pero segura de que idiotamente, se le parece mucho.

—En seguida vuelvo. Ponte cómodo, por favor. —Señalo el sofá—. Mi casa es tu casa, pon lo que quieras en la televisión.

Me doy la vuelta hacia la cocina, pero su mano atrapa mi muñeca y me atrae de regreso. Choco contra su cuerpo duro y, por instinto, lo rodeo con mis brazos. Liam me estrecha contra él y, por primera vez, en mucho tiempo, los brazos de un hombre no se sienten como una jaula, sino como un refugio.

—Primero quiero un beso, dulce Arya. —Pide. Ya es tan natural para mí besarlo que lo hago como si fuera lo más fácil del mundo. Ademas de que es lo que más me gusta de él… Hasta ahora.

Pego mis labios a los suyos y el beso lanza una descarga eléctrica que me incendia la piel. La lengua de Liam me prueba, me reclama, y me pierdo en la sensación, en su sabor, en su experiencia, y en lo malditamente bien que me hace sentir.

—Ve a ponerte cómoda —susurra contra mis labios—. Has usado esas zapatillas por horas, debes estar cansada. —Tiene razón; me están matando. Asiento con la cabeza.

—No tardo —le aseguro con una sonrisa en los labios. No sé bien como hacer esto. Es la primera vez que meto un chico a mi departamento y la primera vez que estoy tan nerviosa por hacer las cosas bien.

Camino hacia el pasillo y, al llegar a mi habitación, me recargo contra la pared un momento para tranquilizar a mi corazón. Para despejar a mi mente, de las tontas ideas que ha reproducido desde que le dije que sí a Liam.

Tenerlo aquí es demasiado, pero a la vez, es lo único que necesito. He usado su imagen mentalmente cada noche para darme placer, y ahora lo tengo aquí, al hombre de carne y hueso. Y solo con él, mi trauma parece haber desaparecido.

Me quito las zapatillas con alivio y el resto de la ropa desaparece casi igual de rápido. Me quedo solo con mi conjunto rosa de lencería y me detengo frente al espejo.

Por primera vez, me siento digna de dar y recibir placer. También me siento lista para intentarlo. Voy a ponerme algo más de ropa cuando la puerta de mi habitación se abre de golpe .

—Dulzura, estaba buscando el ba... —Liam…

Entra sin avisar y me paralizo de pies a cabeza. Sus ojos se desorbitan mientras recorren mi cuerpo. Siempre he amado mi cuerpo, pero ahora me inunda una vergüenza desconocida.

Liam es el primer hombre que me ve así; ni siquiera Carter me vio desnuda aquella vez... la luz estaba apagada, y yo preferí que así fuera.

Sacudo el recuerdo que no tiene lugar ahora mismo. Liam deja la puerta; en mi siguiente respiro, ya está frente a mí, apartando las manos con las que intento cubrirme.

—¡Liam! —Mi boca está seca. Mis rodillas tiemblan como gelatina. No estoy segura de poder tomar otra respiración.

—Shhh. —Me calla, poniendo su dedo índice sobre mis labios—.

No puedes esconderte, dulce Arya. No de mí.

—Vuelve a escanearme de arriba abajo, y por el reflejo del espejo detrás de mí, cada parte de mí está disponible para su vista.

Siento el calor de su mirada como si fueran manos reales sobre mi piel.

—Eres hermosa —susurra. Su mano inicia un recorrido lento por mi piel. Es mejor que cualquier fantasía. Mi piel reacciona, mi espalda se arquea involuntariamente. Ser tocada por Liam Blake es la maldita gloria.

—No cierres los ojos —me ordena. Los abro de golpe para verlo, tan cerca que todo lo que respiro es él.

Me atrae de la cintura para un beso. Uno que no tiene nada de dulce; es puro deseo, calor y fuego.

Mis manos buscan desesperadamente su cuello, pero su ropa me estorba.

Siendo valiente, desabrocho el primer botón de su camisa hasta que una risita tiembla en sus labios.

—Creí que querías ir despacio. —Se burla de mí. Y me doy cuenta de lo tonta que estoy siendo ahora. Intento alejarme por la vergüenza, llevar mis brazos a mi pecho, pero Liam me sujeta antes de que pueda hacerlo .

—No lo malentiendas, dulzura. Es verdad que no dormiré contigo esta noche.

.. porque sé que mañana te arrepentirías de haberte dejado llevar por el momento…

Pero —Regresa sus labios a los míos. Con nueva fuerza y nuevo deseo.

