26
Cuanto más me esfuerzo por conciliar el sueño, más escurridizo se vuelve mi objetivo.
He contado ovejas, les he asignado nombres propios a cada una, he cambiado de postura al menos cinco veces, he observado girar el ventilador del techo hasta sentir náuseas, me he envuelto entre las sábanas como un burrito apretado, he permanecido bajo ellas hasta empezar a sudar como un pollo al horno.
Definitivamente, el calor es un potente catalizador de mi insomnio, ya alimentado por los eventos de un par de horas antes en la cena.
—¿Qué haces?
Recordar que a menos de un metro, al pie de la cama, está Theodore, tampoco contribuye a mi paz.
Sin embargo, su pregunta me sobresalta; había asumido que él sí estaba dormido, ya que no había percibido el menor ruido, aunque existe la posibilidad de que tenga un sueño ligero y mi agitación lo haya despertado.
—Estoy durmiendo —respondo mientras agito la mano cerca de mi cara, intentando, sin éxito alguno, refrescarme un poco.
—No, me estás diciendo que estás durmiendo, así que no estás durmiendo. Me estás mintiendo descaradamente.
Desde mi posición no puedo verlo, pero apuesto a que sonríe. Instintivamente, mi rostro también se curva mientras imagino la luz en sus ojos y la forma en que sus labios se elevan.
—¿Sabes por qué Palm Springs se llama así? —le cuestiono con la vista fija en el techo y las manos sobre mi regazo.
—¿Porque hay muchas palmas y manantiales?
—No, porque no podían llamarlo «Tan caliente como el infierno» así que buscaron un nombre más bonito.
Él tiene razón, es exactamente por eso que Palm Springs se llama así.
—Todo una movida publicitaria —se burla. Su respuesta me hace sonreír hasta que lo escucho decir—: Entonces, ¿no puedes dormir por el calor?
—En parte, sí. No puedo dormir por ello.
Theodore se incorpora y, al girar mi rostro para mirarlo, noto que está sin camiseta. Supongo que se la ha quitado en algún momento de la noche, mientras yo estaba más ocupada contorsionándome bajo el peso del calor, luchando por dormir.
—Vamos —escucho que dice mientras se pone de pie con agilidad.
Me apoyo en los codos para observarlo mejor.
¿Debería estar contemplando su cuerpo de esta manera tan…
detenida? No, rotundamente no. Pero está justo frente a mí, vistiendo solo un pantalón de pijama que parece esculpido por los mismos dioses para ajustarse a la perfección a su cuerpo que, sí, también parece una obra divina.
Tiene su mano extendida hacia mí, como la imagen de un ángel que ha descendido para…
Definitivamente debo dormir.
Me doy cuenta de lo descarada que estoy siendo cuando una sonrisa socarrona se dibuja en sus labios, provocando un calor instantáneo en mis mejillas.
—¿A dónde? —pregunto después de aclarar mi garganta con un carraspeo.
—A la piscina. Venga —insiste, manteniendo su mano extendida hacia mí.
Muerdo mi labio inferior con indecisión, sopesando su propuesta.
Sin duda me parece una locura, porque ¿qué hora es?
, ¿las dos de la madrugada? ¿Realmente podemos bajar a la piscina a estas horas?
Supongo que sí, pero aun así… Igual todo lo que ha sucedido hasta ahora en este lugar roza lo absurdo.
Y sí, el calor me está sofocando. Y sí, no he podido cerrar los ojos en toda la noche, ¿cuál es el peor escenario posible?
Aparto las sábanas de la cama con un suspiro y me pongo de pie.
Observo mi pijama (una bata blanca que compré online hace un par de años porque en las fotos se parecía un montón a la que lució Charlotte Rampling en The Damned , aunque mi madre insiste en que se parece más a las combinaciones que usaba mi abuela bajo sus vestidos domingueros para ir a misa), entonces una duda me asalta.
—¿Debería cambiarme?
—Absolutamente, el código de vestimenta para la piscina a estas horas exige etiqueta rigurosa. —Hace una pausa y, aunque sé que está bromeando, añade con ironía—: Por supuesto que no, Willa. Son casi las tres de la madrugada, hasta los grillos deben estar durmiendo. Bajemos tal cual.
Tomo su mano y salimos sigilosamente de la habitación, procurando no hacer el menor ruido.
Tiene razón, una calma absoluta reina en los pasillos, donde solo resuena el eco suave de nuestros pasos sobre el suelo de madera pulida.
Nos dirigimos a la primera piscina y descubrimos que está animada por un grupo de personas que parecen celebrar algo, con música suave, botellas de alcohol y bandejas de comida a medio consumir sobre las mesas.
Continuamos caminando, intentando pasar inadvertidos, hasta alcanzar el área ubicada en el extremo opuesto.
Es donde se celebrará la boda de Logan y Andrea.
Ya han comenzado con la decoración, con lazos blancos y azules adornando las mesas, y delicados arreglos florales suspendidos de los toldos.
Pero el espacio está completamente desierto, justo como esperaba.
Nos sentamos en el borde de la piscina y, sin pensarlo demasiado, sumerjo mis pies en el agua fresca.
