23 La contraseña
A primera hora de la tarde llegó el informe preliminar sobre los negativos encontrados en la taquilla.
Habían sido digitalizados con alta resolución.
El primero mostraba Casa de la Marea de noche, fotografiada desde la carretera.
La fecha no podía establecerse por el negativo, pero el follaje y la meteorología eran compatibles con finales de verano.
El segundo mostraba una furgoneta aparcada junto a una entrada lateral de Mirador de Lúa.
En la puerta se distinguía parcialmente el logotipo de una empresa de asistencia sanitaria privada.
El tercero era el más difícil: un hombre saliendo de un edificio, de espaldas.
Llevaba una chaqueta clara y sostenía algo en una mano.
Samuel lo identificó como Andrés Valdés por la postura antes de que nadie se lo pidiera.
Vera no consideró suficiente esa identificación. Gael tampoco.
Vera no reaccionó hasta que el audio terminó.
Había pasado dieciséis años construyendo hipótesis sobre su hermano y casi diecisiete aceptando que Irene probablemente había muerto en el acantilado.
Ahora una grabación hecha por Nicolás destruía ambas cosas sin explicar ninguna.
Gael repitió el fragmento. «Ella estaba viva cuando se la llevaron».
No era una prueba absoluta de que Nicolás dijera la verdad, ni de cuándo había grabado aquello, ni de quién era la otra voz.
Pero era la primera afirmación directa procedente de uno de los ocho que contradecía el núcleo completo de la versión oficial.