Double Puck (The Morrison Brother’s 2) 10. Capítulo 9 #2
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10. Capítulo 9 #2

—En fin… —Beck se desliza más abajo en la tumbona, estirando los brazos por encima de la cabeza, dejando que el sol empape cada centímetro bronceado de su piel.

No ayuda en nada a mi espiral actual—. Eres terrible fingiendo que no te gustó.

Aunque eres buena con las hojas de cálculo.

Hablando de eso, he tenido mi primera sesión con Poppy esta mañana. ¿Deberías tomar nota en mi expediente?

Me giro para mirarlo, de repente más interesada. —¿S-sí? ¿Fuiste a terapia? ¿Cómo te ha ido?

Beck levanta una ceja. —No te sorprendas tanto. Soy capaz de presentarme a los sitios.

—No, ya sé, es que… —Niego con la cabeza, reseteándome mientras trago un sorbo de margarita para intentar recuperar algo de control—. En serio. ¿Cómo ha ido? ¿Estás bien?

—Vaya, Darcy Madden. —Se lleva una mano al pecho—. ¿Es preocupación genuina lo que detecto? ¿Por mí ? ¿El activo transferible?

Aprieto los labios y lucho contra el impulso de lanzarle un gajo de lima a la cabeza. —Entonces. ¿Te hizo llorar?

—No —sonríe—. Pero la forma en que se te ha ablandado la cara ha sido adorable .

—No se me ha ablandado. Se me ha… —Beck se echa a reír antes de que pueda terminar la frase. Vuelvo a poner los ojos en blanco—. Cállate. Eres tan irritante.

Beck se ríe y se reclina en su silla, tomando el sol y viéndose increíblemente bien mientras lo hace.

—Estuvo bien —dice. Por medio segundo, la sonrisa se transforma en cruda honestidad—. En realidad es buena. Me hizo un montón de preguntas que no quería responder.

—¿Las respondiste?

Entrecierra los ojos hacia el cielo como si esto requiriera una profunda reflexión. —Algunas.

—Eso… está muy bien, Beck.

—Ooooh. Ahí está otra vez. La voz suave. —Gira la cabeza en la tumbona para mirarme, esos brillantes ojos azules capturando el sol y derritiéndome por dentro—. Sigue. Dime que soy valiente. Dime que estás orgullosa de mí. Dime que quieres que vaya ahí y…

—¡Beck!

La voz de Zoey atraviesa el aire como una diosa doméstica conjurando la unidad familiar. Está gritando desde algún lugar cerca de la zona de los margaritas, y gracias a Cristo que lo hace, porque no tengo ni idea de adónde iba a parar eso .

—Ve a ayudar a Diego con la bandeja y ven aquí. Tú también, Darcy. ¡Tenemos que estrechar lazos!

Beck exhala dramáticamente, pero se levanta de todos modos, sin darme ni un centímetro de distancia mientras sus largos dedos me quitan el vaso de margarita casi vacío antes de tenderme la otra mano para ayudarme a levantar.

—Parece que nos han llamado. —Me levanta de un tirón fuerte—. Venga, te sientas a mi lado.

Minutos después, mi primera experiencia en vivo de una comida familiar de los Morrison se convierte en un caos total bañado por el sol mientras nos reunimos alrededor de la enorme mesa exterior con vistas a la piscina.

Los margaritas de Diego brillan como oro líquido y los acompaña un surtido de totopos, guacamole, salsa, minitacos y minihamburguesas digno de una exposición, tan inquietantemente perfectas que pillo a Declan sonriendo .

A partir de ahí, la tarde transcurre como me imagino que lo hacen siempre las comidas de la familia Morrison… Conversaciones a gritos, bromas que se solapan y una inmunidad total a cualquier concepto de seguir un plan.

Mientras Beck me llena el plato con tres tacos que huelen de maravilla, Morgan, con diez años y un nivel de energía equivalente al de tres adultos, nos tiene a todos cautivados desde el extremo de la mesa con otra de sus interminables historias del colegio.

—… y entonces el entrenador dijo que yo tenía el mejor tiro de muñeca de todos los subdoce, que obviamente lo tengo porque me enseñó el tío Beck, pero además Colt dice que mi postura está mal y que debería…

—¿Quién es Colt? —pregunta Beck de inmediato, con la boca llena de una minihamburguesa de ternera ahumada.

Zoey se queda muy quieta.

—El novio de mamá que juega al hockey —anuncia Morgan alegremente.

—No es mi… —empieza a decir Zoey.

Beck la señala con un totopo—. ¿Tienes un novio que juega al hockey ?

—Juega en los Snow Leopards —añade Morgan, servicial—. Es muy alto, huele bien y me enseñó la parada de mariposa.

—Tienes diez años —dice Declan, y no está claro si se refiere a la técnica de parada o al comentario sobre el novio. Con Declan es difícil saberlo.

Zoey desvía el tema con la soltura de una mujer que lleva lidiando con el caos de los Morrison desde antes de que la mayoría de los presentes hubieran nacido. Rellena los vasos de margarita y se vuelve hacia Beck.

—Pórtate bien y tráele a Darcy otra de esas, ¿quieres?

Beck se levanta sin rechistar.

Me quedo mirando su nuca e intercambio una mirada con Josie. ¿Se ha levantado sin rechistar ? ¿ Sin hacer ningún comentario ? ¿ Ni una réplica ingeniosa ?

Zoey me pilla mirándola y sonríe cuando Beck regresa. Me pone un margarita recién hecho delante y vuelve a dejarse caer en su asiento como si fuera lo más normal del mundo.

