Capítulo 9
Dirty
Doy otro bocado a esta comida jodidamente deliciosa mientras observo a Holly quedarse paralizada, con los ojos muy abiertos por la sorpresa. Los niños canturean contentos mientras comen y, joder, es preciosa, no, hipnotizante.
Podría pasarme el día entero mirándola, lo que seguramente me convertiría en un bicho raro, pero me importa una mierda. Me tiene hechizado y ni siquiera se da cuenta.
El sabor a queso explota en mi boca e intento no gemir en voz alta otra vez porque, joder, algo tan simple pero tan lleno de sabor.
Esta mujer es increíble. Trabaja con niños, es madre a tiempo completo, sabe cocinar, y no nos olvidemos de lo dulce que es, joder.
Después de pasar cuatro horas bajo el capó de su coche, esforzándome al máximo por arreglarlo porque vi lo mucho que significaba para ella, me di cuenta de que no lo conservaba por problemas de dinero.
Y luego entrar en mi casa y escuchar risas y oler a comida...
Podría acostumbrarme a esto, joder, quiero acostumbrarme a esto, algo que nunca antes había querido, y bastó con conocer a esta mujer, mi cariño, para dar un giro de ciento ochenta grados.
Quiero cerrar la puerta de mi casa con llave y no dejarla salir nunca más.
Joder, joder, joder.
Sonrío mientras Holly cierra la boca de golpe, claramente intentando contenerse para no aceptar, y doy otro bocado antes de pinchar más comida y, con el mismo tenedor, acercárselo a sus labios besables.
Parpadea y, como si estuviera en piloto automático, abre la boca y acepta la comida. El corazón se me acelera.
Se siente cómoda conmigo, no quiere estarlo pero lo está, igual que yo con ella, algo que juré que nunca volvería a sentir con otra mujer.
Pincho más comida mientras echo un vistazo a los niños para asegurarme de que están bien, cuando Holly se aclara la garganta y por fin habla:
—Pensé que no querías conocerme.
Se me borra la sonrisa mientras la miro y veo que tiene toda su atención puesta en mí. En lugar de soltar el tenedor y ponerme a la defensiva como quiero, se lo acerco a los labios. De nuevo, lo acepta como si fuera lo más normal del mundo, como si lleváramos años haciéndolo, y le pregunto:
—¿Te lo dijo mi padre? —listo para perder los estribos con el viejo.
O sea, sí, es verdad, pero joder, no sabía que ella lo supiera.
—No —admite, y frunzo el ceño hasta que confiesa—: Tu hijo.
Y no puedo evitar la sonrisa que se me dibuja en la cara.
—En mi defensa, cariño, mi hijo estaba intentando emparejarnos y no quería que se hiciera una idea equivocada —digo mientras me llevo otro bocado a la boca.
Joder, cada bocado está mejor que el anterior.
—Tiene un gran corazón —susurra, con la mirada suavizada, mientras observa a los niños que siguen comiendo felices.
—Lo tiene, y también tenía razón —respondo. Sus ojos vuelven hacia mí, alternando entre los míos, y le sonrío con suavidad mientras dejo el tenedor en el plato—. Una cita, cariño, ¿qué me dices?
Estoy dispuesto a ponerme de rodillas y suplicar, de verdad que sí. Hay algo en ella, una conexión que no puedo explicar porque siempre me alejé de esa mierda, pero la quiero, no, qué coño, la necesito.
Traga saliva mientras mira de reojo a los niños antes de volver a mirarme, y en lugar de responderme, dice:
—Rechazaste ser carabina en el baile.
Mierda.
—Así es —confirmo sin necesidad, y ella emite un murmullo pensativo sin dejar de mirarme fijamente.
Juro que los nervios me comen vivo cuanto más tarda en responderme, en aceptar una cita en la que me aseguraré de meterme bajo su piel, porque puede que no haya querido esto como el resto de hermanos que conozco, pero no voy a huir de ello.
Me arrepentiré si lo hago.
—Vale, en el baile del colegio —dice por fin, y me río, no puedo evitarlo, pero la sonrisa se me borra enseguida cuando añade—: Pero como amigos...
Hijo de...
—No —suelto al instante—, como amigos no.
Pero ella me dedica una pequeña sonrisa.
—Lo tomas o lo dejas —susurra, y aprieto la mandíbula antes de que cambie de tema cuando Lyra y Caleb nos traen sus platos.
—Mi coche no va a durar mucho más, ¿verdad? —dice mientras sonríe a los niños, que salen corriendo por la puerta batiente de la cocina hacia el salón. Suspiro.
