12 ¡¿Por qué ahora?!
—Aver… déjame entender esto bien. Un hombre lobo te montó y luego fuiste a una feria artesanal… en pleno invierno. La época del año en la que, sin duda alguna, han vomitado cosas navideñas por todas partes hasta el hartazgo —dijo Alastair, arrastrando las palabras.
Foxx no podía ver a Alastair, pero podía imaginar perfectamente su expresión; el tono de su voz dejaba claro lo que pensaba.
—Bueno… no al mismo tiempo. Lo del hombre lobo pasó el día anterior.
—Intentó quemar un árbol —anunció Harlow en voz alta. Lo bastante alto para que Alastair lo oyera por el teléfono. El humano estaba encorvado en el otro extremo del sofá, tecleando en su «basuraptop». Estaba trabajando en el papeleo del último caso o algo así.
—No sería la primera vez —murmuró su amigo en voz baja, antes de decir con tono normal—: Dile que es su culpa por no vigilarte mejor.
Foxx sonrió con suficiencia y se giró hacia Harlow.
—Dice que es tu culpa por quitarme el ojo de encima.
Harlow se enderezó y lo fulminó con la mirada.
—¿Acaso soy tu niñera o algo así?
—Esos crujidos sonaron muy bonitos, viejo. ¿Te lastimaste la espalda? —preguntó Foxx con dulzura.
—¿El culo y la espalda ya no te duelen, mocoso?
—preguntó el hombre con una sonrisa engreída—.
¿Qué fue lo que dijiste hace un día o algo así?
Ah, algo como: «Quizá tú puedas ir por otra puñetera ronda, pero mi culo y mi espalda ya no dan más.
¡Ni siquiera creo poder ponerme de pie!» —imitó Harlow con un falso acento británico—.
Creo que después de eso proclamaste en voz alta que podía irme a follarme a mí mismo si todavía tenía ganas.
Yo diría que el problema no es mi espalda.
Foxx entrecerró los ojos hacia él.
—Entonces tienes las articulaciones de un hombre de ochenta años, pero la libido de alguien de veinte.
La verdad, parece que el único momento en que no estás crujiendo y tronando es cuando me estás follando.
Tal vez deberías cambiar de trabajo y convertirte en actor porno.
¡Piénsalo! ¡Nunca más tendrás que preocuparte por el dolor en las articulaciones!
Foxx sonrió al ver la expresión desconcertada que apareció en el rostro de Harlow, como si no supiera muy bien cómo tomarse aquello.
—Eres un mocoso.
—Eres un viejo.
—Tú eres más viejo.
—Ah, pero yo no siento el peso de los años.
Harlow se cruzó de brazos.
—Voy a preñarte.
—¡Como si pudieras!
Era plenamente consciente de que el hombre sí podía, y por la Diosa que Foxx deseaba que lo hiciera.
—Cuando termine contigo, no podrás ni moverte.
—¿Seguro que no hablas de ti mismo? —Foxx se relamió los labios—. Un movimiento en falso a tu edad y… uuh, tirón.
—Ese culo tuyo va a quedar bien rojo y lleno, mocoso —gruñó Harlow con los ojos encendidos—. Ni siquiera tendrás tiempo de suplicar por más antes de que vuelva a estar dentro de ti.
—Hazlo, viejo. ¡Te reto!
—¡Hola! ¡Sigo aquí! —gritó Alastair horrorizado, haciendo arcadas—. ¡¿Qué demonios les pasa a ustedes dos?! ¡¿No pueden hacer su coqueteo enfermizo en su propio tiempo?! La próxima vez que hablemos, Foxx, ese humano tiene PROHIBIDO estar en la misma habitación.
—Oh, nosotros… —Foxx abrió más la boca al oír el clic—. ¡Colgó!
Levantó la mirada y se encontró con los ojos de Harlow.
Se observaron en silencio durante un momento y luego ambos se movieron al mismo tiempo.
