Dueña de su destino (Hijas de la desgracia 7) Capítulo 27
100%

Capítulo 27

Eliana llegó a la velada y con su mirada no buscó al duque de Welberg, sino a Helen.

Después de unos días de haber fallado en el espionaje y ataque contra ella, se enteró del hecho.

Deseaba haberla quitado de su camino; no obstante, seguía viva y siendo una piedra en su zapato.

Si falló una vez, no lo volvería a hacer.

Alguien debió advertirle sobre lo que estaba pensando hacer.

No se le ocurría que pudiese ser alguien conocido, pues todos en su familia eran silenciosos.

La madre de Eliana la observaba con satisfacción al saber que se estaba muriendo de rabia al darse cuenta de que no pudo matar a la hija del duque de Albine, su maniobra de advertencia fue importante para que esto ocurriera, Eliana necesitaba un escarmiento urgente o terminaría muy mal.

—Fallamos, padre. Ahí está, acaparando al duque... Es un problema para mí, no me deja acercarme.

—Calma, mi pequeña. El duque será tuyo, ten paciencia —dijo su padre, que la cogió de la mano.

—No puedo tener paciencia. Siento que ella me roba todo. ¿Por qué?

—Es una tontería, Eliana. Puedes hacer dos cosas: te resignas a ser soltera o buscas un candidato decente dispuesto a tolerarte. El duque no creo que sea una buena opción para ti —opinó su propia madre.

—Qué ánimos me da. Callada hace un mejor trabajo. Mi padre es el único que me apoya...

—¿Apoyarte? Más bien apaña tus maldades. Las cosas no te salieron la primera vez y tampoco lo harán una segunda, sigue tu camino o te arrepentirás de las consecuencias. No creas que no pagarás por el pasado.

—Ella no sabe que fuimos nosotros y tampoco lo sabrá. Parece que se preocupa más por esa mujer que me insultó. Merecía pagar las consecuencias de ofenderme.

—Basta. No peleen entre ustedes. Vinimos a algo y esperaremos que eso ocurra.

La paciencia de Eliana se agotaba y se puso más furioso al ver que el duque y Helen bailaban entre los demás asistentes.

Tan gráciles y sonrientes hacían que la envidia se filtrara entre sus poros, queriendo regresar al pasado y acabarla de una vez.

En aquel entonces no tenía esa intención, solo quería darle un escarmiento que le permitiera sacarla de competencia.

Cuando el baile terminó, el duque se separó de aquella y cada uno fue por su lado. Eliana intentaría insistir con un baile, pero no necesitó hacer mucho, pues el mismo hombre se acercó a ella, lo que la dejó completamente sorprendida.

—Excelencia... —habló Eliana con presteza, haciendo una reverencia apresurada gracias a la sorpresa.

—Milady, es un gusto saludarla. ¿Cómo ha estado?

—Muy bien... —Ella hizo un gesto a sus padres para que se fueran de ahí, no quería ser interrumpida y más cuando él mismo la había buscado—. Es bueno volver a verlo.

—La estaba buscando para disculparme. La última vez considero que fui grosero. Estaba cansado, pero en esta ocasión estoy de mejor humor... —William sabía qué dulce arrojar para atraer a esa hormiga.

Aquella sentía que el cielo se abría ante sus ojos y que la fortuna le estaba sonriendo al tener al duque a sus pies insinuándole que bailaran.

—¿Eso significa que me invitará un baile?

—Por supuesto. Me siento en deuda con mis buenos modales, si no lo hago, creo que no podré dormir debido a que la vi y no hice lo correcto...

Estaba extasiada, en la última nube de este planeta por la emoción. Ella ya estaba planeando la boda en su interior.

Desde la distancia, Helen observaba a William cumplir su tarea como un profesional, demasiado profesional. Era tan amable que el mismo sol podría derretirse ante su hipocresía. Juraba que, si lo veía siendo más amable, le cortaría lo que le sobraba entre las piernas.

—Querida, el duque fue a pedirle un baile a esa joven. ¿Te lo comerás por causa de los celos? Si te hubieses insinuado, primero tendrías dos bailes con él esta noche —acusó su madre.

—Madre, debo explicarle algo. Él no está ahí porque quiera, me está haciendo un gran favor.

—¿A qué favor te refieres? —indagó su padre.

—La familia del marqués fue la que me secuestró en el pasado por maldad.

Es cierto que dije cosas que no debería, pero no era razón suficiente para echar por tierra mi reputación y hundirme en la amargura.

Esto que les digo es algo que lady Stell le contó a su excelencia.

Él me está ayudando a vengarme, esto es parte del plan.

—Desgraciados... Ahora mismo iré a golpearlos y no me importará lo que la gente tenga que decir de mí... —gruñó el duque con determinación.

—Padre, no se preocupe, lo tenemos todo bajo control. El duque y James son mis aliados. Ellos esta noche probarán una cucharada de su propia medicina. No les quedarán ganas de volver a hacerle daño a nadie más.

—¿Qué tienes pensado hacer? —preguntó su madre.

—Nada más que devolver el golpe. No los mataré como ellos quisieron hacer conmigo hace un par de días.

—¿Intentaron qué? ¡Jovencita! Guardas silencio sobre cosas importantes que tu padre debe saber. Tu hermano no puede cargar ni su propia alma y le cuentas estas cosas y a mí que soy tu padre me dejas a oscuras. Mereces un par de latigazos.

—No quería que te pusieras en plan venganza y me dejaras de lado sin poder participar en esto. Soy juez y parte y no me pueden dejar ajena a este asunto. Su excelencia ha sido amable conmigo para ayudarme.

—Él está juntando méritos para casarse contigo, créeme que no lo está haciendo porque es el hombre más bueno de la ciudad, sino que tiene intereses ocultos —comentó su padre.

—Tal vez tenga razón, padre, pero prefiero arriesgarme con él que estar del todo sola.

No quería preocuparlos más. Soy un problema desde hace tiempo.

James sabe sobre esto porque el duque lo involucró, pero no se lo pedí.

Él está haciendo un trabajo impecable al enloquecer a esa dama para dejarla en donde necesito que esté.