Dosis de Miedo (Las Involuntarias Aventuras de Harlow y Foxx 2)
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1 ¿Amigo o rehén?
—Los vampiros son gatos —dijo Harlow Blackmore sin la menor emoción. ¿Para qué alterarse si era un simple hecho?
Tony Varley, director del Gremio de Cazadores de Houndside Hazard, estaba sentado frente a él con la mirada perdida, como si no hubiera escuchado lo que acababa de decir.
De piel morena y ojos cafés, el hombre de sesenta y dos años conservaba el cuerpo de un exjugador de fútbol americano retirado.
Robusto, aunque empezaba a ablandarse un poco en el abdomen.
En los veinte años que Harlow lo conocía, jamás lo había visto con algo que no fuera un corte militar, incluso cuando su cabello pasó del negro al blanco.
Para su edad no se veía mal. Apenas unas cuantas arrugas aquí y allá en el rostro; cualquiera que no lo conociera pensaría que rondaba los cuarenta.
Harlow opinaba que ese aire de «oficinista» que ahora adoptaba lo envejecía más que las arrugas y el cabello blanco. ¿Qué tenía con los polos blancos y los pantalones caqui? Se negaba a creer que realmente le gustara vestirse así, considerando lo jodidamente incómodo que se veía con esa mierda.
¿De verdad Tony pensaba que sus viejas chaquetas de cuero y camisetas no serían lo bastante profesionales para un grupo de cazadores? NAH, seguro era idea de la perra de su esposa. Ahora que lo pensaba, el cambio de estilo había comenzado justo después de casarse, hacía cinco años… uf.
Harlow tomó nota mental de buscar una nueva forma de fastidiar a la mujer, antes de repetir:
—Los vampiros son gatos.
La expresión de Tony por fin cambió, aunque más bien adoptó un gesto de incredulidad absoluta.
—Los vampiros no son gatos.
Harlow sonrió de lado.
—Está bien. Tal vez no todos. Pero Foxx es un gato.
Un tic apareció en la mandíbula del hombre.
—Foxx no es un gato.
—Escúchame. Le gusta tirar cosas de las mesas. Es temperamental como un gato: un minuto te abraza y al siguiente está gritando. Hace algo mal, lo descubres y luego actúa como si no hubiera pasado nada. En consecuencia, Foxx es un gato.
Tony se frotó el rostro.
—Foxx no es un gato.
—Ves, estás cayendo en la trampa de pensar que no lo es, pero sí lo es. Foxx solo lo esconde. Bueno, no exactamente… más bien no notas las señales porque casi no convives con él.
—Sí, y eso me confirma que tú convives demasiado con él.
Harlow apenas contuvo la sonrisa.
—No, pero mira… ¡Mira este video! Es la prueba.
Sacó un pequeño reproductor de video de uno de los bolsillos interiores del abrigo. Lo abrió y presionó «reproducir» para mostrarle la evidencia.
Tony miró la pantalla mientras una vena comenzaba a palpitarle en la frente.
—¿Por qué me cuentas todo esto?
Harlow parpadeó.
—¿Porque puedo?
¿Necesitaba una razón? ¿Más allá de querer molestar a Tony y a Foxx al mismo tiempo? Nop. Nop, eso era todo.
—No tienes a nadie más a quien decírselo, ¿verdad? —acusó Tony con dureza.
Harlow se encogió de hombros, sin darle importancia.
No era del todo cierto decir que no tenía a nadie…
Supuso que podría decírselo a ese mocoso, Gavin.
¿Pero qué gracia tendría? Gavin solo asentiría.
Además, probablemente aparecería a causar caos si lo llamaba…
sobre todo después de enterarse de que su casa había explotado. No, definitivamente no lo llamaría.
También tenía la sospecha de que Gavin y Foxx juntos serían un dolor de cabeza. No sabía exactamente cómo, pero prefería averiguarlo mucho más adelante.
—Como decía, mira el video —insistió Harlow con una sonrisa maliciosa.
Tony gruñó, aunque bajó la mirada.
—¿Por qué tienes una grabación de Foxx? ¿Y por qué está de lado?
Harlow volvió a encogerse de hombros.
—Es posible que haya tirado la cámara porque quizá estaba escondida dentro de una figurita de un gato negro.
—¿Podrías dejar de ser un jodido loco por un momento y reconocer lo perturbador que es grabar en secreto a tu compañero de departamento? Que, por cierto, es el dueño del lugar donde vives. Sabes que no tienes a dónde ir si te echa, ¿verdad?
—Nah, no lo hará. Creo que es más probable que intente estrangularme mientras duermo a que me eche. Le gusta demasiado mi polla.
