2 Galletas, jerséis y traición
—¡Deja de reírte! —espetó Foxx.
Alastair arrugó el rostro en un intento evidente por contenerse. Pero fracasó y terminó riendo aún más fuerte; se inclinó hacia adelante y apoyó la cara sobre la encimera de la cocina.
Foxx lo fulminó con la mirada mientras tejía una vuelta del jersey que estaba haciendo.
Mientras tanto, su amigo seguía exagerando su reacción ante una situación claramente NADA GRACIOSA.
Entrecerró los ojos cuando la mano derecha de Alastair comenzó a deslizarse hacia la bandeja de galletas de mantequilla con crema de maní recién horneadas.
—Te clavaré las agujas de tejer.
Alastair se irguió con un resoplido.
—¡Qué tacaño! ¿Qué estás haciendo siquiera?
Foxx arqueó una ceja. Miró alrededor de la cocina; le parecía bastante obvio.
—¿De verdad necesitas preguntar? Estoy horneando galletas y tejiendo un jersey.
—¿Haciendo todo a la vez?
Examinó a su amigo con detenimiento. Como siempre, parecía modelo en su jersey de cuello alto azul marino y pantalones de pana negros, con sus pómulos altos, nariz afilada y barbilla suavemente redondeada.
El azul marino hacía que sus ojos casi parecieran azules en vez de gris claro.
Y esos ojos definitivamente lo juzgaban.
—¿Y?
—¿Para quién es ese jersey? Es enorme… y negro. Tú no usas negro.
Las manos de Foxx se congelaron por un segundo, deteniendo el movimiento repetitivo e inconsciente que estaba haciendo.
—Es para Harlow, por supuesto. Solo estaría horneando, pero quiero terminar esto Y comer galletas recién hechas. Así que hago ambas cosas.
Alastair lo miró en silencio, con expresión de disgusto, antes de decir:
—Le estás tejiendo un jersey al hombre que instaló una cámara en una de tus habitaciones.
Sabía que su amigo no entendería sus motivos. Pero los tenía. Uno de ellos era que quería usar conjuntos a juego con el humano. Bueno, semi a juego; Foxx no vestía negro y tampoco le estaba haciendo pantalones.
Pero, de verdad, esta era la única forma de lograr lo que quería. Claro, también tendría que forzar a Harlow a ponerse el jersey. Por eso debía ser algo hecho por él. ¡Sería mucho más difícil negarse sabiendo que lo había hecho con sus propias manos!
Además, no estaba haciendo nada siniestro. Sería forzarlo por una buena causa. ¡Forzarlo para consolidar su amistad! ¡Porque nadie podía negar una amistad mientras llevaba puesto un jersey tejido por la otra persona!
—Es… complicado. Tengo mis razones. Además, ¡no es mi culpa que el viejo sea un raro obsesivo!
—Sí, tu cabeza es un laberinto. Tengo la necesidad de recordarte que sabías que era raro antes de dejarlo mudarse contigo. Literalmente, sabías que era un psicópata. ¿Cómo pensaste que convivir con él no terminaría en algo extraño?
Foxx lo fulminó con la mirada.
—Te quedaste sin galletas.
Podía tener una debilidad por lo dulce, pero nada comparado con la de Alastair.
Su amigo estaba obsesionado con los postres.
Aunque Foxx adoraba la comida grasosa y salada, Alastair prácticamente se alimentaba de azúcar.
Bueno, en sentido figurado… Los vampiros obtenían algo de sustento de la comida, pero podían vivir solo de sangre, aunque sería desagradable… y exigiría beber cantidades absurdas.
En cualquier caso, Alastair amaba todo tipo de postres. Su cocina estaba repleta de ellos. Comería de todo… excepto cosas con coco. Su amigo odiaba el coco con pasión. Todo lo demás era presa fácil.
El problema era que el vampiro no era bueno cocinando nada que requiriera más de unos pocos ingredientes.
Apenas dominaba el sándwich de queso a la plancha y platillos sencillos que no exigieran habilidad ni…
leer etiquetas. Tenía la pésima costumbre de asumir qué era cada ingrediente sin leerlo, y el resultado solían ser desastres incomibles.
Alastair soltó un quejido.
—Eso es cruel. Creí que éramos amigos.
—Sí, yo también lo creía hasta que te sentaste ahí a reírte de mí.
—Oh, vamos, Foxx. No hagas pucheros. ¿Qué otra reacción esperabas? ¿Por qué te metiste en esa caja? ¡Era obvio que era una trampa! ¿Nunca has oído eso de «Si quepo, me siento»?
Foxx frunció el ceño.
—¿»Si quepo, me siento»? ¿Qué significa eso?
—Es literalmente un meme de gatos. Bueno, más bien algo que cualquier dueño de un gato sabe desde hace años. Los gatos se sientan en cualquier caja, contenedor o lo que sea, sin importar el tamaño, siempre que quepan, aunque sea por poco.
—Bueno, yo nunca he tenido un gato. ¡¿Cómo iba a saberlo?! —protestó Foxx.
—Necesitas pasar al menos un día entero al año en redes sociales para entender los memes.
Foxx hizo una mueca. Eso le sonaba horrible.