—Unos meses, quizá —admito mientras la observo meter los platos en el lavavajillas como si lo hubiera hecho toda la vida. Y puedo imaginarla ahora mismo, sin llevar nada más que mi camiseta, con el pelo suelto, nuestros hijos dormidos arriba, y la parte más aterradora de esa imagen: una barriguita.
Quiero una vida con ella.
Quiero conocerla, enamorarme de ella y tener una vida con ella, pero por lo que parece, va a ponérmelo muy difícil, y no sé cómo me siento al respecto, sobre todo cuando es justo el tipo de vida del que huí después de todo lo de Cheryl, después de que saliera a la luz la mierda de que mamá engañaba a papá.
—Sobre lo de ser amigos... —digo, sin dejar que cambie de tema ahora que los niños no pueden oírnos.
Quiero una cita, no, qué coño, necesito una, para poder demostrarle que estamos hechos el uno para el otro, para demostrarle que esa necesidad que siente su cuerpo de estar cerca de mí no es algo de lo que huir, y que podemos tener miedo juntos.
—Soy la profesora de tu hijo —dice por fin, y la miro entrecerrando los ojos, confundido, porque qué tiene eso que ver, o sea, joder, ella siente la conexión pero no va a actuar en consecuencia porque es...
Se me abre la boca al comprenderlo. Joder, de verdad que no es como las demás, ¿eh?
Me paso la lengua por el labio inferior lentamente mientras asiento, comprendiéndolo todo, y mi respeto por esta mujer crece aún más de lo que creció cuando trajo su coche al taller.
La mayoría de las mujeres en su situación aprovecharían la oportunidad de estar con un hermano, pero esta mujer no es una cazaparches.
No, es un jodido encanto, mi encanto. Su única prioridad es su hija y su trabajo, la felicidad de los demás niños, y los está poniendo por delante a pesar de que hay una conexión entre nosotros.
Y algo me dice que, por el cariño que le tiene a mi hijo, algo que mi padre ha mencionado varias veces, no cederá ni siquiera cuando deje de ser su alumno.
Necesito un plan.
Durante años me negué a tener una vieja, a enamorarme y poner a una mujer por delante de todo, por delante del club.
Pero mi hijo, mi testarudo y astuto niño al que quiero más que a nada, sabía lo que me convenía: sabía que yo pertenecía a su maestra...
Igual que yo sabía que su hija me pertenecía en todos los sentidos excepto en la sangre.
Es mi hija, joder, lo siento en las entrañas, y dentro de un año voy a casarme con su madre y adoptarla. Incluso lo juro por mi parche. Solo necesito un plan, uno jodidamente bueno.
Necesito ayuda.
—¿A qué hora tengo que estar en la escuela la semana que viene? —pregunto en lugar de intentar convencerla de que deberíamos estar juntos, sabiendo que tengo que ir con pies de plomo.
Está claro que es testaruda y no piensa en sí misma y, sinceramente, parece de las que mantienen las distancias, algo que creo que habría hecho si su coche no se hubiera averiado.
Los preciosos ojos de Holly brillan al instante y se me encoge el pecho ante la sonrisa que se apodera de su rostro; un hoyuelo asoma en su mejilla derecha y me derrito.
Joder, estoy tan jodido con esta mujer.
***
—¿No deberías estar en la granja? —murmuro dos horas después al oír que mi puerta trasera se abre y se cierra.
Sé perfectamente quién es, porque da igual lo que dijera hace unas semanas cuando lo convencíamos de volver a ponerse el chaleco: aunque no pase mucho por el club, siempre está ahí cuando lo necesitas. Y el cabrón sabía que lo necesitaba.
Sabe cómo me siento...
—Nah, pensé en venir a tomarme una cerveza con mi hermano —responde Tank mientras se sienta a mi lado en la terraza y me pasa una cerveza.
La acepto con un gesto y miro el cielo nocturno: ni una sola nube a la vista, las estrellas brillan, y a pesar de saber que mi hijo está arropado en la cama durmiendo, el vacío me invade.
Me costó todo lo que tengo no impedir que Holly y Lyra se fueran hace una hora, y me refiero a todo.
Deberían estar aquí bajo mi techo, no en una casa adosada con su prima.
—Háblame, Alex —dice Tank después de unos minutos de silencio, y trago saliva.
—Pensé que lo que sentía por Cheryl... que ella era la mujer de mi vida, ya sabes —murmuro y él asiente—. Me emocionaba cuando la veía, siempre quería estar dentro de ella, pero...
