Capítulo 3 ¿Otra Bruja? #4
“Perdona mi curiosidad…” -Dijo Sam. Un helado corrientazo me recorrió por debajo de la piel y entre los huesos.
Imaginaba su curiosidad. Mi caminar. Mi condición.
¿Qué le pasó a una chica tan linda para que caminara tan feo?
Sentía la sangre escaparse de mi rostro y volverme un fantasma.
Eso sería lo mejor que podría pasarme en este momento.
-“Necesito saber… ¿Tu decoración tiene un background story? Estoy asombrado. Me da la impresión de iglesia gótica convertida en un fino establecimiento. Jamás había visto algo tan hermoso entre luz y oscuridad.”
No me había dado cuenta que estaba aguantando la respiración todavía. Estuve a punto de desmayarme por más de una razón. Permití al aire llegar a mis pulmones con un alivio inhumano.
“Sabía que algún día llegaría alguien con buen gusto y apreciaría mi estilo Gothic Chic.” -Sonreí aliviada. -“Esto era una iglesia vieja, abandonada. Desde que vine a vivir a este pueblo imaginaba vitrinas de deliciosos bizcochos, postres, flanes y panecillos en este lugar.”
Recordé que había más personas esperando por comida, así que me despedí de Sam y volví a mi trabajo. Con él, el tiempo no se sentía pasar. No sentía nada, solo mariposas. Malditas mariposas en el estómago. Ojalá pudiera matarlas mientras engullo un rico tiramisù.
Educadamente, Sam esperó a que yo terminara con todos ellos. Incluso recogió algunas mesas. No pude evitar pensar en qué gran equipo podríamos llegar a ser.
Equipo Sam y Morgan. Intenté combinarlos para crear un ship name que fuera cute, pero terminé con ridículos apodos que confirmaban lo estúpida e ilusa que estaba siendo. El amor nunca debería ser más importante que la justicia; Y mucho menos debía atenderlo primero que la venganza.
Pero el amor y una vida sencilla en los brazos de este hombre sonaban tan increíbles que mi plan de venganza se veía diminuto.
¿Qué se suponía que yo hiciera? ¿Abandonar este anhelo? ¿Dejar ir el dolor y la rabia que había albergado durante toda mi vida? ¿O construir nuevos sueños, aspiraciones más grandes que puedan dejar atrás mi dolor?
“Señorita Caprice, ha sido un placer.” -Dijo mientras se preparaba para regresar al trabajo.
Me quedé parada justo donde estaba. Los murmullos de las personas aun hacían eco en mi cabeza.
Algunas personas se divertían hablando de mí.
Otras elogiaban la comida. Y algunos más protestaban por mis excesivas atenciones hacia el agente Whilhey.
“¿Te sientes bien?” -Sam preguntó mientras me sujetaba. Me sentía como si hubiera abandonado mi cuerpo y estuviera observando todo por sobre nuestras cabezas. -“¿Necesitas que te lleve al médico?”
¡Tan dulce!
“Estoy bien.” -Me disculpé. -“Es solo el exceso de calor. Paso demasiado tiempo frente al horno y las estufas. Eso es todo.” -Mentí.
“Será mejor que te cuides. Controla el azúcar que estás comiendo. Puede ser malo como el infierno mismo, créeme. Te lo digo por experiencia.” -Sam me aconsejó.
-“Algunas de estas cosas que vendes son como veneno para el cuerpo. Sin ofender, pero el azúcar es algunas veces el peor de los enemigos. Si no, pregúntame.”
“Lo haré.” -Respondió alguien que estaba de pie a nuestras espaldas.
Ambos volteamos el rostro para ver quien había estado escuchando nuestra conversación.
-“Creo que no hemos tenido una presentación apropiada, agente. Soy la señorita Connie Marie Valence. Usted puede llamarme Connie. Es un gran placer conocerlo por fin.”
Educadamente, Sam le saludó sosteniendo su mano por un breve segundo mientras Connie parpadeaba excesivamente.
“¿Almorzará usted aquí, señorita Valence?” -Preguntó Sam, intentando hacer una conversación ligera. -“Porque le puedo sugerir la ensalada y el guiso de carne con vegetales. Mi amiga Morgan, la propietaria, cocina como los dioses.”
Connie me lanzó una de sus miradas repugnantes tan pronto Sam mencionó mi nombre.
Una oleada de enojo me recorrió salvajemente.
No hacía falta leer la mente de nadie, me imaginaba lo que Connie tenía planeado.
Intentaré ser lo suficientemente lista como para no mostrar mi interés por Sam en presencia de ninguna de estas personas.
“Se lo agradezco, agente. Pero, que me castigue Dios si me atreviera a comer como una común pueblerina.” -Connie trató de actuar ofendida.
“Pues yo estoy más que feliz siendo un común pueblerino.” -Sam se burló. -“No hay mejor vida que esa.”
Connie torció los ojos, ignorando el fuerte golpe bajo de Sam.
“Solo he venido a buscar unos tentempiés que mi madre olvidó ordenar ayer. Tenemos una pequeña reunión para amigos esta noche. Debería usted venir.”
“Bueno…” -Sam se dio la vuelta hacia mí, ignorando la invitación de Connie, mientras levantaba sus cejas con una expresión de disgusto enmarcando su rostro. -“¿Estás segura que te sientes bien?”
“Segura.” -Dije mientras me erguía orgullosamente para quitarme el delantal. -“¡Vete ya! No debes llegar tarde a proteger al pueblo fantasma.”
Ambos reímos con mi broma, pero la risa se detuvo de repente y Sam me miró con rostro severo.
“Volveré al trabajo. Gracias por todo, señorita Caprice. La veré luego.” -Rápidamente se alejó, pero un segundo más tarde, estaba de vuelta, parado frente a mí. -“¿Dijiste pueblo fantasma? ¿Sabes algo sobre fantasmas? ¿Brujas tal vez?”