Dulce Amenaza Capítulo 1 No hace falta la razón
2%
Dulce Amenaza

Dulce Amenaza

Por Ninoshka Red

© inepub.com

Capítulo 1 No hace falta la razón

Anoche no visité mi cama. Las bodas requieren todo mi tiempo y devoción.

Con el chasquido de mis dedos pude haberlo dejado todo listo en cuestión de minutos, pero soy una repostera a la antigua.

En esta ocasión no fue el bizcocho, ni la comida, y mucho menos el cóctel de bienvenida lo que me mantenía despierta.

Ni siquiera podía culpar del insomnio al plan asesino que yo seguía posponiendo y dejando de lado una y otra vez.

Esta fiesta sería una magnífica oportunidad para cobrar venganza y ya me estaba arrepintiendo de dejarla escapar.

Con la mirada fija en el vestido violeta opaco que colgaba en mi closet, no dejaba de pensar cómo me dejé comprometer a semejante ridículo.

Una cosa era organizar todo lo comestible en una fiesta, los detalles, la decoración, el corte del bizcocho perfecto… Otra cosa completamente diferente era dejarme convencer de ser la madrina de bodas.

No podría decir que convencer fuera la palabra correcta, quizá debería especificar engañada, obligada, forzada.

Pero esa tarde cuando Lavender, mi prima y único familiar, vino hablando de su boda, pidiéndome que le confeccionara el más hermoso y perfecto bizcocho de bodas; sus ojos brillando como hogueras, no pude negarle esa felicidad.

“Y otra cosa;” -Lavender dijo, abrazándome mientras saltaba como conejo hiperactivo, -“Eres mi madrina de bodas.”

Recuerdo haberme reído tan fuerte en ese momento, pero mi prima sabía que mi risa estaba llena de tanto sarcasmo como el que nadie pudiera jamás sentir. Solo yo.

“Morgan, no es una broma. ¿Por qué te ríes?” -Recuerdo que Lavender cuestionó con semblante ofendido.

“Perdóname, Lav. Ambas sabemos que puedes hacerlo mejor que esto.” -Respondí señalando todo mi cuerpo. -“Tienes buenas amigas. Escoge a alguien más.”

Mi rostro se mantuvo insensible por el resto de la conversación. Me sentía muy incómoda de ser añadida a algo así. Me hacía sentir como un animal de circo.

“No me importan los demás. Te quiero allí conmigo.”

“Y allí estaré. Te amo demasiado.” -Y era cierto.

Cada sentimiento. A pesar de que siempre me repetía en mi interior justo lo contrario.

Lavender era la única persona a la que yo quería en todo el mundo.

-“Hagamos algo. Escoge a otra chica y yo te regalaré el mejor bizcocho de bodas que se haya visto jamás. Te regalaré el cóctel y toda la comida. Solo tienes que escoger a alguien más.”

Lavender se dio la vuelta y yo sospeché que ella estaba considerando mi mega generosa oferta. Era muy generosa de hecho. Si fuera a costear todo eso, perdería miles de dólares.

“Has estado conmigo toda mi vida, apoyando mis sueños, limpiando mis lágrimas. No puede haber mejor regalo que tenerte allí a mi lado. No podría decir acepto si no estás parada justo a mi lado sosteniéndome. Quizá me arrepienta de rechazar tu oferta, la que nos ahorraría muchísimo dinero, pero prefiero verte vistiendo el hermoso vestido que ya escogí justo para ti.”

El tiempo vuela y se escapa desapercibido algunas veces.

El momento de brillar había llegado deprisa.

Era el día especial de Lavender. Gracias a Dios ella no se había encaprichado con otras cosas complejas como ensayos y cenas o reuniones anticipando la boda.

Mi autoestima no hubiera soportado semejante abuso.

Siempre he sido la mejor en todo lo que hago y siempre tengo todo en consideración. Alergias, menú para niños, enfermos con dietas especiales. Estoy lista para todo lo que pueda ocurrir, razón por la cual mi trabajo es muy solicitado.

Después de darme un baño, yo seguía inerte, mirando el vestido.

Sé que hubiera sido más sencillo sentarme allí a maldecir hasta que mis pulmones quisieran abandonar mi cuerpo, pero ni siquiera eso podría hacerme sobrevivir a este evento con algo de ánimo.

Me deslicé dentro del vestido, pasándolo sobre mi cabeza, y acomodando cada parte de mi cuerpo en la suave tela.

Con un movimiento leve, cerré la cremallera a mi espalda, obligándome a pararme frente al espejo.

“¿Qué?” -Casi grito cuando vi mis pechos asomándose en el profundo escote tipo V de mi traje.

Un escote tan profundo como este sería difícilmente permitido en ninguna iglesia.

Quizá esa fue la razón por la que Lavender optó por celebrar la ceremonia en el mismo salón de actividades privado.

Con facilidad podía ver la unión de mis costillas bajo mis pechos si miraba con fijación. -“Gracias, Lavender.”

Un imperdible bien colocado me aseguraba mantener la decencia para la ocasión.

El cabello era una tarea sencilla ya que Lavender había seleccionado el cabello suelto con flores aquí y allá.