No me suelta hasta que soy una masa blanda debajo de él—.

Me encargaré de que tengas un orgasmo antes de irme.

Esa promesa me destruye. Sus manos me levantan, rodeo su cintura con las piernas.

Nos lleva a la cama y se tumba sobre mí.

Atrapando mis manos sobre mi cabeza, empieza a besar mi mandíbula, a morder mi cuello, a lamer mi clavícula.

.. Mi cuerpo vibra de placer. Son las primeras manos en tocarme de esa manera.

Los primeros labios en probar mi piel de esa manera.

Baja una mano y ahueca mis pechos por encima del encaje rosa. Cuando su boca rodea mi pezón a través de la tela, el jadeo que escapa de mí es casi una súplica por más. Esto es mejor que mis fantasías con él. Mejor que nada que haya imaginado o soñado. Su toque es eléctrico, es fuerte como él mismo.

—¡Liam, ah... yo... Ahhh! —quiero gritar, quiero rogarle a este hombre que haga más. Porque de pronto también ignore su buen juicio y me tome por completo. Quiero que su rastro sea el único que mi cuerpo recuerde.

—¿Te gusta? —pregunta sin dejar de torturar mis pezones; su cuerpo pesado entre mis piernas completa la sensación y demuestra lo real que es este momento. Su aroma se mezcla con el de mi deseo.

—¡Sí! ¡Más, por favor! —No reconozco mi propia voz. Mañana me preocuparé por esto, hoy solo quiero saber lo que se siente arder con él.

—¿Siempre usas lencería sexy debajo de tu ropa de oficina? —pregunta, pasando su mano libre por las piezas de encaje.

—¡No! —confieso—. Empecé hoy... por ti. Lo hice para ti. —Las palabras salen disparadas y entrecortadas de mis labios. No tenía que saberlo, pero aun así lo canté en voz alta para él. Eso es lo que me hace este hombre .

—Qué buena chica —murmura. Se presiona aún más entre mis piernas y siento la dureza de su masculinidad contra mi muslo, duro, grande—. Solo por eso, te voy a dar una recompensa. —dice con voz cargada.

No soy la única afectada aquí, y eso es lo que más me gusta. Porque me doy cuenta de que soy alguien que es capaz de poner de cabeza al hombre que es él.

Su mano suelta las mías, y su boca deja mis pechos. Ahora está bajando el encaje de mi parte más íntima con una lentitud tortuosa.

—¡Liam! ¿qué haces? Yo... nunca. No. —Se me atascan las palabras en la garganta—. Han pasado horas desde que tomé un baño. —Él se ríe, una risa oscura y segura. Mi piel se eriza por eso.

—Estoy seguro de que me encantará tu sabor. Acabo de hacerte una promesa, dulzura. No me iré hasta que grites mi nombre cuando te lleve al orgasmo.

Liam Blake es mi perdición.

Su lengua me recorre, lamiendo cada parte de mi centro necesitado, húmedo.

—Tan mojada —dice antes de hundir su lengua de nuevo.

La sensación es una sacudida violenta. Mis piernas tienen espasmos y mis dedos se enredan en su cabello. Tiemblo, vibro, lloro. Liam muerde mi clítoris con la presión justa y estallo.

Miles de estrellas blancas estallan detrás de mis párpados mientras él me consume. Ahogo el grito del orgasmo, me muerdo el labio inferior con tanta fuerza que el sabor metálico de la sangre inunda mi boca.

Liam se toma su tiempo para beberse cada gota de mi orgasmo antes de por fin levantarse de mi cuerpo, no quiero verlo, pero esa mirada de suficiencia en sus ojos me tiene completamente perdida por él. También pasa su lengua por mi labio sangrante y gruñe de una manera distinta cuando lo hace .

—No vuelvas a contenerte —me ordena, saboreando la mezcla de mi humedad y mi sangre—. Quiero que grites mi nombre y solo mi nombre cada vez que te dé un orgasmo, bebé. —Me besa de nuevo y el deseo vuelve a encenderse dentro de mí. Quiero más. Me doy cuenta de que lo quiero todo.

—¿Có... cómo puedo corresponderte? —pregunto cuando logro recuperar el aliento. Su mirada está llena de lujuria, pecado y promesas que me harían temblar en cualquier otra circunstancia. Pero ahora, solo quiero que me condene.

—Pensé que nunca lo preguntarías —responde con una sonrisa depredadora que me eriza la piel del cuerpo, pero que lejos de llenarme de miedo, me da seguridad para seguir adelante.

Hasta el final.