Capítulo 18 #3
No tengo tiempo de abrirla porque me sujeta del brazo, otra vez.
—Déjame en paz. —Me suelto y retrocedo.
El terreno no está iluminado y su cara está cubierta por un sinfín de sombras diminutas procedentes de las ramas del roble enorme que se mueven sobre nuestras cabezas.
—Dime qué te pasa. ¿Qué he hecho? No soy adivino, ¿vale? Si no me lo dices, no lo sé.
Puedo distinguir su gesto de preocupación en la oscuridad.
También el sonido de su voz. Me estremezco.
Mierda. El dolor sigue ahí, en el centro de mi pecho, y no se va a ir por mucha distancia que ponga.
Me muerdo el labio y meneo la cabeza. Luego golpeo la carrocería y el dolor consigue centrarme un poco.
—Tú no tienes ni idea de lo que es. —Aprieto la mandíbula cuando siento el inicio de las lágrimas. No pienso llorar delante de él. Antes me arranco los ojos.
Me doy la vuelta y pateo una hoja caída.
—¿El qué? —insiste y yo respiro hondo y me froto la cara con las manos—. Termina la frase, joder. ¿De qué no tengo ni idea?
—De lo que es sentir que sobras. Ser un bulto en la vida de los demás.
¿Alguna vez has llenado una mochila con lo justo para vivir?
¿Has salido sin tener ni idea de a dónde ir?
Porque mi vida es eso. Un puto parque de atracciones de los que pisas por primera vez.
Estás ahí, pero no sabes dónde te va a tocar entrar.
—Lo miro con rencor, aun sabiendo que no tiene la culpa de que mi situación sea una mierda—.
Joder, no sé por qué pierdo el tiempo contigo.
Intento entrar en el coche, dejarlo atrás, evitar que me mire, que me haga preguntas, pero esta vez me sujeta de la cintura para que no me vaya.
—¿Es por lo que te dije de la casa de Levi? No pretendía que te sintieras mal. Me da igual lo que piense Owen, en realidad. Nunca hablamos de su relación con Levi.
—Ya. Porque estás enamorado de él. Lo sé.
—Porque no me meto en la relación de nadie.
—Ya.
Dejo de resistirme. Él me sujeta la barbilla con una mano y se acerca lo suficiente para poder mirarnos.
—No sobras. Dudo que Levi piense que sobras. Owen probablemente sí, pero es porque le molesta la idea de que te hayas tirado a su alma gemela. Es así de tonto a veces.
—Ya.
—¿Vas a seguir repitiendo eso?
—Hasta que me sueltes y dejes que me vaya.
—Pues no pienso hacerlo. Vas a venir conmigo a casa.
—No. —Intento apartarme, aún con sus manos en mi cintura. Enseguida me aprieta con más fuerza.
—Sí.
—No puedes obligarme.
—No lo haré. Pero sé que vendrás.
—¿Por qué estás tan seguro?
—Porque quieres follarme, casi tanto como yo quiero que lo hagas. Y paso de que mi primera vez sea en una habitación de una fiesta cualquiera. Quiero hacerlo en mi cama.
—¿Tu primera vez?
—No recuerdo la otra, así que sí.
—Eso de hacerlo en tu cama ha sonado muy romántico. ¿Vas a poner velitas o algo? ¿Me vas a pedir que te haga el amor? Porque no soy de esos, por mucha compatibilidad que tengamos. Además, no me gusta ser las sobras de nadie, y menos si ese alguien es Owen.
James se aparta. Qué fácil es tocarle los huevos.
Miro un instante a la calle oscura y luego a él, que ya se está rascando el pelo en ese gesto mitad nerviosismo mitad incomodidad.
Sé que le he hecho daño, sé que si lo dejo así no habrá una próxima vez, sé que no puedo hacerlo.
Mierda. Porque me gusta James. Dios, me gusta muchísimo.
Lo suficiente como para que me duela lo que me dice y aun así no querer hacerle daño.
¿Cuándo ha pasado esto? Ya no me mira. Está nervioso y busca un modo de salir del paso, pero no le sale.
Nunca lo he visto así. James siempre tiene una réplica cruel en la punta de la lengua.
Comprendo que mis palabras le han hecho bastante daño, y la idea de saberlo me destroza.
—No te pongas así, joder. Ni siquiera te gusto, así que no me hagas creer que sí.
James abre los ojos, también los labios.
—Eres imbécil.
—Lo sé y lo siento. —Me acerco a él y esta vez soy yo quien lo rodea por la cintura y él quien se intenta apartar—.
No te apartes, por favor. —Uno mi frente a la suya y respiro hondo—.
Soy más que imbécil cuando me enfado, y llevo horas alimentando mi enfado.
En mi defensa diré que solo me pasa cuando alguien me importa.
Se aparta un poco para mirarme. No lo dejo hablar. Lo sujeto de la nuca y lo beso como si quisiera explicarle la manera en que pienso hacérselo si me deja. Lento y profundo, penetrando cada rincón de su boca.
—Me gustaría mucho follarte, hacerte el amor o lo que quieras —digo contra sus labios. Él respira hondo—. ¿Te apetece en serio que vaya a tu casa contigo o solo lo has dicho por pena?
James me sujeta la barbilla con una mano.
—¿Alguna vez me has visto hacer algo por pena? Y tú eres la persona que menos pena me inspira. Me provocas muchas cosas, pero pena desde luego que no.
Sonrío. Lo vuelvo a besar.
—Entonces prepárate. Porque pienso follarte a lo bestia.
No necesito verle bien la cara para saber que se ruboriza.