Sus bocas chocaron mientras se arrancaban la ropa el uno al otro.
Foxx dejó caer el teléfono de su mano mientras la lengua de Harlow luchaba con la suya y la barba del hombre rozaba con aspereza su piel.
Percibió vagamente el sonido de los broches de los tirantes de su peto al abrirse, pero el pensamiento se desvaneció cuando el humano le rodeó la cintura con un brazo y lo levantó del sofá.
Se estremeció al ser movido con tanta facilidad con un solo brazo, gimoteando cuando Harlow empujó su peto, junto con su bóxer, hacia abajo hasta el suelo.
Foxx protestó cuando Harlow rompió el beso para jalar su jersey y sacárselo por la cabeza. Gruñó sorprendido y adolorido cuando el humano lo dejó caer en el suelo de culo.
—¡¿Qué mierda haces, Harlow?! —se quejó Foxx.
El hombre soltó una risa y se llevó las manos al borde de su propio jersey.
—¿Prefieres que me quede vestido? Además, ese culo tuyo me debe unos cuantos azotes. Sé un buen gatito y ponte de rodillas para mí.
La audacia…
—¿Gatito?… Sí, déjame pensarlo… Mmm, sí, no, creo que no lo haré.
El hombre se quitó el jersey, revelando un pecho delicioso y lleno de cicatrices. Joder… Foxx mordisqueó su labio inferior con uno de sus colmillos. Quería lamer… lamer y morder. Su mirada siguió las manos de Harlow cuando el hombre bajó hacia el botón de su pantalón.
Harlow resopló.
—Sea lo que sea que estés pensando, no va a pasar.
Foxx observó cómo el botón se abría y la cremallera bajaba.
—Podría pasar.
—Los mocosos que no obedecen solo reciben lo que se les da —dijo el humano mientras se quitaba el pantalón y el bóxer.
Foxx hizo un puchero.
—Quiero lamer y morder. No puedes decirme que odias cuando lo hago.
Alzó la mano y deslizó las yemas de los dedos por los abdominales de Harlow, siguiendo el rastro de vello canoso desde el ombligo, y estaba a punto de agarrar su miembro cuando Harlow atrapó su muñeca.
Foxx gimoteó y luego jadeó cuando el humano tiró de su brazo hacia arriba, obligándolo a ponerse de rodillas.
Entonces Harlow gruñó:
—Como dije, los gatitos malos no obtienen lo que quieren.
La mano de Harlow cayó con fuerza sobre la nalga izquierda de Foxx, mientras con la otra movía sus dedos dentro y fuera del orificio del vampiro ya lubricado.
—¡Oh! —exclamó Foxx, retorciéndose en su regazo. Su grito sonaba más lleno de placer que de otra cosa.
Por mucho que Foxx se quejara y protestara, su dura polla presionaba y goteaba en el muslo del hombre. Foxx gimió cuando Harlow pasó la mano por la piel enrojecida; ambas nalgas tenían ya el mismo color. Separó los dos dedos que tenía dentro de él, arrancándole un fuerte gemido al vampiro, y dijo:
—De rodillas.
Foxx no dudó en moverse. En un instante ya estaba fuera de su regazo y arrodillado.
Ese glorioso culo redondo se alzó en el aire, esperando a que lo embistiera.
Había algo que decir sobre Foxx cuando estaba completamente excitado…
Dos cosas que Harlow sabía con certeza: hablaba muchísimo menos y obedecía mucho más.
Aunque… esa boca suya, a regañadientes debía admitir que Harlow la disfrutaba un poco, solo un poco…
Colocándose detrás de él, agarró las caderas del vampiro, colocó la punta de su polla y empujó hacia dentro. Gimió cuando la estrechez se cerró alrededor de su miembro palpitante. Joder, no había nada como hundirse en un culo estrecho, y maldita sea si el de Foxx no era perfecto.
