Capítulo 7
CAPÍTULO
SIETE
JAMES
Una semana; ese es el tiempo que lleva Ryder pegado a mí, desde que entro a trabajar hasta que se decide a marcharse de mi casa después de cenar, o de leer algún cómic, o de cocinar con mi padre mientras mantienen conversaciones superprofundas a las que no presto atención.
Sé que alguna vez hablan de mí y que ayer nos escuchó cuando le conté a mi madre que voy a romper la relación con mi actual novia, a la que llevo sin ver desde hace…
¿un mes? Desde que la cambiaron de sucursal en el banco en el que trabajaba y tuvo que mudarse a Winter Falls, una ciudad casi tan pequeña como Eeriewood a unas dos horas y media de distancia en coche, apenas nos vemos más que para una cena rápida que siempre termina en un revolcón todavía más rápido.
No tiene sentido seguir alargando una relación que no va a llegar a ninguna parte.
Y me gustaría arreglar mi vida sin la sombra de Ryder cerniéndose sobre mí. Ya le he dicho que me deje ir a mi puñetera cita en paz, pero no me ha hecho ni caso y sigue a unos centímetros de mí silbando de forma jovial. Es agotador.
—Mira, quiero que me dejes de seguir, ¿vale?
—le suelto cuando cruzamos la calle para llegar al centro.
Sarah ha venido a ver a su familia, que vive a unos veinte minutos de la plaza central de Eeriewood, pero hemos quedado en vernos en la cafetería de los Langston, que está muy cerca de mi casa y del gimnasio, y siempre voy caminando—. He quedado y no quiero público.
Ryder se mete las manos en los bolsillos de la cazadora que he tenido que prestarle cuando salía del gimnasio y lo he visto ahí bajo el toldo como un pobre pollo.
No ha dejado de llover desde ayer por la noche y las temperaturas han bajado de manera inesperada.
Lo miro de soslayo; vuelve a tener la diadema elástica, lo que le deja expuestos los pómulos algo ruborizados por el frío.
También le miro los labios, ahora fruncidos en una mueca.
—Con tu novia la espía imaginaria a quien, si quieres mi opinión, deberías haber dejado hace tiempo. ¿Por qué no lo has hecho ya?
—Porque no me ha salido de la polla. Y no quiero tu opinión.
Aparto la mirada y aumento un poco el ritmo para dejarlo atrás. Enseguida se coloca a mi altura otra vez.
—Lárgate —le repito.
—Pero es que tu madre tiene razón y…
—Ryder, no me toques los huevos, por favor te lo pido, y márchate de una vez.
Estoy a nada de volver a apretar el paso cuando la veo cruzar por delante de nosotros.
Vaya suerte la mía. Ella se queda inmóvil, con los ojos un poco entrecerrados.
Lleva una chaqueta larga y el pelo recogido en una coleta.
Siento una punzada en el estómago, y no por lo guapa que está (a pesar de estarlo), sino porque no siento nada.
Nada. Dios. ¿Cuánto tiempo llevamos juntos?
¿Tres meses? Casi el mismo tiempo que llevo sin liarme con Ryder.
La conocí unos días después de la noche de marras que tengo en blanco y que a él le encanta recordarme, en el cumpleaños de un amigo con el que estudié Gestión Deportiva.
Tendría que haber cortado con ella cuando se marchó de Eeriewood, pero no es tan fácil cortar con alguien a quien ni siquiera ves.
Al final, Owen tiene razón cuando me dice que no sé gestionar mi vida sentimental.
Owen siempre tiene razón. O la tenía, ya que ahora no me habla de eso.
Desde que se dio cuenta de lo que sentía por él dejó de hablar de mis relaciones.
Salvo de Ryder, claro. Mi relación con él le interesa muchísimo.
—Hola —se adelanta Ryder a saludar cuando ve que me he quedado congelado en el sitio. La estudia de arriba abajo y añade—: Qué guapa eres. No esperaba menos de ti.
Me da un codazo. Es tonto. Muy tonto. Y me sobra. Se lleva el aire a pesar de que estamos en la calle. Es agobiante.
—¿Quién es? —me pregunta Sarah.
Voy a contestar cuando Ryder lo hace por mí.
—Ryder Jones, encantado. ¿Y tú eres...? En la familia se rumorea que podrías trabajar para el servicio secreto británico —dice, llevándose la mano a la boca como si estuviera contándole un secreto.
—¿Qué? —Es lo único que acierta a decir Sarah.
No me extraña. Yo también tengo la mente en blanco. Solo puedo pensar en que voy a matar a Ryder. Es más, me voy a tomar mi tiempo.
Ella me mira con las cejas enarcadas. Ni siquiera me ha saludado, y eso que se supone que quiere que conozca a sus padres, razón por la que decidí que tenía que cortar por lo sano. No puedo conocer a sus padres cuando apenas la conozco a ella.
—¿Qué? —repite Sarah.
Creo que es a mí a quien dirige la pregunta, pero es Ryder quien contesta.
—No pensaba venir con él hoy. Sé que las parejas necesitan su espacio y todo eso…
Pero es que sigue sin dejarme entrar en el gimnasio y he decidido que no me separaré de él hasta que lo haga —explica como si de verdad ella supiera de lo que habla y le interesara la información—.
Y, bueno, también estoy aquí por si necesita apoyo moral después de la ruptura y eso.
Los ojos de Sarah se clavan en los míos. Mierda.
