Capitulo 4 #3
David soltó un gruñido bajo y profundo. Una de sus manos bajó y agarró un puñado de ese cabello oscuro por la sombras. Tiró hacia atrás con fuerza, obligándola a sacar la verga de su boca. Un hilo brillante de saliva conectó sus labios hinchados con el glande enorme y brillante del miembro.
—Más despacio, puta… —murmuró él, casi con cariño perverso—. Quiero sentir cómo te la tragas toda.
La mujer gimió, un sonido ronco y sumiso que me heló la sangre y me puso la verga como una piedra al mismo tiempo.
Ella volvió a bajar la cabeza, pero más lento esta vez.
Vi cómo sus labios se estiraban alrededor de la grosura.
Cómo su garganta se abultaba visiblemente cuando la metió hasta el fondo.
Se quedó ahí varios segundos, tragando, quizá con los ojos cerrados (o eso parecía desde donde yo estaba), mientras David la mantenía en esa posición con la mano en su cabeza.
Gluck… gluck… gluck…
Sonidos húmedos, rítmicos, de garganta siendo follada.
La saliva le salía por las comisuras de los labios, cayendo sobre las sábanas blancas.
Sus tetas colgaban pesadas, los pezones duros y oscuros.
David extendió la otra mano y le pellizcó uno con fuerza.
Ella soltó un quejido ahogado alrededor de la verga, pero no se apartó.
—¡Aaaahhh!
Entonces David hizo algo que casi me hace correrme en los pantalones sin tocarme.
Bajó la mano por la espalda de la mujer, recorrió su columna, llegó a su culo y metió dos dedos directamente entre sus piernas, desde atrás.
La mujer se estremeció entera. Sus caderas dieron un respingo hacia adelante, empujando su boca más profundo sobre la verga. David metió sus dedos dentro de la concha de la mujer, y empezó a moverlos dentro de ella, lento al principio, luego más rápido.
Se escuchaba el sonido chorreante de su coño mojado siendo follado por esos dedos gruesos.
Squish… squish… squish…
Ella gimió más fuerte, el sonido amortiguado por la verga que tenía hasta el fondo de la garganta. Sus caderas empezaron a moverse solas, follándose los dedos de David mientras seguía chupando el pene con más desesperación y deseo.
La saliva le chorreaba en hilos largos desde la boca hasta las tetas. Su culo temblaba cada vez que David le metía los dedos hasta el fondo y los curvaba.
Y yo estaba pegado a la pared, temblando.
Sin querer encontrarle el rostro a la mujer. Sin el deseo de encontrarle la figura y descubrir que se trataba de mi esposa.
Mi verga dolía dentro del pantalón. Sentía cómo el precum me empapaba la ropa interior. Quería tocarme. Quería sacármela y masturbarme viendo cómo esa mujer —fuera quien fuera— era usada como una puta barata.
Pero al mismo tiempo quería gritar. Quería entrar corriendo y apartarla de él. Quería saber si era Regina. Esos gemidos… ¿eran de ella? Esa forma de arquear la espalda… ¿era la misma que usaba conmigo?
David sacó los dedos de golpe. En medio de la oscuridad, fui capaz de ver que estaban brillantes, empapados. Se los llevó a la boca de la mujer y se los metió. Ella los chupó con avidez, como una zorra, sin soltar la verga de la otra mano.
Luego David volvió a meterle los dedos en el coño, pero esta vez tres. La mujer soltó un gemido largo y roto, casi un llanto de placer.
—¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaah!
Sus caderas se movían más rápido, fornicándose la mano de él con movimientos circulares, desesperados.
—¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaah!
Vi cómo su coño se abría alrededor de esos dedos.
Cómo brillaba de tanto jugo. Cómo le chorreaba por los muslos internos.
David la follaba con los dedos con fuerza ahora, metiéndoselos hasta el fondo una y otra vez, mientras ella seguía tragándose la verga con ruidos obscenos y húmedos que llenaban toda la habitación.
Glup-glup-glup… squish-squish-squish…
El sonido combinado era asquerosamente erótico. Chupar y ser follada al mismo tiempo. La mujer temblaba entera. Sus tetas rebotaban. Su culo se tensaba y se relajaba con cada embestida de los dedos de David.
De pronto él sacó los dedos otra vez y le dio una nalgada fuerte. El sonido seco hizo eco en la habitación.
Ella gimió más alto, sacó la verga de su boca un segundo para jadear:
—Ahhh… cabrón… más…
La voz era ronca, rota por la garganta follada. No logré reconocerla con claridad. ¿Era Regina? ¿Sonaba así cuando estaba excitada de verdad? Nunca la había oído gemir de esa forma conmigo.
David volvió a agarrarle el cabello con las dos manos y empezó a follarle la boca con movimientos cortos y fuertes. Sus huevos golpeaban contra su barbilla.
Ella se dejó hacer, con las manos en los muslos de él, tragando, atragantándose, con lágrimas (o saliva) cayéndole por las mejillas. Cada vez que David empujaba hasta el fondo, se escuchaba un gluck profundo y húmedo que me ponía la piel de gallina.
Yo ya no podía más. Mi mano bajó sola hacia mi entrepierna. Me apreté la verga por encima del pantalón. Estaba empapado. Duro como nunca. Empecé a frotarme despacio, sin sacármela, solo sintiendo la presión mientras veía cómo esa mujer era tratada como un objeto de placer.