CAPÍTULO 23
NOOSE
Soy un puto blandengue.
¿Cuántas veces tiene que decirme que no una tía para que mi estúpido culo pille la indirecta?
—¿Cómo ha ido? —pregunta Wring.
Lo fulmino con la mirada mientras voy pisando fuerte hacia mi moto, aparcada a un par de manzanas de la casa de Rose.
Me encojo de hombros con brusquedad como respuesta. Salto sobre mi moto y giro la llave. El rugido del motor llena el silencio que he creado.
—Así de bien, ¿eh? —Wring tuerce los labios, y le hago una peineta.
Sonríe.
—¿La invitaste a salir o directamente te lanzaste a por ella?
Resoplo, paso la pierna por encima del asiento y me siento con los brazos cruzados. Cabrón.
—No lo hice. Mierda.
Bajo la cabeza.
—La vi, y estaba... joder... estaba buenísima y frágil a la vez, y solo quería abrazarla y follármela y...
Me agarro el pelo, con ganas de arrancármelo.
—Rose me vuelve jodidamente loco.
Wring sigue con esa sonrisita de capullo.
Cierro los puños contra el pecho.
—¿Qué te hace tanta gracia, cabrón?
Abro de un tirón la bolsa del manillar, saco un cigarro del paquete y lo lanzo de vuelta dentro. Me pongo el cigarro entre los labios, lo enciendo y me guardo el mechero en el bolsillo trasero.
—Qué sensible —comenta Wring en voz baja, arqueando las cejas.
Lucho contra el impulso de hacerle otra peineta mientras entorno los ojos a través del humo opaco.
—Sí, lo estoy. Acabo de hacer el ridículo delante de los hermanos. Y ni siquiera conseguí a la chica.
—No será la primera vez que una tía hace que un tío haga gilipolleces. Ni la última.
—¿Tienes más perlas?
Wring se ríe.
—¿De sabiduría? No. Pero deberías haber ido con calma. Decirle que querías empezar de cero, como la gente normal.
Entorno aún más los ojos, y Wring me ignora:
—Que te gustaría estar ahí para ella en la audiencia del martes. Pero no... tenías que entrar a saco y echarle el numerito a la pobre tía...
—¿El jodido «numerito»? ¿Qué coño es eso?
Wring agita la mano en el aire.
—La besaste, te restregaste contra ella, etcétera.
Sus ojos se encuentran con los míos.
No suelo sonrojarme. Pero ahora sí. Había descrito exactamente lo que estaba haciendo hace cinco minutos... como un chucho intentando montarse en la pierna de Rose. Me siento igual de espabilado que uno. Y quizá eso sea ser generoso.
Frunzo el ceño aún más.
Wring cambia el peso en el asiento y se encoge de hombros.
—¿Te mandó a la mierda?
Más o menos.
—No, ella no habla así. Rose me dijo que no quiere arriesgarse conmigo cuando tiene que pensar en el hijo de su hermana. Que igual aparezco y desaparezco.
Muevo la mano de un lado a otro.
Wring aprieta los labios para no reírse.
Quiero borrarle esa sonrisa de la cara de un puñetazo. En lugar de eso, frunzo los labios y suelto un anillo de humo. Observo su contorno fantasmal contra el cielo de medianoche mientras intento calmarme.
—¿Lo harías? —Wring frunce el ceño, ensombreciendo su mirada.
Bajo la cabeza al encontrar su mirada. La luna está oculta tras una nube; no hay luz. Hasta la farola de enfrente queda reducida a un pequeño círculo de iluminación.
Mi excelente visión nocturna distingue el rostro de Wring. La incredulidad.
Supongo que me merezco esa actitud. Desde Afganistán, me ha importado una mierda comprometerme con ninguna tía. Me parece un puto curro.
Joder, es un curro.
La cuestión es que ahora el curro parece que merece la pena, como una tarea que me liberará si tengo los huevos de llevarla hasta el final.
—No.
Mi respuesta es un cuchillo que corta el suave ronroneo de las motos.
—Entonces no tiene de qué preocuparse.
Wring estudia mi expresión.
—Suéltalo. ¿Qué gilipollez hiciste que no me estás contando?
Se me escapa una risa seca.
—Fue una jodida gilipollez.
Wring espera.
—Rose vuelve al club. El Doc la examina, dice que estará bien, que solo fue un buen susto...
—¿Un buen susto? —Wring sonríe con suficiencia.
Había sido mucho más que eso, pero sí.
Asiento.
—Así que empezamos a enrollarnos, y ella se corre.
Wring se endereza.
—¿En serio? Después de todo lo de Chaos...
—Sí, apenas le hice nada y...
Imito una explosión con las manos.
Wring asiente con entusiasmo.
—Bien. Me encanta hacer gozar a las tías.
¿A qué tío no? Ver a una tía correrse es el puto subidón.
Pero...
—Mira, sé que no podemos follar. Rose acaba de pasar por esa mierda, y tengo los huevos a punto de reventar.
Me agarro el paquete, y Wring pone cara de comprensión.
—Así que me da largas. «Necesito tiempo... espacio... lo que sea».
La cara de Wring es exactamente igual que la de Snare cuando se lo conté.
—Duele, tío. No te voy a mentir.
Me paso la mano por el pelo. Está hecho un desastre. No tengo coletero. La melena me cae hacia delante y me la echo hacia atrás.
—En fin, Crystal entra en mi habitación. La polla a punto de explotar.
—No.
Suelto un suspiro de agonía.