Foxx gimió y empujó hacia atrás, intentando sentarse por completo en su polla.
—Mocoso impaciente.
—¡Dijiste que no tendría que suplicar! —se quejó Foxx.
Harlow soltó una risa.
—Eso dije, ¿no?
Con un gruñido embistió hacia adelante, llenándolo hasta el fondo y arrancándole un grito. Sin detenerse, comenzó a moverse dentro y fuera de él. Foxx gemía con cada embestida mientras su cuerpo se balanceaba hacia atrás contra el suyo. La habitación se llenó con el sonido de su piel chocando.
Harlow sonrió con suficiencia y aumentó el ritmo, cambiando un poco el ángulo hasta golpear la próstata del vampiro cada vez que se hundía con fuerza en su interior. Con cada embestida, las mejillas ya enrojecidas de Foxx chocaban contra sus muslos. Joder, cómo le encantaba ese culo.
—Por favor —gritó Foxx, arañando la alfombra bajo él.
—¿Ya estás cerca? —preguntó con arrogancia—. Está bien, esto solo es el calentamiento.
El vampiro respondió con un gimoteo.
Sonriendo de lado, Harlow llevó la mano hacia el frente para agarrar la polla de Foxx con intención de masturbarlo, pero se quedó completamente inmóvil cuando comenzó a sonar la canción My Boy Lollipop.
Foxx miró por encima del hombro, con los ojos muy abiertos.
Harlow frunció el ceño, miró alrededor y recogió su pantalón al verlo en el suelo.
Foxx abrió más los ojos.
—¡Ni se te ocurra contestar!
Su mano se quedó inmóvil dentro del bolsillo apenas un instante antes de sacar el teléfono y abrirlo sin pensarlo demasiado. Porque, ¿por qué no? Ella quería que siempre respondiera, así que él solo estaba obedeciendo.
Harlow sonrió con malicia y activó el altavoz, enseñándole a Foxx lo que hacía. Los ojos del vampiro se abrieron aún más y movió los labios en silencio: ¿qué mierda?
—Osito apachurrable, soy yo, ¡vengo a traerte un nuevo caso! —trinó alegremente la voz de Charity, completamente ajena a la situación.
—Debo decir que eres muy inoportuna—gruñó Harlow mientras empezaba a mover las caderas otra vez, despacio.
Un gemido suave escapó de los labios de Foxx, lo que lo hizo taparse la boca de inmediato. Dejó de mirar a Harlow.
—¿Qué fue eso? —preguntó Charity con cautela.
—Nada, no te preocupes —dijo Harlow con voz áspera, conteniendo su propio gruñido—. Entonces, ¿cuál es el caso? —preguntó mientras aumentaba lentamente el ritmo, lo que volvió más pesada su respiración. Foxx gimoteó y se retorció bajo él.
—¿Qué le pasa a tu voz…? ¿Por qué respiras así? ¿Qué demonios es ese sonido? ¿Es un perro llorando?
Foxx abrió la boca.
—¡No soy un perro! —protestó.
Harlow estalló en carcajadas.
—Foxx… Tú… ¡¿Qué… qué está pasando?! —exclamó Charity horrorizada.
—Charity, no hagas preguntas cuyas respuestas no quieres escuchar.
Harlow eligió ese momento para embestir con fuerza, arrancándole a Foxx un grito entrecortado.
—¡Oh… Dios… mío! —chilló Charity—. ¡¿Por qué siquiera CONTESTASTE?! ¡¿Qué te pasa?!
—¡Lo siento! —gritó Foxx—. ¡Le dije que no lo hiciera!
—Oh, no… mi dulce… INOCENTE bebé. No te estoy gritando a ti. Solo a ese absoluto psicópata que contestó el maldito teléfono mientras estaba teniendo… —balbuceó algo incomprensible, evitando decir la palabra «sexo».