—Bueno —continúa Zoey con inocencia—, ¿cómo va todo el asunto del traspaso, Beck? ¿Hay alguien que te mantenga al día?

Beck coge otra minihamburguesa—. Ah, ya sabes. Mi analista cree que estoy bueno. O sea, lo de siempre.

—¿Que qué ? —Zoey mira a Declan.

Declan mira a Mason.

Mason mira el bol de la salsa.

—Eh… Sabes que es Darcy quien recomienda el traspaso, ¿verdad? —dice Josie con naturalidad, mirándonos a Zoey y a mí por turnos—. Es la analista de rendimiento de los Bears. Beck lleva días haciendo la evaluación completa con ella.

Zoey se vuelve para mirarme con una expresión que no acabo de descifrar.

¿Está cabreada conmigo? ¿Está sorprendida? No lo sé.

—¿Eres tú la que intenta traspasar a mi hermano? —pregunta Zoey directamente, sin siquiera parpadear.

Me muevo, incómoda, en mi asiento—. Eh, bueno, sí. Yo presenté la recomendación…

—Mason —Zoey se vuelve hacia él, ignorándome—. Declan. —Se vuelve también hacia él—. ¿A ninguno de los dos se os ocurrió mencionarlo ?

—Estoy bastante seguro de que lo mencioné, Zo —dice Declan.

—Dijiste que había una conversación sobre un traspaso . No que Beck iba a estar sentado a su lado en mi comida de bienvenida.

Beck gesticula ampliamente hacia Declan con su vaso de margarita ahora vacío—. Para ser justos, decir la verdad no ha sido precisamente el punto fuerte de Declan últimamente.

La mesa se sume en un breve y cauto silencio.

Josie tenía razón. La tensión en esta familia está por las nubes.

Entonces Mason coge el guacamole y se lo ofrece a Zoey sin decir palabra, lo que al parecer es la versión Morrison de « vamos a cambiar de tema ».

Zoey acepta el guacamole y, justo cuando empiezo a dar gracias a mi buena estrella por que el momento haya pasado, Zoey se vuelve de nuevo hacia mí.

—Entonces, ¿cuál es el veredicto, Darcy? ¿Se queda o se va?

Todas las miradas de la mesa se clavan en mi cara. Me enderezo en el asiento sin querer.

—La evaluación sigue en curso —digo—. Pero, para ser justa, la presencia de Beck fuera del hielo y sus recientes actuaciones me han mostrado cosas que no tuve en cuenta inicialmente. Lo está haciendo bien.

Silencio.

Entonces Beck apoya ambas manos sobre la mesa.

—Perdón —dice—. ¿Podemos…? —Se dirige a toda la mesa—. ¿Habéis oído todos eso? Darcy Madden acaba de decir que la estoy impresionando . —Se lleva una mano al pecho—. Quisiera que esto quedara grabado. Diego, ¿puedes grabarlo en algo?

—No es un cumplido, es una…

—Está impresionada . —Beck inclina la cara hacia el cielo como si estuviera recibiendo una bendición.

—¿Significa eso que vas a cambiar la recomendación? —pregunta Josie, ignorando el bailecito que Beck está haciendo ahora y que provoca un ataque de risa en Morgan.

—La evaluación no ha terminado. Tenemos el partido este fin de semana, que será una parte importante de ella.

Me sale más tajante de lo que pretendía, porque la respuesta real es complicada.

Los correos de Colin se han vuelto más cortos y urgentes a lo largo de la semana. Otros equipos están al acecho. Otro equipo está interesado. Como si ya supiera el valor que tiene y no quisiera perderlo.

Si apruebo el traspaso, tiene que hacerse más pronto que tarde para sacar el máximo rendimiento a su contrato.

Zoey, aparentemente satisfecha, cambia de tercio de inmediato—. ¿Eres hija única, Darcy?

Intento que no se me arrugue el ceño—. Eh… sí. ¿Por qué?

—¡Hala! A ti tampoco te robaba nadie los caramelos de Halloween —dice Morgan, radiante—. Es lo más , ¿a que sí?

—Desde luego que sí —confirmo, a pesar de que nunca he ido a pedir caramelos porque mi madre pensaba que era « una excusa organizada para que los niños mendiguen a extraños ».

—Entonces eso también significa que nadie te encerraba fuera del baño durante cuarenta y cinco minutos antes de ir al colegio —añade Zoey, señalando a Declan.

—Fue una vez …

Empiezan a discutir de nuevo y, de repente, a pesar de sentir que estoy en territorio enemigo, vuelvo a sonreír. Lo noto, quizá cálida y relajada por los margaritas y el sol, pero esto es exactamente lo que nunca tuve.

Una familia que puede no estar de acuerdo en las cosas, pero que, simplemente… lo supera.

No te hacen sentir mal o imperfecta porque no estés de acuerdo con algo. Simplemente… lo aceptas y sigues adelante.

Para cuando hemos arrasado con la comida y los margaritas casi se han acabado, he dejado de sentirme una intrusa y he empezado… simplemente a estar aquí. Participando en las conversaciones, riéndome de sus bromas, aprendiendo más sobre sus vidas mientras crecían juntos.

Es agradable, y la verdad es que es muy fácil que te caiga bien Zoey. Sorprendentemente fácil.

Habla de su pastelería con la misma pasión que Beck pone en cada conversación, y cuando me pilla escuchando, me rellena el vaso y me pregunta si quiero la receta de sus famosos rollos de canela.

Le digo que sí antes de pensármelo.