DONDE EMPIEZA LA MUERTE Capítulo 8 #4
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Capítulo 8 #4

Para recuperar al hombre que había olvidado quién era. El amanecer llegó tranquilo.

Demasiado tranquilo.

Como si el mundo hubiera decidido descansar después de todo lo ocurrido.

La luz dorada cubría el valle.

El arroyo brillaba bajo los primeros rayos del sol. Y por primera vez en mucho tiempo...

No había guerra.

No había oscuridad.

No había amenazas inmediatas.

Solo silencio.

Pero aquel silencio no trajo paz.

Nerea apenas había dormido.

La conversación de la noche anterior seguía dando vueltas en su cabeza.

El Reino de los Recuerdos Perdidos.

La leyenda.

La posibilidad.

Por pequeña que fuera.

Por imposible que pareciera.

Era la primera esperanza real que había tenido desde el sacrificio.

Y estaba decidida a aferrarse a ella.

Se levantó temprano.

Con la intención de hablar nuevamente con Eryan. De explicarle todo con más calma.

De convencerlo de quedarse.

Aunque fuera unos días más.

Aunque fuera hasta encontrar una solución.

Pero cuando llegó al arroyo...

Lo encontró observando el horizonte.

Solo.

De pie.

Con una pequeña mochila que alguien del pueblo cercano le había regalado.

Nerea sintió un mal presentimiento de inmediato. —¿Eryan?

Él se volvió hacia ella.

Y aquella expresión tranquila confirmó sus temores. Había tomado una decisión.

—Voy a irme.

Dijo.

Las palabras golpearon a Nerea como una ola helada. —¿Qué?

Eryan bajó la mirada durante unos segundos.

Como si estuviera buscando las palabras adecuadas. —No pertenezco aquí.

Ella negó inmediatamente.

—Claro que sí.

—No.

Respondió él con suavidad.

—Pertenezco a una historia que no recuerdo.

A una vida que no conozco.

A personas que me hablan de alguien que ya no sé si soy. Nerea sintió que el corazón comenzaba a romperse otra vez. Porque comprendía lo que estaba diciendo.

Y precisamente por eso dolía tanto.

—Podemos ayudarte.

Dijo.

—Podemos recuperar tus recuerdos.

Caelum cree que existe una forma.

Eryan sonrió con tristeza.

—Tal vez.

Pero ahora mismo ni siquiera sé quién soy.

Necesito descubrirlo.

Necesito encontrar mi propio camino.

Nerea quería discutir.

Quería insistir.

Quería obligarlo a quedarse.

Pero una parte de ella comprendía que no podía hacerlo. Porque aquel hombre no era el Eryan que había conocido. No completamente.

Y tenía derecho a decidir por sí mismo.

Aunque aquella decisión la destruyera.

Asrael apareció detrás de ella.

Había escuchado toda la conversación.

Y por una vez no hizo ninguna broma.

Ningún comentario.

Nada.

Simplemente observó.

Porque también sabía que aquello era inevitable. Eryan tomó la mochila.

Y se acercó a Nerea.

Durante unos segundos permanecieron frente a frente. El viento movía suavemente el cabello de ambos. Y el silencio parecía interminable.

Finalmente Eryan habló.

—Gracias.

Nerea parpadeó.

—¿Por qué?

—Porque sé que intentaste ayudarme.

Porque sé que te importo.

Aunque no recuerde por qué.

Aquellas palabras fueron como una daga.

Hermosas.

Y dolorosas al mismo tiempo.

Las lágrimas comenzaron a llenar nuevamente los ojos de Nerea.

—Yo sí lo recuerdo.

Susurró.

Eryan sintió una extraña presión en el pecho.

Una emoción que no comprendía.

Una tristeza que parecía no pertenecerle.

Por un instante...

Solo por un instante...

Creyó ver algo.

Una imagen.

Un recuerdo.

El rostro de Nerea sonriendo.

La sensación de tomar su mano.

Una promesa.

Una vida compartida.

Pero desapareció tan rápido como llegó.

Como arena escapando entre los dedos.

Eryan llevó una mano a su cabeza.

Confundido.

La imagen ya no estaba.

Solo quedaba la sensación.

Una sensación extraña.

Profunda.

Inexplicable.

Miró nuevamente a Nerea.

Y por primera vez sintió que perderla sería un error. Aunque no supiera por qué.

Aunque no supiera quién era.

Aunque no supiera nada.

Pero la sensación desapareció igual que el recuerdo. Y el momento terminó.

—Lo siento.

Dijo en voz baja.

Nerea cerró los ojos.

Intentando contener las lágrimas.

Intentando reunir fuerzas.

Finalmente asintió.

Porque amarlo también significaba dejarlo elegir. Aunque doliera.

Aunque fuera insoportable.

Eryan dio un paso atrás.

Luego otro.

Y comenzó a caminar.

Sin prisas.

Sin mirar atrás.

Siguiendo un camino que no conocía.

Buscando respuestas que aún no existían.

Nerea observó cómo se alejaba.

Cada vez más.

Cada vez más pequeño en la distancia.

Hasta convertirse en una silueta.

Y finalmente desaparecer más allá de las colinas. El silencio regresó.

Nadie habló.

Ni Asrael.

Ni Caelum.

Ni siquiera el viento parecía querer romper aquel momento. Nerea permaneció inmóvil.

Observando el lugar donde había desaparecido.

Y entonces hizo una promesa.

Una promesa silenciosa.

Pero inquebrantable.

Lo encontraría.

No importaba cuánto tiempo tomara.

No importaba cuántos mundos tuviera que recorrer. No importaba cuántos peligros la esperaran.

Lo encontraría.

Y recuperaría sus recuerdos.

Porque aquella no era el final de su historia.

Era apenas el comienzo de una nueva.

Muy lejos de allí...

Sin saberlo...

Eryan continuaba caminando hacia un destino que cambiaría todo.

Y hacia un reino donde los recuerdos perdidos aguardaban en silencio.

Esperándolo.

FIN DEL LIbrO 2