Un pequeño oasis. Justo lo que necesitaba para aliviar este calor.
Apoyo mis manos a cada lado de mi cuerpo y cierro los ojos, disfrutando de la frescura instantánea.
Un problema acaba de evaporarse, tal vez es hora de abordar el segundo.
—¿Puedo preguntarte algo? —Mi mirada busca la de Theo, quien ahora está sentado a mi lado, con sus ojos fijos en mí.
—Sí, por supuesto.
—Es sobre lo que dijo Barbara. —Theo asiente, comprendiendo la dirección de mi pregunta—. Ella mencionó que Andrea te engañó con Logan, eso es… ¿Es verdad lo que dijo?
Theo presiona sus labios hasta convertirlos en una línea delgada y tensa que se contrae ligeramente. No necesita articular su respuesta; esa pequeña reacción confirma mi pregunta, pero aun así se esfuerza por hablar.
—Andrea no era feliz a mi lado, así que…
—Oh, Dios mío —exclamo sin pensarlo. Supongo que una cosa es sospecharlo, leerlo entre líneas, y otra muy distinta es que él lo admita abiertamente, porque no puedo dejar de pensar en su dolor, pero sobre todo, en por qué Logan haría algo así.
—¿Cómo…? ¿Por qué no me contaste nada? ¿Cómo pudo Logan…? ¡Es tu mejor amigo!
Mi última frase provoca una sonrisa amarga en Theo, un gesto cargado de ironía.
¿Aún está resentido con él? Tiene todo el derecho del mundo.
Sin embargo, es imposible no pensar también en Logan, en sus motivos.
El Logan que yo conocí, mi amigo, jamás sería capaz de traicionar a nadie, mucho menos a Theodore.
Siempre han sido como hermanos de sangre.
—Conocí a Andrea nada más llegar a California. El bufete de su padre representa legalmente a Snappy Bites, así que por temas laborales nos veíamos con frecuencia. Nos hicimos buenos amigos hasta que la amistad evolucionó a algo más…
—¿Una relación?
—Digamos que amigos con beneficios —aclara, y asiento—.
Tiempo después, ella buscaba mudarse de Santa Mónica a Los Ángeles.
Yo acababa de alquilar un departamento y me preguntó si podía quedarse conmigo temporalmente.
No me negué —comenta con un encogimiento de hombros—.
Estábamos saliendo, necesitaba un lugar mientras encontraba uno propio y yo apenas paraba en casa, así que no le vi ningún inconveniente.
La cuestión es que cuando ya conoces a su familia y ella a la tuya, y de repente empiezas a convivir, las cosas pueden volverse un poco más…
serias. Yo no lo percibía así, pero ella sí.
Andrea me veía como un posible marido, yo ni siquiera contemplaba el matrimonio, y ahí fue cuando comenzaron los problemas.
—Ya, pero ¿qué papel juega Logan en todo esto?
—Logan se había quedado sin empleo en San Francisco y, al parecer, quería buscar trabajo en Los Ángeles, así que me preguntó si podía quedarse unos días en mi casa.
Se lo consulté a Andrea, ella no puso objeción, así que le dije que sí.
Pero esos días se extendieron a meses y, como ya mencioné, yo apenas estaba en casa.
Él y Andrea pasaban mucho tiempo solos, ella se sentía frustrada porque nuestra relación no avanzaba, y… una cosa llevó a la otra.
—¿Los encontraste…?
—No, no. Ella misma me lo confesó. —Theo esboza una sonrisa forzada que no alcanza sus ojos—.
Fue entonces cuando me dijo que conmigo ya no era feliz, pero con Logan, sí.
Cuando terminó nuestra relación, ellos ya llevaban un par de meses juntos, así que…
—Se encoge de hombros, intentando restarle importancia, aunque es evidente que la tiene.
—¿Y tú qué hiciste entonces?
—Cuando me preguntaron si estaba bien con lo que había sucedido, mi primer impulso fue mandarlos a la mierda, pero entonces comprendí que no tenía derecho a reprocharle nada a Andrea.
Ella tenía razón, yo no la amaba. Lo supe porque su traición no me hirió en absoluto; al contrario, solo sentí pena por hacer que perdiera años de su vida a mi lado.
Así que fue entonces cuando me marché de California, regresé a Nueva York, y el resto ya lo sabes.
Ahora entiendo que la historia que había construido en mi cabeza estaba muy lejos de la realidad.
No contemplé la traición, pero evidentemente existió.
Puedo comprender por qué Theo también se percibe como un villano; dejó que Andrea se ilusionara con un tipo de relación que no estaba dispuesto a ofrecerle.
También entiendo por qué ella se sintió tan mal, pero ¿eso justificaba que comenzara una relación con Logan antes de romper con Theo?
Si era infeliz a su lado, ¿por qué simplemente no terminó la relación?
Vale, quizás hablar con él no era sencillo, sé muy bien lo difícil que puede ser liberar toda la carga interna, pero ¿qué hay de Logan?
Evidentemente se enamoró de Andrea, de otra forma no estaríamos aquí, pero ¿por qué guardó silencio durante tanto tiempo?
¿por qué permitió que sus deseos se convirtieran en una traición?