—Sí. Me la chupó. Estuvo genial. Rose me tiene tan cachondo que creo que tendría que follármela diez veces antes de quedarme sin munición.
A Wring le tiemblan los hombros de risa contenida. La diversión le hace brillar los ojos en la luz incierta.
—No tiene gracia, gilipollas.
—Oh, sí, totalmente la tiene.
Se ríe.
Capullo.
—Esta parte no.
Wring se endereza y su expresión se transforma en una revelación dolorosa.
—¡No me jodas!
Su voz, apenas un susurro, llega hasta mí.
Asiento con cara de desgracia.
—Supongo que Rose me estaba buscando. Y me encontró, con una buena vista de Crystal chupándomela.
Wring hace una mueca.
—Nada bueno, tío. Quedas como un mentiroso de mierda.
Sí.
—El caso es que —extiendo los brazos y dejo caer ceniza sobre el pavimento— no significó una puta mierda, y Rose acababa de decirme que no me quería cerca, que me largara. Aunque la habíamos salvado de...
—La violación —dice Wring sin inmutarse.
Le lanzo una mirada.
—Sí.
—¿Esperabas que te echara un polvo de agradecimiento, Noose?
Muevo la mandíbula de un lado a otro.
—Joder, no, imbécil. Esperaba que pensara que yo estaba bien. Que la cubría.
Wring se ríe.
—Me parece que quieres más que cubrirla, colega.
Así es.
Nos reímos.
—Ya sabes a qué me refiero.
—Sí.
Nuestro silencio es cómodo. Siempre lo ha sido.
—Manda un mensaje a Trainer. Asegúrate de que está bien y luego pásate mañana. Pon las cartas sobre la mesa después de que ella haya descansado, que tenga tiempo para pensar.
—Suena bien.
Me inclino hacia delante y miro el móvil. Medianoche. Llevo media hora dándole a la lengua. Sin llegar a ninguna parte. Sin resolver una mierda. Lo normal.
—Puede que Rose Christo nunca quiera a un hombre como tú, Noose. ¿Lo has pensado?
—Ni de coña —respondo al instante.
Wring niega con la cabeza.
—Ya me lo imaginaba.
No aparta los ojos de los míos.
—No es una chica del club. No conoce la cultura. No parece querer este estilo de vida. Tiene un crío.
—No es suyo. Es el hijo de su hermana muerta.
Lo fulmino con la mirada.
Wring levanta un dedo.
—Pero para ella, ese crío es el vínculo con su hermana, el único. Su hermana que ya no está. Charlie es todo lo que tiene. Y eso es más fuerte que tus ganas de follártela.
No quiero decirlo, pero oír a Wring soltar esa mierda sabiendo que no es toda la verdad... no puedo callarme.
—Es más que follar, creo.
—Lo sé.
La voz de Wring es serena.
—No, me refiero a...
Inspiro con dolor, se me cierra la garganta.
—Creo que de verdad me importa.
Wring suspira, niega con la cabeza y la echa hacia atrás para mirar las estrellas cubiertas de nubes.
—¿En serio?
Me río.
—Sí, en serio.
—¿Importarte o...?
Señalo a Wring.
—No lo digas.
—Vale, no lo diré, pero no se lo digas a ella. Pensará que estás loco de remate. Nadie se enamora de alguien después de conocerlo unos días, Noose. Nadie.
Supongo que a mí no me llegó el memo.
Cojo el móvil otra vez y busco la cara de imbécil de Trainer.
Estado. Tecleo y pulso enviar. El autocorrector me salva el culo porque soy un desastre con los mensajes.
Aplasto el cigarro, enciendo otro y echo un par de aros de humo hacia el cielo. La oscuridad se los traga.
Miro la pantalla negra, fría y muda en mi palma.
—¿No responde? —pregunta Wring—. Nunca va a conseguir el parche. El muy capullo siempre está echándose una siesta en el peor momento.
Se me endurece la cara.
—¿Y si no es eso?
—Diablo no va a ir a por ella tan pronto.
—Yo lo haría.
Me arrepiento al instante. Me arrepiento de haberla dejado entrar en esa casa sin revisarla yo primero. A la mierda el aspirante. No está tan metido con ella como yo. Yo estoy hasta el cuello.
Huevos.
Cabeza.
Todo. Pronto sería mi puto corazón. Sí, ya noto cómo me deslizo cuesta abajo.
Hay impulsos que no se pueden frenar.
—Sabemos dónde está Trainer. Pasamos a ver si está roncando. Y si es así, le pateamos el culo.
Tiro la colilla y levanto el caballete, arranco la King.
Salimos y Wring y yo nos alejamos de la casa de Rose, rumbo a un sendero de tierra con vistas perfectas a su patio trasero, al otro lado de un parque infantil. Si se ha quedado dormido vigilando a Rose, le arranco el culo a tiras.
Y si no, quiero saber por qué coño no ha respondido a mi mensaje.
Se me revuelve el estómago. En el fondo, mis instintos me gritan que algo va mal.
Nunca las ignoro.
No lo haré ahora.
Le hago un gesto a Wring, que lo interpreta sin esfuerzo.
—Tú ve a ver cómo está Trainer. Yo me encargo de Rose —dice mi señal con la mano partida.
Nos separamos mientras doy media vuelta y me dirijo de nuevo hacia la casa de Rose.
Ignoro la tensión en mis hombros y me obligo a concentrarme solo en lo que tengo delante de las narices.
Lo que no puedo ignorar es toda la mierda emocional que no para de machacarme.