—¡Pero eso es superaburrido! Prefiero leer… ver una serie o una película, tejer, coser… cualquier cosa.
—Entonces sigue siendo un meme de gatos, allá tú.
—¡No soy un meme de gatos!
—A ver, usemos la lógica. Sabes que le gusta llamarte gato. Entonces, Foxx, ¿por qué creíste que puso la caja ahí?
—¡No lo sé, ¿está bien?! Pensé que solo quería fastidiarme —replicó, dejando su tejido sobre la mesa con un bufido—. ¡No lo pensé demasiado! Me distraje con la estúpida figurita de gato. Que, por cierto, debí revisar mejor… Tenía una cámara de mierda y todo dentro.
—Hablando de la cámara, a ver si logro hacer que me pase el video —comentó Alastair con una sonrisa pensativa.
Este… idiota…
Foxx sonrió con dulzura, aunque su voz sonó rígida.
—¿Y para qué querrías el video?
Alastair sonrió ampliamente, sin vergüenza alguna, y dijo con audacia:
—Para entretenerme, por supuesto.
Foxx tomó el ovillo y se lo lanzó a la cabeza.
—¡TE QUEDASTE SIN GALLETAS!
El vampiro se agachó.
—Oooh, ¡vamos! ¡Solo una!
—¡No! —replicó, bajándose de la silla cuando sonó el temporizador del horno.
Se puso un guante y sacó la bandeja. La colocó sobre la rejilla, tomó el bol de Hershey Kisses y los presionó en las galletas calientes antes de meter otra tanda y ajustar el temporizador. Se dio la vuelta justo a tiempo para ver a Alastair meterse una galleta en la boca.
—¡LADRÓN!
—¡Es solo una! —lloriqueó Alistair; su voz sonó ahogada por la galleta. Tragó—. No seas tacaño. No puedes comértelas todas tú solo.
—Si quiero, puedo.
—Mírate, como si no pensaras mandarme a casa con un recipiente lleno.
—Eso será cuando te vayas. ¡Esto es ahora!
Alastair suspiró.
—Esperaré, entonces. Cambiando de tema, además de ponernos al día, vine por otra razón.
—¿Otra razón aparte de burlarte de mí?
—Por supuesto. Igual que tú, también sé hacer varias cosas a la vez.
Foxx lo miró con recelo y se quitó el guante de horno.
—¿Y bien? ¿Qué pasa?
—Tal vez deberías sentarte.
—Solo dímelo.
—El clima se ha vuelto… Bueno, se ha vuelto francamente atroz —dijo Alastair con un suspiro.
—Siempre es así en esta época del año en algunas partes. Viene junto con esa otra cosa horrible de fin de año.
—Sí, sí, antes de que empieces tu discurso contra la Navidad, déjame terminar —soltó su amigo con una risita—. En fin, está terrible. Y este clima no es buena combinación para los vampiros. Así que… me voy a… Australia. Mañana, de hecho.
Foxx soltó un grito mudo.
—¡Traidor!
—¡¿Qué quieres que haga?! Tú decidiste mudarte a este rincón helado con nieve y temperaturas que no son para los nuestros. Necesito calor. No soy tan sensible al frío como tú, pero igual es insoportable.
Foxx lo fulminó con la mirada. Su mejor amigo… lo abandonaba al frío. Sufriría solo. Completamente solo. Espera… ¿Australia?
—¿Y a qué parte de Australia vas?
Alastair adoptó una expresión culpable.
—Al norte… Queensland.
—¡Serás…! ¡Infiel! ¡Vas a verla a ella, ¿verdad?!
—Por el amor de la Diosa, Foxx. Meg es mi amiga. ¡Y también es tu amiga, por cierto! ¡¿Por qué te enfada tanto que la vea a solas?!
—¡ES EL PRINCIPIO DE HACERLO! ¡Eres mi mejor amigo! ¡Ella puede tenernos a ambos, pero no solo a uno!
—¡Eso ni tiene sentido!
Oh, Foxx lo sabía. Pero no le importaba.
—Te quedaste sin galletas.
—¡Me las merezco! —rugió Alastair—. ¡Son mis privilegios de mejor amigo!
—¡Un mejor amigo no abandona al otro al frío para ir a ver a una pelirroja al otro lado del mundo!
—¡Tú harías lo mismo si estuvieras en mi lugar! Y su cabello es más rojo oscuro que pelirrojo.
—No lo haría, ¡y eso no viene al caso! —negó Foxx.
—¡Claro que lo harías!
Alistair no estaba equivocado. Él habría abandonado a su amigo ante el primer copo de nieve. Y sí le agradaba Meg, pero Alastair era su mejor amigo. Si ella lo quería, debía aceptarlo con Foxx incluido en el paquete. Aun así, el vampiro no necesitaba saber que tenía razón.
—¡No! Y te quedaste sin galletas. Se las daré a Harlow.
—¡Está obsesionado con lo saludable! Ni siquiera las comerá.
—No es mi problema. —Foxx tarareó indignado mientras tomaba una galleta y le daba una mordida. Emitió pequeños gemidos de placer al masticar y sonrió ampliamente al ver cómo el ceño de Alastair se profundizaba.