Donde mueren los flamencos (Las huellas de la tierra 1) Capítulo 24
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Capítulo 24

Marta había dicho la frase mientras desplegaba dos planos sobre la mesa.

Elena no respondió enseguida.

Habían quedado en una sala del CADS a última hora de la tarde. Irene estaba en otra reunión y Berta había salido, de modo que no había nadie más con ellas.

—Bien. Entonces mira esto.

Marta acercó una de las hojas.

Era una serie correspondiente a varias parcelas del mismo sector. Las oscilaciones de salinidad no eran iguales, aunque sí compartían una tendencia estacional: a medida que avanzaba septiembre, algunas recuperaban peor después de determinados episodios de drenaje.

—Final de campaña —dijo Marta—. Menos margen para corregir, más evaporación acumulada y más parcelas intentando mover agua en franjas parecidas.

Elena recorrió las curvas con la vista.

La explicación era razonable.

No suficiente.

—Eso explica una tendencia —dijo—. No estos picos.

Señaló tres puntos de D-17.

Marta los observó.

—Pueden ser decisiones operativas.

—¿Cuáles?

—Prioridades de drenaje. Una parcela descarga antes, otra espera. Se cambia un nivel para no sobrecargar un ramal. No siempre se hace de la misma manera.

—¿Queda registrado?

—Debería.

—¿Y si no?

Marta levantó la vista.

—Entonces tienes un problema documental.

—No solo documental.

—Depende de qué haya ocurrido realmente.

Elena apoyó el dedo sobre la primera fecha.

—Aquí D-17 pierde capacidad de evacuación.

Después señaló la segunda y luego la tercera.

—Aquí vuelve a pasar. Y aquí también.

Marta siguió la serie sin interrumpir.

—Las parcelas próximas no responden igual —continuó Elena—. Hay oscilaciones normales, sí, pero no este patrón.

—¿Qué llamas patrón?

La pregunta no era defensiva.

Era técnica.

Elena agradeció que lo fuera.

—Ventanas separadas. Empeora la evacuación, aumenta la conductividad y luego recupera parcialmente. Días después vuelve a ocurrir.

Marta se inclinó sobre la mesa.

—¿Con qué controles?

Elena le enseñó dos.

—Estos.

—Son próximos, pero no equivalentes.

—Lo sé.

—Cambian cota, entrada y tiempo de renovación.

—También lo sé.

Marta señaló el plano.

—D-17 está peor situada para recuperar. Si acumula sal, una misma reducción de renovación le afecta más.

—Eso no explica por qué la reducción aparece en esas ventanas y no de forma continua.

—No he dicho que lo explique.

Elena la miró.

Marta se encogió de hombros.

—Me estás pidiendo que descarte una manipulación. No puedo hacerlo con estas hojas.

—Tampoco te he pedido eso.

—Entonces, ¿qué quieres?

Elena retiró una de las series.

—Saber qué explicación ordinaria podría producir lo que veo.

Marta pensó antes de responder.

—Varias: cambios de prioridad en el drenaje, ajustes por nivel aguas abajo, maniobras de mantenimiento, una incidencia menor en una compuerta, un operario que abre más tarde de lo previsto, una lectura que entra con retraso o un sensor que no refleja exactamente el momento de una maniobra.

—¿Todo eso en varias fechas?

—Puede ocurrir más de una vez.

—Claro.

Marta la miró de lado.

—No te gusta.

—No he dicho eso.

—Pero quieres algo más limpio.

—Quiero algo que explique la repetición.

—La operación real rara vez es limpia.

Elena anotó la frase.

Marta lo vio.

—No era una confesión.

—No he dicho que lo fuera.

—Bien.

Durante unos segundos solo se oyó el aire acondicionado.

Elena abrió otra hoja.

—Hay otra cosa. La degradación de D-17 empezó antes del episodio de Gola Blanca.

Marta asintió sin sorpresa.

—Eso parece.

—Y el carbofurano no la explica.

