21. Capítulo 20 #2
—¡Vale, vale! ¡Lo hemos conseguido! Pero… —dice, levantando un dedo—, hace falta una persona muy especial para girar la llave. Alguien con experiencia en… —hace una pausa, dejando que la gente se incline hacia delante—, …evaluar profesionalmente si un hombre debe ser expulsado de las instalaciones.
La multitud se vuelve para mirarme. Todos y cada uno de ellos.
Rose está grabando otra vez , como si no hubiera aprendido la lección del puto incidente del paseo marítimo.
—¡Vamos! Diez dólares más, Hoja de Cálculo. Diez dólares más para el fondo comunitario y por fin podrás meterme en el único sitio al que la directiva no ha intentado mandarme todavía.
Josie me mete un billete de diez dólares en la mano.
—Ve y enciérralo. Por los niños.
Empiezo a cruzar The Yard mientras todo un pueblo vitorea, con un billete de diez dólares arrugado en la palma de la mano, mientras Beck Morrison entra en una jaula de tela metálica, levanta el puño en el aire y sonríe como si este hubiera sido su plan desde el principio.
Dejo caer los diez dólares en el cubo. Él retrocede hacia el interior de la jaula con las manos en alto.
—Deténgame, agente. He sido muy malo.
—No tienes ni idea. —Cierro la puerta de un golpe y echo el candado. La multitud ruge antes de dispersarse hacia la furgoneta de tacos, porque en Beachside la capacidad de atención dura exactamente lo que tarda en llegar el siguiente olor a comida.
Y entonces, a medida que el ruido se desvanece, nos quedamos solo nosotros: yo, vigilando a este idiota desde el exterior de una jaula de tela metálica.
Beck está sentado dentro, con los dedos enganchados en el alambre.
De algún modo, sigue lo bastante cerca como para que yo pueda oler la colonia que ha arruinado mi capacidad de concentración en todas las reuniones de personal desde que me arruiné la vida recomendando que traspasáramos a este desastre de hombre.
—Bueno —dice—. Solos al fin. Si quieres algo que mirar mientras estás ahí de pie, podría…
—Ni se te ocurra. Estamos en medio de un acto público.
—Semisolos. Hay una valla entre nosotros. Muy romántico. Muy de peli de cárceles. A alguna gente le va ese rollo, ¿sabes? —Ladea la cabeza para estudiarme—. Pareces cansada. ¿Todo bien?
—He dormido.
Me observa a través de la alambrada, y la interpretación se desvanece de su cara como solo lo hace conmigo.
—¿Sigues atascada con el informe?
— Sí —confirmo—. La reunión es mañana. En tu casa, de hecho, lo cual es un detalle divertido que nadie me consultó. Supongo que estarás, ¿no? ¿Y que Diego hará tortitas?
—Ah, sí. Hará de las buenas. De arándanos.
Todos sabemos que nadie es traspasado con tortitas de arándanos de por medio.
—Aprieta los dedos con más fuerza en la valla—.
Bueno, en aras de la total transparencia, ¿quieres que te ponga al día de lo que pasó en mi reunión?
Ya sabes, para que tengas todos los detalles que necesitas para rematar tu informe.
—Beck…
—No, escucha. Todo el mundo en mi vida me oculta cosas para protegerme , y yo no voy a hacerte eso a ti.
Jamás. Así que ahí va. —Toma aire—. Philip ha llamado esta mañana.
Vegas ha mandado la oferta completa. Es real, es grande, y quieren una respuesta antes de la fecha límite.
Me quieren a mí, Darcy. La cara de la franquicia. Vallas publicitarias. Todo el lote.
The Yard sigue vibrando a nuestro alrededor, con música, risas y un niño que grita que hay demasiados fideos de colores, como si tal cosa existiera.
Mientras tanto, yo sigo aquí de pie, sosteniendo la llave de un candado mientras el suelo se inclina silenciosamente bajo mis pies.
—Eso es… —Trago saliva—. Eso es todo lo que querías.
—Sí. Supongo. —No aparta sus ojos de los míos—. Entonces… Una pregunta para ti. —Sus dedos se enroscan en la tela metálica que nos separa—. Y no le pregunto a la analista, porque ya la he oído lo suficiente para varias vidas.
—Es muy minuciosa.
—Es aterradora. Aunque tiene un culo genial. —Su sonrisa se desvanece, y esos ojos azules se posan de nuevo en los míos—. ¿Tú qué piensas de que me vaya a Vegas?
Me quedo mirándolo.
Hay aproximadamente cuatro mil maneras en que podría responder a esa pregunta profesionalmente. Podría hablar del tiempo en el hielo y de las oportunidades de desarrollo. Del rol que le ofrecen. Del hecho de que Vegas claramente ve valor en áreas que los Bears llevan semanas cuestionando.
Así que, como es natural, mi cerebro se va por ahí.
—Bueno, desde una perspectiva profesional, probablemente tendrías más minutos. Y si de verdad te ofrecen un puesto en la primera línea, tendrías la oportunidad de…
—Darce. —Gime mientras deja caer la frente contra la valla—. Te has traído a la analista.
—Me has preguntado qué pensaba.
—Exacto. Te he preguntado qué pensabas tú .
—Eso es lo que pienso.
—No, eso es lo que piensa tu portátil. —Levanta la cabeza de nuevo—.
Sé lo que necesitan los Bears. Sé lo que quiere Vegas.
Sé lo que piensan mis hermanos porque llevan compartiendo sus opiniones conmigo aproximadamente desde que nací.
—Su mirada se clava en la mía a través de la alambrada—. Le estoy preguntando a mi novia.
¿Novia?
¿Ha decidido Beck, sin más, que eso es lo que soy ahora?
Por lo visto, mi corazón está demasiado ocupado explotando como para presentar ninguna objeción.
—¿Tú qué quieres, Darcy?