Dulce Amenaza Capítulo 27 Bésame Hasta Nunca #3
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Capítulo 27 Bésame Hasta Nunca #3

Sam sujetó mis manos entre las suyas. Peleé contra su toque pero mi resistencia era escuálida. La verdad es que estaba cansada de pelear.

“Compartamos esos secretos. Yo entenderé todo. No te juzgaré. Te diré los míos sin pensarlo.” -Mientras hablaba, me abrazó.

Sam me cobijaba en su cuello y sus hombros.

Mi piel erizada se sentía como afilados alfileres.

Me derretí nuevamente. Yo era un pudín bajo el sol.

Un cubo de azúcar en la boca de un hormiguero.

Inhalé profundamente, tratando de que su aroma se guardara en mi cerebro para una eternidad. -“Empezaré yo. Yo soy un…”

Agarré su cara con pasión desmedida, lo acerqué a mí, y besé sus labios con hambre desesperada.

Tal vez así podamos olvidar las palabras.

Quizá un beso puede disolver todos nuestros secretos.

El cielo se acercó a mí y floté en nubes hechas de frutos maduros.

Tan dulces eran sus labios que estaba volando alrededor de la luna a plena luz del día.

La corriente inexplicable que sentí con la fusión de nuestros labios era algo que jamás había experimentado. La intensa unión de mi Maghkia y la de Edora no tuvieron este poder.

Cada nervio, cada músculo, cada rincón jamás explorado de mí vibraban como una campana siendo golpeada por un martillo. Oleada tras oleada de emociones, como si este beso hubiera creado una música, una frecuencia, un balance entre el caos.

No estaba lista aún para soltarlo, así que dejé que Sam dirigiera nuestro intercambio de amor.

El beso, tan salvaje e incontrolable, era como haberle entregado todo mi ser.

Con esto renunciaba a mi poder, a mi habilidad de huir de él, a mi control.

Sus manos acariciaban mi rostro y mi cuello, mientras guiaba el momento más prohibido que nos pertenecerá en esta vida.

Deseé poder vivir entre sus brazos, pero más que todo, deseaba que Sam fuera feliz. A mi lado nunca sería dichoso como merecía. Yo tenía muchos conflictos y cada parte de lo que yo era volvería para afectarlo a él.

Sam me sujetó con fuerza. Ambos éramos anclas, uno el salvador del otro. Lo atraje aún más hacia mí, un abrazo tan puro que sentí que éramos cosidos en uno por la fuerza divina del universo. Éramos dos cuerpos, pero nuestra alma era una sola; una complicada y enorme esencia.

Su fuerza y pasión creció. Era mucho mayor de lo que yo podía manejar.

Su cuerpo me tenía acorralada contra la pared de mi casa y mi conciencia volvía.

Quería que este beso no acabara jamás. Necesitaba estar sujeta a él hasta el fin de nuestro tiempo.

Estaba desesperada por pertenecerle y tenerlo para mí por siglos.

Mi verdad… ¿Confesarle mi verdad? Este secreto sobrepasaba su capacidad de aceptación.

Era demasiado para lidiar. El fuego y el agua jamás podrán cohabitar.

Podrán existir en armonía en un enorme mundo, cada uno en su lugar.

Las aves y los insectos no pueden compartir el mismo techo.

Siempre hay uno más fuerte. Y el más fuerte siempre prevalece.

El más pequeño siempre es la presa.

Temía ser la más fuerte entre los dos. Mi poder era capaz de aplastarlo, destruir a su familia, romper su corazón, matarlo. Nunca sería yo su muerte. No lo sería si puedo evitarlo.

Algo nos separó. Una fuerza nos unía, pero también nos distanciaba. Ambos permanecimos quietos por un segundo, abrazados pero el beso se había roto.

Noté que la causa era mi Maghkia.

Había perdido el control y esta se aprovechaba. Sus ojos comenzaron a mostrar una preocupante sorpresa y tuve miedo de su reacción.

Lo empujé, apartándome. Las lágrimas que se acumulaban en mis párpados eran grandes y pesadas como bolas de hielo. Sus ojos estaban mojados también. Ya no pude continuar mirándolo.

Sin decir adiós, corrí dentro de mi casa, cargué con mi maleta y escapé por la cocina directo a mi van.

Abrí la puerta del garaje y pisé el acelerador.

Pasar al lado del carro de Sam me partió el corazón.

Lilly había asomado la cabeza por la ventana, mirándome sin esconder su decepción.

La expresión descorazonada de Sam era la peor de las imágenes.

Debía asesinar sus esperanzas una y otra vez. Mirando la mezcla de pasión, emoción, tristeza y coraje en su rostro, inconsciente de lo que acababa de pasar con mi Maghkia, sabía que la única culpable era yo.

Sam había apostado solo para probarse capaz de conquistar mi corazón. Cuando me conoció, descubrió la verdad. Yo no sería presa fácil. Yo buscaba el amor real. Ese mismo sentimiento profundo lo trajo a mí día tras día.

Yo era la maldición de mi familia. Una maldición nacida del amor y sepultados por la misma causa. Una maldición que se desdobla más allá de las barreras de seguridad de un cazador.

Soy la perdición para Sam y este amor solo puede traerle muerte.

Soy Morgan Caprice.

Cambio toda la vida que toco.

Los alimento hasta que vienen adictos buscando más.

Entonces, me devoro el calor de sus corazones.

Pues nací y moriré siendo una amenaza, una bruja.