Capítulo 45 El aeropuerto
Había transcurrido la semana seis desde que Daniel regresó a Monterrey. Armando había cumplido su palabra: organizó sus asuntos en Oaxaca lo más rápido posible y viajó para pasar una semana completa con él.
Esa semana había sido intensa, hermosa y agridulce.
Vivieron juntos en un pequeño departamento temporal que Daniel había rentado.
Durmieron abrazados cada noche, hicieron el amor con una mezcla de pasión y ternura, hablaron hasta altas horas de la madrugada sobre el futuro y caminaron por las calles de Monterrey tomados de la mano solo cuando estaban seguros de que nadie los veía.
Pero ahora, esa semana llegaba a su fin.
El aeropuerto de Monterrey estaba lleno de gente y ruido. Daniel acompañaba a Armando hasta la puerta de seguridad. El vuelo de regreso a Oaxaca salía en menos de una hora.
Se detuvieron frente al control de seguridad. Armando llevaba una mochila al hombro y una expresión que intentaba ser fuerte, pero sus ojos lo delataban. Daniel tenía las manos en los bolsillos, intentando no derrumbarse.
—Una semana se sintió muy corta —dijo Daniel con la voz ronca.
Armando asintió, mirando al suelo por un momento antes de levantar la vista.
—Demasiado corta. Pero también me confirmó algo importante.
Se acercó un paso más y tomó las manos de Daniel, entrelazando sus dedos sin importarle demasiado quién pudiera verlos.
—Quiero mudarme definitivamente —dijo con voz clara y decidida—. El próximo mes. Ya cerré los contratos pendientes en Oaxaca. Vendí algunas cosas y organicé el resto. Solo necesito que me digas que tú también estás listo.
Daniel sintió que el corazón se le aceleraba. Las lágrimas amenazaban con salir.
—¿Estás seguro? —preguntó, con la voz temblorosa—. Mi vida aquí es complicada. Mi familia, los entrenamientos, todo… No quiero que termines arrepintiéndote.
Armando apretó sus manos con más fuerza y lo miró directamente a los ojos.
—Estoy seguro. Estas semanas sin ti han sido duras, pero también me mostraron que no quiero seguir viviendo lejos de ti.
Quiero despertarme contigo, aunque tengamos que escondernos al principio.
Quiero apoyarte cuando tu familia se entere.
Quiero construir algo real contigo, Daniel. Aunque sea difícil.
Daniel soltó un sollozo y lo abrazó con fuerza, hundiendo la cara en su cuello. Armando lo rodeó con los brazos, apretándolo contra su cuerpo como si quisiera llevarse su esencia de regreso a Oaxaca.
—Te amo —susurró Daniel contra su piel—. Y tengo miedo… pero quiero intentarlo. Quiero que vengas.
Armando besó su sien y luego sus labios, un beso profundo y emotivo, sin importar las miradas de la gente alrededor. Fue un beso que sellaba una decisión definitiva.
—Entonces el próximo mes me mudo —dijo Armando, con la voz quebrada pero llena de determinación—. Esta vez para quedarme.
Se separaron con dificultad. Armando pasó el control de seguridad y, antes de desaparecer por el pasillo, se giró una última vez y levantó la mano. Daniel levantó la suya también, con lágrimas corriendo por sus mejillas.
Mientras veía cómo Armando se alejaba, Daniel sintió una mezcla abrumadora de tristeza y esperanza.
Era la segunda vez que se despedían.
Pero esta vez era diferente.
Esta vez no era un adiós.
Era el comienzo de algo nuevo.
Daniel salió del aeropuerto con el corazón más ligero, aunque aún lleno de miedo. Por primera vez, sentía que el futuro, aunque incierto, valía la pena.
Armando regresaría en un mes.
Y esta vez, se quedaría.