CAPÍTULO 36
NOOSE
Acaricio mi cuerda como si fuera un talismán.
Así de atado estoy a mi arma. Sin doble sentido.
Avanzamos por el bosque, dejando las payasadas para algunos hermanos a los que les gusta entrar a lo grande, como la caballería. Pueden subirse al vagón de cola del tren que nosotros tres encabezaremos.
El equipo sigiloso somos Wring, Lariat y yo. Snare es buen hermano, pero hace demasiado ruido para mi plan.
No llevo chaleco, botas ni nada voluminoso. La ropa ceñida no se puede agarrar ni usar en tu contra en espacios reducidos. Puede que tenga que usar los puños.
Sé que usaré la cuerda.
Entramos los tres contra un número desconocido. Me recuerda a mis tiempos en el desierto.
Wring me taladra con la mirada. Lariat va en cabeza. Asiente.
Listo.
Avanzamos como una máquina bien engrasada.
Un grito agudo me llega a los oídos. El corazón se me para. Joven, preadolescente. Sin miedo: está jugando. La tensión de los hombros se me afloja.
Wring pone los ojos en blanco y hace la señal de avanzar.
Me toco el pecho. Espera.
Recorro con la mirada la densa arboleda y localizo a Charlie de inmediato. Una oleada de alivio me recorre.
Veo a dos guardias apostados junto a una cabaña de troncos impresionante. Charlie parece a salvo.
Lariat y yo cruzamos una mirada; me indica que se quedará aquí, sin perder de vista a Charlie.
Asiento.
Wring y yo usamos los árboles como pasillo hacia la cabaña.
Los guardias no nos ven llegar.
Justo como nos gusta.
—No tardarán en darse cuenta de que hemos silenciado a sus hombres.
—Sí —digo en voz baja.
Nos acercamos poco a poco al ventanal. Observo un interior jodidamente impresionante.
El tráfico de carne debe de ir viento en popa. Según la información, esto es una especie de centro de retención para mover mujeres. La belleza a veces oculta la podredumbre.
Cuando veo a Rose, se me corta la respiración. Está llorando. Algún hijo de puta de espaldas a mí se planta frente a ella; Drake a su derecha.
Ella retrocede y Drake la sigue.
Hijo de puta. No me doy cuenta de que me he movido hasta que Wring me agarra del brazo. —Aguanta, Romeo.
Le lanzo una mirada asesina.
—La sorpresa es nuestra mayor ventaja —me recuerda.
Tiene razón, el cabrón.
Aprieto los labios. Ver cómo se mueven las bocas y la angustia de Rose desde la distancia, sin saber qué dicen, me está jodiendo. Y mucho.
Drake la agarra del brazo y me tenso mientras la arrastra.
Wring señala con la barbilla hacia donde van.
Sigo su mirada.
Sótano.
Nos movemos.
Rose
Los mocos me chorrean por la nariz y tropiezo mientras Drake me arrastra escaleras abajo.
Se ríe y tira de mí hacia arriba. Tropiezo, me enderezo contra su pecho, grito e intento apartarme para no tocarlo.
Noose.
Abro los ojos de par en par y asimilo su figura como quien ve un espejismo en el desierto. Mi esperanza, mi incredulidad y mi amor se funden en un fuego vivo, y respiro su presencia como un calor que casi puedo saborear.
Entonces Noose se mueve, felino, y su brazo derecho sale disparado. El nudo abultado restalla en el aire; la mano izquierda atrapa el otro extremo. Tira de la cuerda hacia atrás como si nadara, y el cordel atrapa la garganta de Drake.
Drake estaba vuelto hacia mí, regodeándose en mi torpe descenso, en mi miedo desnudo y mi desesperación al saber lo que me aguarda en una mazmorra donde retienen mujeres.
Me agarro a una barandilla de madera y veo a otro hombre unirse a Noose.
Alto, duro, musculoso, con el pelo casi incoloro rapado al cero, examina la habitación con ojos azul brillante, penetrantes e indiferentes. Se posan en mí.
Abro la boca para gritar mientras Drake emite sonidos inarticulados, se araña el cuello e intenta alcanzar a Noose a su espalda.
—Shhh, Rose —dice el otro hombre, y cierro la boca de golpe cuando da un paso adelante.
Los músculos de los antebrazos de Noose se marcan como cuerdas trenzadas mientras hunde más la soga. Observo la escena como si estuviera hipnotizada.
Puntos blancos me inundan la visión y me tambaleo. No está pasando. No. Está. Pasando.
Unos brazos fuertes me agarran y me obligan a sentarme. Una mano suave me empuja la cabeza entre las rodillas. —Respira, Rose.
Aspiro oxígeno viciado y lo expulso. Un nudo colgante aparece a mis pies. Lleno de sangre.
Toso. Me sube la bilis. Me trago el miedo.
—Déjamela a mí.
Las manos del otro hombre abandonan mi espalda.
—Rose —dice Noose con suavidad.
El nudo cae; una mancha de sangre como una coma marca el suelo de cemento.
—Nena, tranquila. Te tengo.
Unos ruidos vagos me despiertan sobresaltada. Un disparo suena a lo lejos.
Encuentro sus ojos. Gris pálido, duros como el pedernal, pero tiernos como alas de paloma. —Noose —sollozo, y me estrecha entre sus brazos—. ¡Es Ned!
Se aparta, buscando algo en mis ojos. —Tranquila. ¿Qué pasa?
—Me has causado serios problemas, Rose.
Noose se tensa. Nuestras miradas suben hacia lo alto de las escaleras. —Mi casa está llena de Road Kill. No hay suficiente Chaos en el mundo para borrar esa mancha de aquí. Pero puedo acabar contigo.
Noose guarda silencio.
Ned muestra su otra mano y arrastra a Charlie hacia él, agarrándolo por el cuello. Lágrimas sucias le surcan el rostro.
Un gemido se me escapa.
—Suelta al niño. —La voz de Noose suena aterradoramente hueca.
Oigo la muerte de Ned en ella.
—Me voy, con el mocoso. Si me seguís, lo mataré.
—¡Es tuyo! —grito, intentando que entre en razón.
Levanta el arma hacia mi cara y me refugio en el hombro de Noose, odiando que Charlie vaya a verme asesinada.
Asesinada como Anna.
El grito agudo de Charlie atraviesa el aire.
Noose
Siento a Wring a mi lado, cubriéndome las espaldas.
Maldito Ned. Debería haber confiado en mi instinto cuando me daba mala espina.
Apunta el arma a Rose y se me suben los huevos.
Charlie grita justo cuando la hoja se hunde. Un lanzamiento al cráneo es uno de los más difíciles de ejecutar.
Wring lo hace bien.
Aparto a Rose de un empujón y salto hacia el niño.
El rostro de Ned es una máscara de sorpresa cómica; luego empieza a convulsionar. Una hoja revuelve el cerebro al impactar.
Empieza a desplomarse, agarrando a Charlie con más fuerza por reflejo. El niño se retuerce, pero el cuerpo de Ned ya convulsiona.
Me lanzo escaleras arriba —las costillas absorben gran parte del impacto— y atrapo a Charlie mientras Ned cae rodando como un bolo por las escaleras.
El niño me rodea el cuello con los brazos y se aferra como si le fuera la vida en ello.
Wring salta y empuja a Rose contra la áspera pared de piedra mientras Ned cae sobre el cadáver de Diablo.
No podría haberlo planeado mejor yo mismo.
Mis ojos se encuentran con los de Rose. La gratitud en su mirada era de esperar.
El amor es aún mejor.