Dirty (Los Rebeldes MC nº 6) Capítulo 6 #2
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Capítulo 6 #2

Noto cómo se me acelera el pulso mientras sigo atrapada en su mirada, la atracción, las chispas, ahí de repente, incluso con la barba y el moño, algo que nunca pensé que me atraería, pero aquí estamos.

Lo deseo.

Mierda, mierda, mierda.

Me siento atraída por él de inmediato. Quiero tirarme a sus brazos, pero es el padre de un alumno mío.

Oh, no, ¿qué estoy haciendo? ¿Deseando al padre de un alumno?

No, no, no.

Parpadeo y rompo la conexión de golpe, a pesar de las protestas de mi cuerpo, y miro a Caleb, que hace pucheros. Juro que palidezco.

Está a punto de ponerme ojitos de cordero degollado, ¿verdad?

Responde a mi pregunta silenciosa cuando hace un puchero y abre mucho los ojos.

Venga ya...

Hago una mueca al ver su cara e intento mirar a cualquier parte menos a él, y oigo a Ice reírse detrás de mí.

Vale, las ganas de hacerle una peineta son enormes. Me aclaro la garganta mientras vuelvo a mirar a Caleb y, maldita sea, me derrito cuando sus ojos se llenan de lágrimas.

¿En serio?

Alguien carraspea a mi lado antes de que una risa profunda y grave resuene, y se me encoge el pecho. El hombre al que acabo de desear —algo que no he hecho en mucho tiempo, o nunca, si soy sincera conmigo misma— pregunta—: ¿Cómo es que eres profesora si caes con esa mirada?

Su voz destila diversión, y arrugo la nariz mientras miro al hombre que ahora está de pie con mi hija en brazos, con la cabecita apoyada en su hombro y, madre mía, ahí van mis ovarios.

Se me seca la boca cuando esboza una sonrisa burlona al ver mi reacción al verlo con mi hija.

—Yo, eh, bueno, para ser honesta, no estoy segura —admito tartamudeando—, pero los niños son increíbles, así que en realidad nunca tengo que decirles que no.

Carraspeo.

—Hasta ahora, pero me está costando.

Sonríe de oreja a oreja, se le ilumina toda la cara y quedo deslumbrada. Es lo único que puedo ver; aunque oigo a lo lejos una puerta que se abre y se cierra, no consigo apartar la mirada.

Es... joder, es como un dios tatuado.

Nunca tuve esta reacción con Adam...

—Por favor, Srta. Robins —dice Caleb, rompiendo el hechizo en el que estoy sumida, y parpadeo y miro al niño, que de nuevo está haciendo pucheros, y yo...

Mierda.

Resoplo.

—Vale —digo, incapaz de negarme. Él sonríe de oreja a oreja mientras suelta un grito de alegría, y Dirty se ríe entre dientes.

—Te tiene comiendo de su mano...

Y asiento con un murmullo porque sí, de todos mis alumnos, siento esta necesidad de proteger siempre a Caleb y mantenerlo a salvo; simplemente no sé por qué.

—Sr. Dirty, ¿puedo montar en tu moto? —pregunta Lyra, y la miro con los ojos como platos, sorprendida por su petición tan decidida, y la veo mirando al hombre que es, sí, lo es todo.

Lleva vaqueros, una camiseta de tirantes y una especie de chaleco, con el pelo recogido en un moño...

El hombre es puro sexo andante, eso es lo único que puedo decir, y ¿está mal que me lo esté imaginando con el mono atado a la cintura y sin camiseta?

Sí, mal, muy mal.

—Si tu mamá dice que sí, puedes, y Caleb puede ir en su cach... Quiero decir, en su coche —le responde a mi hija, y se me queda la boca entreabierta.

—¿Casi has llamado tartana a mi coche? —pregunto enarcando una ceja. Dirty me mira de reojo y admite:

—Es una tartana.

Resoplo mientras miro mi coche y arrugo la nariz porque, sí, tiene razón, es una tartana, una de la que me cuesta desprenderme, pero eso es solo porque traje a Lyra a casa en él.

No puedo deshacerme de él porque no solo representa mi independencia después de todo lo que pasé, sino porque guarda recuerdos de mi hija.

Pongo los ojos en blanco y digo:

—Caleb, puedes sentarte delante —ignorando las palabras del hombre porque sé que tiene razón. Caleb suelta un grito de alegría mientras miro a Dirty y frunzo el ceño por lo que siento por dentro.

No sé por qué, pero confío en él para cuidar de ella, y ni siquiera lo conozco.

¿No es rarísimo?

—Conduciré despacio —me tranquiliza, creyendo que por eso he dudado.

Asiento lentamente y abro la puerta del conductor mientras Caleb se sube al asiento del copiloto.

Vuelvo a mirarlo y lo veo colocar a Lyra en la parte delantera de su Harley; le sonríe, ella me saluda con la mano y yo le devuelvo el saludo, lo que hace que él me mire de nuevo.

Nuestras miradas se cruzan de nuevo; él ladea la cabeza, trago saliva y me presento:

—Soy Holly, por cierto —sin saber qué más decir.

Mi cabeza está... bueno, hecha un lío.

Él sonríe con dulzura y responde:

—Alex...

Frunzo el ceño, confundida.

¿No se llamaba Dirty?

Sin hacerme caso, se sube detrás de Lyra y arranca la moto, lo que le arranca una risita a ella.

Noto que alguien me observa y veo a Ace de pie en la entrada del gran edificio junto a Ice.

Sonrío y saludo con la mano; me devuelven la sonrisa.

Me subo a mi coche mientras Dirty se detiene a mi lado y señala con la cabeza hacia el camino de tierra. Asiento.

Caleb grita entusiasmado:

—¡Vamos, Srta. Robins!

Sonrío y arranco el coche; el traqueteo empieza al instante y hago una mueca antes de seguir a Alex por el camino de tierra, mientras el corazón me aletea en el pecho, lo que me asusta muchísimo.

Este hombre me hace sentir cosas que nunca había sentido, y no puedo permitírmelo.

Soy la profesora de su hijo, y esta noche será la primera y última vez que pase tiempo con él, porque tengo que mantener la profesionalidad.