—Fuera de mi oficina —gruñó Tony.
—¿Pero por qué? ¿No se supone que íbamos a hablar del último caso? —preguntó Harlow con una risa corta.
Ay, era tan fácil provocar a Tony. Y, siendo honestos, lo que dijo no era mentira. Foxx sería más propenso a intentar matarlo que a echarlo.
Lo retorcido era que la idea de enfrentarse en serio con Foxx le resultaba emocionante. No estar seguro de ganar solo aumentaba la sensación.
—Qué bueno que recuerdes POR QUÉ estás aquí, enfermo. En serio, Harlow, consigue amigos para contarles estas mierdas.
—Mmm, no. Prefiero contártelas a ti.
Tony lo fulminó con la mirada.
—Me niego.
—Negativa rechazada —canturreó Harlow con una sonrisa descarada.
—Te odio tanto… —suspiró el hombre—. Bien…
El último caso ya fue revisado. Molestó a mucha gente, pero lo superaron.
Con base en la evidencia, se determinó que las muertes estaban justificadas.
—Tony empujó hacia él una pila de papeles de al menos cinco centímetros de grosor, con una sonrisa maliciosa—.
Solo falta que leas el informe y pongas tus iniciales en cada página para confirmar, una última vez, que lo ocurrido ocurrió.
—Cada… página… —repitió Harlow lentamente, mientras su sonrisa desaparecía.
La sonrisa de Tony, por su parte, se ensanchó.
—Cada página. Y asegúrate de leerlas todas, porque algunas requieren firma completa. Ah, y el espacio para firmar cambia de lugar, así que puede tomarte un rato.
—¿Y Foxx no tiene que hacerlo?
—Resulta que la palabra de un vampiro no pesa tanto como la tuya, por ser humano. Un bonito ejemplo de prejuicio y discriminación. Molesto, ¿no? —dijo el hombre de forma engreída y con los ojos brillando de puro deleite.
Harlow entrecerró los ojos hacia el otro humano.
—Cabrón… Estabas ansioso por soltar esta mierda, ¿verdad?
—Y tú estabas aburrido, fastidiando a tu compañero y, de paso, a mí, con esa tontería de lo del gato.
Harlow cruzó los brazos y se hundió en la silla.
—¿Aburrido? Tal vez. ¿Fastidiar? ¿Yo? No, jamás fastidiaría a Foxx.
—Y una mierda.
Harlow rio entre dientes.
—Supongo que tienes razón, he estado aburrido últimamente.
Entre que estoy de baja por las lesiones y toda la basura burocrática…
la vida se ha vuelto un poco rutinaria. —Hizo una arcada al decir la palabra—.
Aunque me ha dado tiempo para planear mi siguiente movimiento.
Voy a construir una ciudad de cajas y ver qué pasa cuando Foxx y su amigo lleguen.
—¡Deja de tratar a tu compañero como si fuera un puto gato!
—No lo creo. Además, quién sabe, ¡podría ser un avance científico!
No lo sería. Era una completa tontería, pero lo entretenía. Además, ¿cómo era su culpa que Foxx fuera tan parecido a un gato? Y tan divertido de molestar.
—Solo cállate y ponte a trabajar.
Harlow miró la pila con desagrado. Aquello sería un infierno.
—¿Puedo ir a beber agua antes de empezar? Estoy particularmente sediento.
—Siempre tienes sed. Ponte a trabajar.
Cabrón… aunque tuviera razón. Sí, siempre tenía sed.
Harlow puso los ojos en blanco, se enderezó y tomó un bolígrafo del escritorio de Tony.
—Aaay, ¿y esa cara tan larga? Piensa que cuando termines podrás volver al trabajo y, con suerte, te matarán para que no tenga que soportarte más.
Harlow sonrió de lado.
—Como si fuera a morirme y darte paz. ¿Dónde estaría la diversión en eso?
Tony cerró los ojos y gruñó, masajeándose las sienes.
—La culpa es mía. Debí dispararte en vez de ofrecerte trabajo hace veinte años.
Harlow soltó una carcajada.
—La previsión es cruel, ¿no?
—¡Y tanto! —gruñó Tony con agresividad—.
Ah, olvidé decirte algo… —Se inclinó para recoger algo del suelo.
Los ojos de Harlow se abrieron cuando dejó caer sobre el escritorio una pila de papeles al menos tres veces más grande que la anterior—.
Esos son solo los documentos del estado donde ocurrió el caso.
Estos, sin embargo, son los federales. ¡Que te diviertas!
Hijo de puta…