—No tenías esa necesidad imperiosa de tenerla contigo ni sentías chispas eléctricas —termina la frase por mí, y suspiro mientras miro la botella de cerveza.
—Cuando Caleb llegó a casa hablando de lo increíble que era su nueva maestra, no sé, siempre sentí el impulso de no conocerla, y cuanto más insistía Caleb, más me distanciaba, asegurándome de que los hermanos lo llevaran y lo recogieran del colegio —admito—.
Es como si en el fondo supiera que iba a significar algo para mí, pero me daba miedo por la mierda que pasó con Cheryl.
—Cheryl —suspira Tank— te manipuló para conseguir lo que quería, y la razón por la que pensaste que era la mujer de tu vida es porque no tenías ese tipo de experiencia en aquel momento. Solo te centrabas en el club, la universidad, en tomar el relevo de Shotgun... Ella simplemente estaba ahí.
—Lo sé —murmuro—, pero ahora estoy hecho un lío, supongo —miro a mi amigo—.
Tuve que ver a la mujer que imaginé en mi cocina, con mi camisa puesta y embarazada, salir por la puerta con una niña pequeña a la que veo como mía, y sentí unas ganas tremendas de suplicarle que se quedara —vuelvo a mirar el cielo—.
No quería esta vida después de la mierda con Cheryl, y si a eso le sumas las indiscreciones de mamá, lo que tenía era perfecto para mí, estaba contento, y ahora simplemente...
Suspiro y me paso una mano por el pelo; el moño ya no está.
—Sé que da miedo, Alex, créeme que lo sé.
Dejar que alguien entre no solo en tu vida sino también en tu corazón es jodidamente aterrador, pero saber que puedes abrazar a esa mujer cada noche, verla con la barriga creciendo con tus hijos y enamorarte perdidamente...
eso lo es todo. No huyas porque tienes miedo y sigues aferrado a lo que creías que querías; corre tras lo que podría hacer tu vida cien veces mejor —murmura, y trago saliva.
—Ella se cierra en banda, Lo —admito—. Le pedí una cita y dijo que sí, pero como amigos.
—Habrá pasado por cosas, supongo —murmura, y asiento.
—Sí, Ace mencionó lo mismo —digo antes de suspirar—. Nunca he hecho esto. Nunca he querido luchar por alguien, y siendo sincero, todavía no sé qué siento con todo esto de los sentimientos repentinos, y me dan ganas de salir corriendo.
—No son repentinos, Alex, así que no te engañes.
Sabías que ella iba a significar algo para ti; si no, simplemente la habrías conocido cuando Caleb te lo pidió.
Y sabes que no ceder a tus sentimientos sería el mayor error de tu vida —dice, soltándome la verdad sin rodeos, y se me hace un nudo en la garganta.
—Piénsalo así, hermano —dice de repente mientras me mira—. ¿Cómo te sentirías si ella encontrara a otro?
Le lanzo una mirada dura y la rabia me recorre el cuerpo ante la idea de que otro hombre toque lo que es mío. Mientras lo imagino, la tensión aumenta hasta el punto de sentir ganas de matar, y él se ríe.
—Ahí lo tienes.
Cabrón.
—Entonces, ¿qué hago, hermano? —pregunto mientras lo miro—. ¿Cómo me la gano si todavía estoy intentando aceptar que la quiero?
Tank sonríe con malicia.
—Te cuelas en su vida, por supuesto, y la vas conociendo mientras poco a poco la traes aquí, dándote tiempo para aceptarlo y ver que no es como Cheryl —responde, y esbozo una media sonrisa. Me gusta cómo piensa.
¿Colarme en su vida y conocerla?
Vuelvo a mirar las estrellas y sonrío. Sí, puedo hacer eso, y quizá no salga corriendo cuando me dé cuenta de que ella es todo lo que quiero.
—Y mientras lo haces, mete a Caleb y Lyra en el asunto, porque según tu padre, son su punto débil —añade, y asiento, porque aunque eso me convierta en un capullo, esos niños están a punto de convertirse en mis peones para conseguir que Holly me dé una oportunidad, cuanto antes mejor.
—Parece que vuelvo a llevarla al cole y a organizar quedadas —murmuro, y Tank se ríe—. No se lo va a esperar —y sonrío de oreja a oreja porque, no, no se lo va a esperar.
Prepárate, Holly, porque estoy a punto de traicionarlo todo en lo que he creído y ponerte la vida patas arriba.