—No.

La respuesta fue inmediata.

Elena levantó la vista.

—¿Tan claro?

—Sí. Una exposición aguda de ese tipo no te construye durante semanas este patrón de salinidad y mala evacuación.

Era exactamente lo que Elena había concluido en el campo.

—Entonces tenemos dos episodios.

Marta juntó las manos.

—Como mínimo, dos problemas distintos.

—Eso he dicho.

—No exactamente.

Elena esperó.

—«Dos episodios» suena a que alguien los ha provocado —dijo Marta—. Yo diría que tienes una degradación previa en D-17 y un episodio tóxico posterior en Gola Blanca. Que estén conectados o no es otra cuestión.

Elena la miró durante unos segundos. La precisión era buena.

—De acuerdo.

Marta se recostó en la silla.

—No todo lo que pasa en la misma red tiene la misma causa.

—Eso también lo sé.

—Pues te lo digo porque llevamos días intentando encajar el teléfono, los flamencos, Laura, D-17 y ahora Riberes.

Elena no reaccionó a la última palabra.

—¿Quién te ha hablado de Riberes?

Marta tardó un instante.

—Irene comentó que había documentación de Laura con referencias a tierras.

No era una respuesta extraña.

Riberes del Sud no era un nombre secreto. Clara había dicho que aparecía en documentación de la zona.

Elena no siguió por ahí.

—¿Y MR?

Marta levantó ligeramente las cejas.

—¿Qué es eso?

—Eso quiero saber.

—¿Una referencia de Laura?

—Sí.

—Entonces no puedo ayudarte.

Elena sostuvo su mirada.

Marta no preguntó si eran iniciales ni propuso nombres. Simplemente dejó la cuestión donde estaba.

—Bien —dijo Elena.

Pasó a otra hoja.

—Volvamos a D-17.

Marta acercó el plano de operación.

—Aquí tienes las entradas principales y los drenajes secundarios.

Elena ya los conocía, pero dejó que explicara.

—A final de campaña puedes tener parcelas que necesitan sacar agua y otras que intentan retenerla más tiempo. Si priorizas una rama, otra puede recuperar peor durante unas horas.

—¿Durante horas o durante días?

—La maniobra puede durar horas. El efecto puede durar más.

—Eso sí encaja.

—Claro que encaja.

Marta señaló D-17.

—Si la parcela ya viene cargada de sal, cualquier mala renovación pesa más.

—¿Y por qué solo D-17 muestra esos dientes tan marcados?

—Porque no todas parten del mismo estado.

—Eso explica sensibilidad. No recurrencia.

Marta apoyó la espalda.

—Entonces necesitas el histórico operativo completo.

—Sí.

—No estas series resumidas.

—Sí.

—Entradas, salidas, niveles, ventanas y cualquier incidencia.

—Sí.

Marta sonrió apenas.

—Hemos tardado bastante en llegar a lo obvio.

—Lo obvio suele necesitar datos.

—Eso también te lo compro.

Elena no devolvió la sonrisa.

Abrió el cuaderno.

—Hay algo que sí quiero dejar separado desde hoy.

—Dime.

—D-17 no es consecuencia del carbofurano.

—De acuerdo.

—Y Gola Blanca no puede utilizarse para explicar hacia atrás semanas de degradación en D-17.

—De acuerdo.

—Así que, si ambas cosas están relacionadas, la relación no es una causa ambiental única.

Marta la observó.

—Puede ser que no estén relacionadas.

—Puede.

—Laura trabajaba en muchas cosas.

—Sí.

—Que tuviera notas de D-17 y estuviera en Bomba 4 la noche que desapareció no convierte una parcela degradada en motivo de nada.

La frase era cierta.

Elena cerró el cuaderno.

—No.

Marta esperó algo más, pero no llegó.

Elena no iba a acusarla por dos letras escritas con interrogante en una nota. Tampoco por saber operar una red que era su trabajo conocer.

