Donde todo es posible (Serie Legacy 2) 8. AVERY #2
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8. AVERY #2

—Han sido siete años de fantasías, Avery, siete años de imaginar cómo ibas a gritar mi nombre, lo fuerte que te agarrarías a mí mientras te la metía. Siete años esperando a que te corras conmigo dentro. Tengo recursos de sobra para llevarte ahí.

Gemí, sintiendo ya aquella tensión que empezaba a generarse. Cambió de ángulo para poder entrar más y nuestros cuerpos fluctuaron en perfecta sincronía. Era como si lleváramos años haciendo el amor, tan ajustados, tan bien sintonizados.

—Te quiero —jadeó—. Nunca voy a cansarme de esto..., nunca voy a cansarme de ti.

«Oh, sí. Sigue».

Me moví más rápido hasta que mi mundo se convirtió en una nebulosa de sensaciones y de River, de su aliento, su cuerpo, su aroma, su corazón.

Y fui acercándome al orgasmo hasta que estuve a punto de estallar.

—River —le supliqué.

—Sí —susurró apretando los dientes, y luego ancló su boca a la mía.

Moviendo hábilmente los dedos, me deshizo y se tragó mi gemido con un beso.

En cuanto empecé a desmoronarme encima de él, nos dio la vuelta de forma que yo quedé bocarriba. Mientras nos besábamos apasionadamente, empezó a embestirme a un ritmo que me puso a mil y me produjo un nuevo orgasmo.

Gritó mi nombre mientras se corría, tensando los músculos por encima de mí, y en medio de la bruma de placer no fui capaz de pensar más que en lo guapo que era.

Un beso salado después, se derrumbó y nos pusimos de lado.

Nos miramos, jadeando.

—Creo que esto se nos podría dar muy bien —dije.

Sonrió y se me encogió el corazón, gritando un sentimiento al que no podía, no quería, poner nombre.

—Sí, pero mejoraríamos mucho con la práctica...

—Con mucha práctica... —coincidí.

—Toda la que puedas soportar —me prometió, besándome la nariz. Luego se esfumaron las risas—. Ha sido... No sé cómo describirlo. «Perfecto» se queda corto.

«Arrollador. Demoledor».

—«Perfecto» no está nada mal.

Me besó y me abrazó como si fuera valiosísima para él.

—¿Hola? ¿River? —se oyó una voz femenina abajo.

Buscamos la ropa a toda prisa y nos vestimos mientras él gritaba:

—¡Un segundo!

Di un tropezón intentando ponerme una de las sandalias; por suerte, me agarró justo antes de que cayera al suelo.

—Yo solo quería...

—Perfección —dije, y le di un beso rápido en cuanto estuvimos listos—. Pues ya la tenemos. Vamos a ver quién es.

Bajamos cogidos de la mano y nos encontramos en la cocina a una rubia menuda y voluptuosa registrando la nevera. Se volvió al oírnos y sus ojos verdes se iluminaron de alegría.

—¡Madre mía!

—¿Harper? —preguntó River.

Por la forma en que se arrojó a sus brazos, deduje que sí era ella.

La dejó en el suelo y Harper se volvió hacia mí y me abrazó con idéntico entusiasmo.

—¡Tú debes de ser Avery! —dijo apartándose, sonriente—. Ya me ha contado Bishop que vais directos a la pared del Chatterbox. Yo soy Harper, la hermana de Ryker.

—¿La pared del Chatterbox? —pregunté cuando River me rodeó con un brazo—. ¿Ryker?

River me besó la coronilla.

—A Ryker no lo has conocido aún; ahora mismo está en un incendio con Bash.

Son los dos de la edad de Bishop, pero yo me gradué con Harper.

Y en el pueblo tenemos la tradición de que las parejas graben su nombre en la pared del Chatterbox, la cafetería de la abuela de Knox, cuando están preparadas para declararse amor eterno.

Se me derritió el corazón.

—En mi vida había oído nada más romántico.

Harper suspiró.

—Es que lo es. Hasta que hay algún divorcio o una aventura amorosa y te encuentras a alguien rascando como un poseso la pared con una navaja.

—Pasa a veces —confirmó River—. Me alegro de verte, Harper, pero ¿qué haces tú aquí?

—Ah, es que Knox me ha dicho que esta casa aún no tenía la luz conectada y, al ver que no volvíais, ha supuesto que no querríais andar a ciegas si os quedabais más rato.

—¿Cómo has sabido que estábamos en esta? —preguntó.

—No lo sabía. He mirado en otras cuatro primero —confesó—. El caso es que ya tenéis luz, por si queréis seguir con... —dijo señalándonos— ese polvo brutal que estabais echando.

—No estábamos... —balbucí espantada.

—Llevas la blusa del revés —dijo, quitándole importancia con un manotazo al aire—. Bueno, el caso es que la ceremonia es mañana por la tarde y la asamblea del consistorio por la noche, así que retozad todo lo que queráis.

Me moría de vergüenza. Era como esa pesadilla en la que vas a clase desnuda, solo que en mi caso yo llevaba la ropa del revés y aquello era real.

—Gracias por venir a ver si estábamos bien. ¿Se pueden hacer pedidos a domicilio aquí?

Harper ladeó la cabeza.

—Igual en Magnolia’s. ¿Le digo a Knox que os quedáis con esta?

—A Knox, ¿eh? —contestó River sonriente.

Ella se puso más colorada que la camiseta de tirantes que llevaba.

—Calla, anda.

River rio y le vibró el pecho entero.

—Está bien saber que no han cambiado tanto las cosas por aquí. ¿Emerson ha vuelto ya con Bash?

—¿Cómo lo has sabido?

—A ver, lo de Emmy y Bash cantaba un montón. Casi tanto como la forma en que rondabas tú a Knox, rezando para que ni él ni tu hermano se dieran cuenta...

Lo miró con los ojos fruncidos.

—Uf, y no llevas en el pueblo más que un día. —Luego me miró a mí, con una sonrisita en los labios—. Tú y yo nos vamos a llevar de maravilla. Necesito a alguien que haga piña conmigo contra esta panda.

Asentí con la cabeza y contesté:

—Eso suena bien.

Me gustaba su franqueza, y que ni se andaba con rodeos ni coqueteaba con River. Claro que había visto lo bueno que estaba Knox y, si River estaba en lo cierto y a ella le hacía tilín, tampoco se lo podía reprochar.

—Sí, dile a Knox que nos quedamos con esta —contestó River—. ¿Crees que conseguiremos cubrir el cupo en la asamblea de mañana?

Su sonrisa se esfumó.

—Lo lograremos, de un modo u otro.

La determinación de su semblante era la misma que llevaba años viéndole a River, la misma que le había visto a Knox cuando nos había enseñado la casa club.

Aquella era una generación de acero, con una tenacidad que yo notaba solo con mirarlos.

Compadecía a cualquiera que intentase impedirles recuperar su brigada de élite de bomberos forestales.