—Fuiste tú quien configuró mi tono para que supiera que debía responder «siempre». Solo hago lo que me pediste —dijo con tono satisfecho, sin molestarse siquiera en reducir el ritmo de sus embestidas.
Foxx debió de taparse la boca otra vez, porque lo único que salió de él fue un gemido ahogado.
—¡Basta! ¡Basta! ¡Dejen de hacer lo que sea que estén haciendo! Iré al grano. Tienes un nuevo caso. Ejecución de vampiros. Simple y directo. Bla, bla, bla. Tú conduces, sin quejas. Dirígete a Wayne Lake, en Minnesota. Te enviaré la información por correo. ¡Adiós, idiota!
Harlow cerró el teléfono cuando la llamada terminó, lo arrojó a un lado y comenzó a embestir con más fuerza el agujero de Foxx. No mostró ninguna misericordia cuando llevó la mano al frente y empezó a masturbar al vampiro.
Los gemidos de Foxx salieron libres y fuertes ahora. Sus garras se clavaron en la alfombra mientras su cuerpo se movía hacia atrás contra las embestidas de Harlow.
Foxx se tensó entre sus brazos; arqueó la espalda mientras gritaba al venirse. Su miembro dio un saltito y disparó semen sobre la alfombra y la mano de Harlow. Este siguió moviéndose dentro de su cuerpo tembloroso hasta que su propio orgasmo lo alcanzó.
—Joder —gruñó cuando sus huevos se tensaron y su polla dio un saltito, llenando el interior de Foxx.
Jadeando, Foxx miró lentamente por encima del hombro y le lanzó una mirada furiosa.
—No puedo creer que hayas hecho eso.
Harlow pasó las manos por el culo de Foxx, apretando un poco sus nalgas antes de separarlas para observar donde su miembro, ya más blando, seguía dentro de él. Soltó un suspiro de pesar.
—Es una lástima que no haya tiempo para más.
—Nunca en mi vida había tenido tantas ganas de abofetear a alguien —rugió Foxx—. ¡¿Y si se lo dice a Tony?! Aunque… no recuerdo haber visto ninguna regla que prohíba acostarse con tu compañero.
—Oh, Tony ya lo sabe.
También Charity, en realidad; al menos podría haberlo deducido por las cosas que él le había dicho la última vez. Suponía que Foxx no había estado lo bastante despierto para recordar aquella conversación.
—¡¿ÉL QUÉ?! —Los ojos de Foxx se abrieron con horror—. ¡¿Qué quieres decir con que lo sabe?!
—Bueno… preguntó.
—¡¿Y TÚ SIMPLEMENTE SE LO DIJISTE?!
—Bueno, lo dedujo. Yo no suelo tocar a la gente. Y me vio tocándote.
—¡¿Tocándome dónde?! —chilló Foxx—. ¡Quítate de encima!
El vampiro apartó sus manos y se deslizó fuera de su alcance; su miembro salió tristemente de su interior. Foxx se quedó allí sentado, desnudo, mirándolo con furia, los brazos cruzados y una ceja arqueada.
—No nos vio teniendo sexo en el clóset, si es eso lo que preguntas.
—¿Qué fue lo que SÍ vio?
—Me vio tocándote… —Harlow frunció el ceño y se dejó caer sentado, porque las rodillas empezaban a dolerle por la postura.
¿Cómo podía explicarlo?—. Yo no suelo tocar a la gente a menos que esté a punto de lastimarla.
O de tener sexo con ella. Y tampoco me gusta que la gente me toque.
Así que cuando me vio en la oficina iniciar contacto físico de cualquier tipo, seguramente se le encendieron todas las alarmas en la cabeza.
—Genial… simplemente genial. Así que, porque estás loco, nuestro jefe sabe que estamos teniendo sexo.
Harlow se encogió de hombros.
—No es como si fuera a denunciarlo.
—¡Ese no es el punto!