Donde caen los reyes (Ofem 1) PRÓLOGO
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Donde caen los reyes (Ofem 1)

Donde caen los reyes (Ofem 1)

Por Ona Riven

© inepub.com

PRÓLOGO

En Banglad no existía la magia.

Hubo un tiempo en que cuatro reinos reinaron sobre el mar de Ofem —la orbe de fuerza elemental mística—.

Sus nombres reflejaban la esencia de cada uno: Ocaso, Fronda, Escarcha y Magma.

Cada reino estaba ligado a un elemento y, sobre ellos, gobernaba un rey poseedor de un don extraordinario.

Ese don se extendía a su pueblo, otorgando habilidades únicas a todos sus habitantes.

El poder del Ocaso correspondía a las tierras de Ombria, donde se alzaba la oscuridad, pues quienes vivían allí no necesitaban más que la noche para merodear.

Los darcos —grandes criaturas aladas— surcaban sus cielos, mientras que los somnyr, más parecidos a los humanos, destacaban por sus orejas puntiagudas y su mirada violeta, capaz de cautivar a cualquier ser.

Su rey, Alaric Greylen, era un maestro de la fusión de sombras.

Las leyendas contaban que podía alterar los sueños y recuerdos.

Northem, en cambio, era el reino de la escarcha.

Sus extensas tierras blancas se alzaban entre montañas que lo separaban de Ombria.

Allí habitaban desde pequeños seres peludos hasta enormes bestias imponentes.

Los nevaris, su población, eran albinos y fácilmente distinguibles de los somnyr o los humanos.

Su rey, Ayaz Froid, con su piel moteada de escarcha, controlaba el hielo, pudiendo así crear y modelar todo tipo de seres y criaturas a su antojo.

Se decía que el tiempo en Northem parecía ralentizarse, aunque pocos se atrevían a comprobarlo saliendo de sus fronteras.

El poder de la fronda pertenecía a los dominios del reino de Floresten.

Allí residían otro tipo de criaturas: seres voladores.

Sus grandes alas se podían comparar con las de una apuesta mariposa.

Su reina, Aera, podía hacer brotar todo tipo de vegetación a su paso, a la vez que curar las heridas de cualquier criatura con la sanación natural.

Se decía, además, que era capaz de purificar tierras restaurando su fertilidad.

Y, por último, el magma, que jamás llegó a manifestarse.

Porque en Banglad no existía la magia.

Banglad estaba apartado de los demás reinos: desterrado y marginado, como un perro al que nadie quiere adoptar.

Con el paso de los años, el mar de Ofem creó una brecha entre Northem, Ombria, Floresten y Banglad, dejando a este último en la soledad.

Se suponía que debían ser cuatro dones, pero los Dioses le otorgaron a los reinos de Ofem tan solo tres: la creación, la transformación y, por último, la sanación.

Ofem era tan solo Ocaso, Fronda y Escarcha.

Nadie sabía el motivo por el que Banglad carecía de su propia magia. Sin embargo, una leyenda se fue extendiendo durante los años, dando una pequeña gota de esperanza a los habitantes del reino.

Los antiguos relatos hablaban de un niño de sangre real que nacería cuando un nuevo amanecer marcara su destino. Llegado el momento, el poder del heredero se desataría con una promesa. Solo entonces la magia alcanzaría cada rincón del reino y la brecha sería cerrada al fin.

Pero claro está que las leyendas son tan solo eso: leyendas.

Esta es la historia de un arquero y un niño abandonado. La historia de una justiciera y una rebelde. Y esta historia ocurrió en un reino sin magia.