La alarma sonó, alertándome que estaba a minutos de llegar tarde y eso me llevaría a ser atrapada en el acto haciendo mi Maghkia en la recepción.

Dirigiéndome a la puerta recordé que no había comprado los zapatos de boda.

Deslicé mis pies dentro de unas desaliñadas sandalias planas y me apresuré a subir a mi minivan, una modesta LuxGen Sport, que mantenía estacionada en mi garaje privado.

Con el vaivén de mis manos todo se acomodó en las muchas tablillas que instalé yo misma en la sección trasera, la cual había sido preparada con la refrigeración y calefacción necesaria para mantener la temperatura correcta de todo lo que preparo.

Como medida extra de seguridad, entré a la sección trasera y examiné cada delicado manjar. Todo debía ser perfecto como siempre. Éclair en mano, me senté al volante y conduje hasta el lugar de la recepción, donde afortunadamente nadie había llegado.

Tarareando algunas melodías, comencé a acomodar cada delicia en su lugar.

Tenía la esperanza de sorprender a Lavender cuando entrara al salón.

El bizcocho era una impresionante obra de arte de cuatro niveles, cada uno de un sabor diferente.

Por supuesto que estaba el favorito de Lavender: Strawberry Shortcake, con la crema extra batida.

El favorito de Jerome, bizcocho de chocolate con almendras y licor de cacao.

Debí haber envenenado solo este bizcocho como había planeado inicialmente.

Jerome es un idiota que no merece a alguien tan dulce y puro como Lavender.

Tal vez mi dignidad evitó que ejecutara mi plan de una vez por todas.

Quizá solo me detenía Lavender, quien no merecía que yo me convirtiera en una idiota asesina justo en el día más grande de su vida.

Probablemente yo solo estaba actuando como una estúpida sentimentalista y tan pronto las personas se marcharan, yo me arrepentiría y me culparía por semejante desliz.

El tercer piso de bizcocho es un exquisito tiramisù sin licores mágicos, en caso de que algún niño quisiera un pedazo, lo cual era dudoso ya que los niños odian el café tanto como a las inyecciones.

Y el último bizcocho, un mágico arcoíris de sabores que se derriten dentro de tu boca.

Idóneo para niños por supuesto. Eso, mis amigos, era tan poderoso como una poción de amor.

“Oh Dios, Oh Dios, ¡Morgan!” -Chilló Lavender como niña pequeña, mientras asomaba la cabeza por la puerta del vestidor donde se mantenía oculta.

Saliendo de su escondite, me mostró cómo le quedaba el vestido de bodas.

Su piel era morena, besada por el sol. Su belleza me causaba envidia pues mi piel era pálida, como si las horas que paso bajo el sol solo tienen un efecto ligero.

Su cabello era frondoso y sus rizos eran espectaculares, aunque le costaba mucho esfuerzo cuidarlos.

Y sus ojos… por ellos fue nombrada Lavender.

Hoy, vestida de novia, se veía perfecta. Sentí que mi corazón se derretía de emoción. No. Ella no merecía que yo arruinara su felicidad. Al menos no hoy.

Mañana es otra historia.

“Te ves hermosa, Lavender. Estoy feliz por ti. ¿Te gusta?” -Me apresuré a preguntar, señalando el bizcocho y todas las mesas. -“Espero que te guste. Es mi regalo de bodas.”

“¿Qué si me gusta?” -Dijo ella caminando hacia mí.

Lavender era una hermosa princesa viviendo el sueño que yo jamás viviría.

Yo ya había hecho las paces con mi destino y estaba feliz de ver a Lavender creciendo en la dirección que ella quería.

-“¡Morgan! Esto es… muchísimo más de lo que yo me había imaginado. ¡Eres un monstruo!”

Con la sola mención de esa palabra me encogí. He odiado esa palabra toda mi vida. Escucharla de sus labios me hace cuestionarme. Todavía quedaba tiempo para ejecutar mi plan.

“Lo digo en el buen sentido de la palabra.” -Corrigió Lavender al ver mi cara volverse más pálida de la cuenta. Si solo supiera lo mucho que odio esa palabra. -“Has convertido mi boda en un dulce paraíso. ¡Esta será la boda que cada chica envidiará por siglos!”

El fuerte abrazo de Lavender me dio esperanzas, pero también trajo deseos de llorar. Ella siempre había sido la princesa de cada historia y yo jamás pasaría de ser la malvada hermanastra.

Soy consciente de quién soy. De lo que soy. Mis aspiraciones transitan en una misma línea de maldad. Sé que no puedo tener altas expectativas en un mundo como este, pero no puedo renunciar a la grandeza de mis poderes solo para que este mundo cruel se mantenga intacto.

“Morgan…” -El serio tono de voz de mi prima era preocupante. Mis pensamientos volvieron a adormecerse bajo todo el trabajo que me quedaba pendiente. -“Espero que tengas tus zapatos en combinación.”

Oh, demonios. Los zapatos. Considerando mi “problema” en los pies pensé que los zapatos serían la última de las preocupaciones de Lavender. Me equivoqué. Los zapatos parecían ser una prioridad para toda mujer en este pueblecito, excepto para mí.