—¿Qué ruptura?
—En serio, tío. ¿Te crees gracioso? —le recrimino.
—¿No lo soy? —Me dedica una sonrisa llena de dientes.
—¿Vas a dejarme? No puedes dejarme —replica Sarah—. Dijiste que vendrías al cumpleaños de mi madre. Se suponía que te los iba a presentar.
—Bueno, eso lo dijiste tú, yo nunca accedí a ello; y precisamente es una de las razones por las que creo que deberíamos dejarlo. No creo que sea buena idea conocer a tu familia.
Ella mira a Ryder con la boca un poco demasiado abierta.
—A mí no me mires. Yo no pienso conocer a los padres de nadie. Estoy en pleno proceso con los de este.
—¡¿Perdona?! —dice ella, indignada. Y con razón.
—Cállate ya, joder —le ordeno a Ryder mientras lo sujeto por el cuello de mi cazadora.
Los músculos se le tensan ante el contacto. Mi mente viaja a otro momento en el que hice exactamente eso, en otras circunstancias muy distintas. Quería comerle la boca, y también que me comiera la polla, ya puestos.
—Vale, vale. No te pongas así. —Me agarra la muñeca con mucha pero mucha delicadeza y me aparta la mano.
Sarah nos mira con cara de… ¿asco?
—¿Estáis liados? ¿Es eso?
—Nos hemos liado, sí. En pasado. Bueno, en pretérito perfecto compuesto, para ser exactos. Pero ahora mismo no lo estamos. ¿Mañana? Quién sabe.
—No, no estamos liados —me apresuro a explicar.
—Es lo que le he dicho —se queja Ryder.
—No, no has dicho eso. Y, además, deberías dejar de decir cosas ya, coño. Ni siquiera sé por qué estás aquí.
—Sabes por qué estoy aquí.
Sarah nos sigue mirando; se lleva las manos a la cintura y, tras negar con la cabeza, resopla y dice:
—Dios, pero qué tonta soy. Me lo dijeron y no hice caso. Nunca debí salir con alguien como tú.
—¿Alguien como yo? —Sé que no debo cabrearme, dado que todo esto es por mi culpa, pero no es la primera vez que escucho esa frase. Y la odio, porque sé lo que implica—. ¿Te refieres a un bisexual?
—Me refiero a alguien que no valora a las personas. Me da igual si eres bisexual o si follas con extraterrestres. Estás vacío por dentro, ese es el problema.
—Hum, me vas a permitir que me meta —interviene Ryder—, pero creo que el problema es que está demasiado lleno por dentro. No le cabe nadie más, ¿me entiendes ?
Ni siquiera lo mando callar esta vez. Mi mirada habla por sí sola.
—Vale, vale —dice con cara de pena. Lo que me faltaba, que Ryder me tenga lástima.
Decido no prestarle atención porque no quiero empezar otra discusión absurda y vuelvo a centrarme en mi novia; o en mi exnovia, o en lo que sea.
—Mira, lo siento. No quería que las cosas acabaran así.
—¿No querías? Dime una cosa. ¿Alguna vez pensaste en conocer a mis padres? ¿Pensaste de verdad en comportarte conmigo como una pareja normal? Ni siquiera te molestabas en llamarme, tenía que hacerlo yo, y a veces ni me cogías el teléfono.
No contesto. No sé qué decir.
A Sarah se le llenan los ojos de lágrimas, pero las aparta enseguida con ese carácter arrollador que me conquistó cuando la conocí.
—¿Sabes qué? Algún día aparecerá alguien por quien sientas algo tan grande que te hará sentir pequeño.
Sentirás tanto que la idea de perderlo te hará sentir diminuto.
Y lo único que podrás hacer será rezarles a los dioses en los que no crees para que no te rompa el corazón.
—Se ríe, como si le hicieran gracia sus propias palabras—.
Claro que para eso tienes que tener algo dentro.
Quizá hasta te libres. En fin. —Nos mira a ambos—. Que os den muy fuerte. A los dos.
Luego se marcha, dejando a un Ryder muy indignado y a mí bastante confundido.
—Eh, ¡que yo no tengo la culpa de nada! —grita antes de mirarme y añadir—: ¿He sido cruel?
No me gusta ser cruel. Nunca es mi intención, aunque lo directo que soy a veces tenga ese efecto rebote.
Soy consciente de ello y no me gusta. Pero tampoco me ha gustado como ha dicho lo de «pareja normal » ni lo de que estás vacío por dentro.
Creí haber dejado claro que el problema es justo el contrario.
Me lo quedo mirando durante un buen rato.
Él permanece a mi lado. Le da pataditas a las piedras y silba, como si estuviéramos ahí matando el tiempo y no tuviéramos nada más que hacer.
También parlotea sobre Apocalipsis , el juego de su amiguito del alma del que él también es desarrollador, y mira el móvil con mucha atención. Varias veces. Demasiadas veces.
—¿Me puedes prestar atención?
—Lo estoy haciendo. Tienes toda mi atención —me asegura, pero sigue con la mirada fija en el móvil.
Se lo quito.
—Eh, devuélvemelo.
—Paso. —Me lo guardo en el bolsillo trasero del pantalón—. Mírame.
—Te estoy mirando. —Intenta llegar a mis pantalones, pero lo sujeto de la cazadora y pongo distancia entre nosotros. Me contengo para no reírme cuando empieza a dar saltitos—. No tiene gracia. Devuélveme el móvil.