—¿Hubo incidencias menores en D-17 durante esas semanas? —preguntó.

Marta consultó uno de sus resúmenes.

—Alguna.

—¿Cuáles?

—Una compuerta que cerró peor de lo esperado, un ajuste de nivel por acumulación aguas abajo y un cambio de prioridad en un turno.

—¿Fechas?

Marta leyó dos.

Elena las comparó con sus picos.

Una coincidía de forma aproximada.

La otra no.

—Esto explica una de las ventanas.

—Puede explicarla.

—¿Y las otras?

—Tendremos que buscar.

Elena anotó.

No era una evasiva torpe.

Era la respuesta correcta.

—¿Quién decidía prioridades? —preguntó.

—Depende del turno y del sector.

—¿Tú?

—A veces.

—¿También otros responsables?

—Claro.

—¿Y operarios?

—Ejecutan. Algunos ajustes menores pueden hacerlos dentro de margen.

—¿Queda nombre asociado a cada maniobra?

—En unas sí. En otras, código de turno.

Elena levantó la vista.

—Entonces necesito también esos códigos.

—Pídelos.

—Ya los he pedido.

Marta asintió.

—Bien.

Elena volvió a las curvas.

La conversación no había resuelto la anomalía, pero sí había eliminado varias formas fáciles de explicarla. No bastaba con decir «salinidad de final de campaña». Tampoco servía una única incidencia aislada.

Al mismo tiempo, no podía llamar manipulación deliberada a un patrón solo porque resultara incómodo.

Necesitaba las ventanas.

Necesitaba saber qué estaba haciendo exactamente la red en esos momentos.

—¿Qué te convencería a ti? —preguntó.

Marta dejó de mirar el plano.

—¿De que no es casual?

—Sí.

Pensó antes de responder.

—Que los picos coincidan de forma repetida con la misma clase de decisión operativa.

—¿Por ejemplo?

—Que D-17 quede con menos renovación siempre dentro de ventanas parecidas sin una razón externa que lo justifique. O que se repita una configuración que perjudique esa parcela y no sea necesaria para el resto del sector.

Elena no escribió enseguida.

—Eso sería difícil de explicar como incidencia.

—Sí.

—¿Y si además no está bien reflejado en los partes?

Marta se encogió de hombros.

—Entonces sería peor.

La respuesta llegó sin vacilación.

Elena la anotó, no porque comprometiera a Marta, sino porque definía con precisión el dato que necesitaba buscar.

Marta empezó a recoger sus hojas.

—¿Algo más?

Elena miró la hora. El día estaba terminando.

—No.

—¿Vas a seguir con D-17 mañana?

—Sí.

—Entonces pide series más largas. No te quedes solo con las semanas de Laura.

—Eso pensaba hacer.

—Y mira turnos completos. Si recortas solo alrededor de los picos, puedes perder la razón de la maniobra.

Elena asintió.

Era un buen consejo.

También se lo había dado sin necesidad de hacerlo.

Cuando Marta llegó a la puerta, se detuvo.

—Elena.

—¿Sí?

—Que algo esté mal operado no significa que se haya hecho para dañar una parcela.

—Lo sé.

—Y que alguien haya escrito unas iniciales no significa que esas iniciales sean una persona.

—También lo sé.

Marta abrió la puerta.

—Perfecto.

Se marchó.

Elena se quedó sola con las series y volvió a colocar D-17 junto a los controles.

Las explicaciones de Marta funcionaban una por una: final de campaña, sensibilidad previa, cambios de prioridad, incidencias, lecturas imperfectas.

Cualquiera de ellas podía justificar un episodio aislado.

Lo que todavía no justificaban era la repetición.

Elena abrió una página nueva y escribió:

«Buscar coincidencia entre picos D-17 y ventanas operativas».

Debajo añadió:

«No atribuir».

Luego guardó los papeles.

Al día siguiente no necesitaría una explicación mejor.

Necesitaría una serie más larga.