CAPÍTULO 17
ROSE
—Solo córrete, Rose —los ojos de Drake recorren mi cuerpo y reprimo un segundo grito.
Su dedo golpea mi clítoris, con la uña arañando ese nudo sensible y resbaladizo.
Estoy tan cabreada que no puedo pensar.
No quiero que me toque. Nunca. Pero todo depende del elemento sorpresa.
Drake es violento.
Mató a mi hermana. Ahora se está cobrando su venganza de la forma más vil posible. Su manera de coaccionarme para recuperar a Charlie es todo un arte.
Está consiguiendo que mi cuerpo desee lo que me obliga a aceptar, aunque mi mente lo deteste.
—No... no me voy a correr, bastardo enfermo —gruño entre dientes. Pero incluso mientras lo digo, el bombeo de sus dedos dentro de mí y la insistencia rítmica del otro hacen que mi coño se apriete alrededor de su dedo.
—¡Ah! —grito sin poder evitarlo mientras intento cerrar las piernas y sacudo la cabeza de un lado a otro.
—Perra terca —suaviza su toque hasta convertirlo en una caricia y me araña el clítoris con la uña. Gimo y me muerdo el labio en pura miseria, torturada por el deseo.
—Ya viene —dice un hombre a mi derecha.
Mi ira reduce la excitación forzada a algo soportable. Levanto la cabeza de la mesa y una polla me golpea en la mejilla.
Rasgo el aire con un grito de frustración: la respuesta repugnante e involuntaria de mi cuerpo.
Los hombres se acercan más. Solo quedan estrechos huecos entre sus cuerpos, que bloquean la realidad.
Entre los cuerpos, algo pasa como un rayo, más allá de donde se agrupan a mi alrededor masturbándose.
Noose.
Las lágrimas me escuecen en los ojos. Los dedos de Drake de repente se sienten como lo que son: instrumentos de violación.
La esperanza crece dentro de mí por primera vez en lo que parece una eternidad.
Abro los ojos con sorpresa cuando una cuerda de nudos apretados serpentea desde el poderoso antebrazo de Noose como una extensión de su cuerpo.
El extremo grande y abultado se estrella contra la nariz del hombre mientras su polla cuelga sobre mis labios.
La sangre me salpica como lluvia tibia. Manchas oscuras se extienden por el material brillante del vestido.
—¿Qué coño? —ruge Drake mientras se gira.
Demasiado tarde.
El grito de Rose es como cuchillas giratorias. Rasgan mi mente y destrozan cada pensamiento coherente hasta dejarlo reducido a pura reacción primitiva.
Eso sé hacerlo.
Cojo mi cuerda anudada favorita —larga, pero jodidamente versátil— y corro de puntillas. Mi acercamiento es silencioso.
Los Chaos Riders están tan concentrados en Rose, con las pollas en la mano, que no perciben mi presencia.
Justo como pretendía.
Rose levanta la vista; sus ojos oscuros y sobresaltados se encuentran con los míos por un momento. Evalúo su estado como un soldado, tal como me entrenaron.
Su cara no tiene heridas, aunque una mejilla está sorprendentemente sonrosada. Laceraciones en la cabeza. Piel enrojecida. Mis ojos captan un destello de coño reluciente y todo se vuelve blanco.
Mi intelecto se borra. Mi plan.
Yo.
Me muevo como una máquina bien engrasada, calculando la atención de cada uno, la distancia y el tiempo de reacción.
Golpeo primero al tipo con la polla junto a la cara de Rose.
Uso el nudo como un mayal medieval y lo lanzo con un giro de muñeca. El extremo se estrella contra la nariz del tipo y se la abre como fruta madura. Me giro hacia el que esté más cerca y le bajo la cuerda como un garrote sobre la cabeza. Exacto. Fuerte.
Cae. Si el nudo golpea a alguien justo en la cabeza, no verá estrellas. Solo noche.
Diablo grita: —¿Qué coño?
Se gira y veo los jugos del dulce coño de Rose en dos de sus dedos. Me vuelvo primitivo en un instante.
Me lanzo contra él y lo derribo justo al lado de Rose. El ángulo es malo, pero le apoyo la cuerda en la garganta y la muevo de un lado a otro para que se clave. La cuerda se engancha y se hunde profundamente.
La sonrisa en mi cara es maníaca. Fácil.
Alguien se me echa encima. Giro los hombros con fuerza y me quito al cabrón de encima como si fuera un mosquito.
Sigo presionando ese punto blando de carne bajo la nuez de Diablo.
Mi pulso late con fuerza. Mi mente transmite la orden a la cuerda que es parte de mi cuerpo: Cede.
Los cuerpos chocan a mi alrededor, los puños caen con contundencia.
—¡Noose! —alguien grita desde lejos.
Es la cuerda. La garganta. Su jodida vida bajo esa línea de muerte.
Unas manos fuertes me arrancan de encima de él.
Me vuelvo loco y golpeo salvajemente.
—¡No, tío! ¡Joder! —oigo a Snare—. ¡Echadme una mano!
Gruño y golpeo todo lo que se acerca.
Entonces un olor me asalta la nariz. Aspiro como un hombre sin oxígeno. Mi visión se aclara y un cuerpo pequeño choca contra mi torso y se aferra a mí como un mono.
Conozco ese cuerpo.
Mis brazos caen y dejan que la cuerda cuelgue suavemente a mi lado.
Bajo la mirada hacia Rose. —Para —susurra.
Asiento con la mano ahuecada en su nuca.
—Para —dice de nuevo con un hilo de voz.
Esa vocecita me atraviesa como una descarga eléctrica y tira de algo en lo más hondo de mis entrañas. La rodeo con el brazo y examino los daños.
Un montón de cabrones con las pollas colgándoles de los vaqueros como lenguas están tirados por todo el suelo en distintos estados de consciencia.
Viper le pisa los talones, resoplando como una locomotora de vapor.
Sonrío con suficiencia. El viejo cabrón tiene un par de cojones.
Snare abre los brazos de par en par.
—Tenemos unos tres minutos antes de que llegue la caballería.
Miro a Diablo. Su cuerpo está completamente inmóvil. Una segunda sonrisa le cruza el cuello como un tajo rojo bajo la boca. Eso dejará marca.
Bien. El cabrón merece morir lentamente. Las ganas de rematarlo me retuercen las tripas. Desesperadas.
—Noose —dice Rose.
La miro. Rastros negros de rímel le corren por la cara y tiene el pintalabios corrido. Huele de maravilla.
Y se ve aún mejor.
Me gusta tanto verla viva que lo siento en el cuerpo, mi alivio y mi felicidad. Como una droga, pero mejor. Real.
—Quiero salir de aquí. Por favor —me suplica.
Rose no debería tener que suplicar una mierda.
—Vale.
La levanto en brazos del suelo. Su cabeza se acomoda en el hueco entre mi torso y mi brazo.
—Snare, deja de rascarte el ombligo y ayuda a Viper.
Pone cara de pura irritación y le da una palmada en la mano abierta a Viper. Levanta a nuestro presidente de Road Kill.
Hago un recuento mental de los hermanos. Están algo maltrechos, pero todos parecen contentos.
Hoy salvamos a una inocente.
Mañana tocará pagar.
Pero por ahora tengo a Rose, y está a salvo pegada a mí.
Le aparto el pelo suave de la cara.
—¿Qué le pasa, Doc?
La examina con ojo crítico, pero Rose solo le devuelve una mirada vacía.
—Yo diría que está en shock.
Vuelve a mirarme.
—¿Dijiste que tuvo una bajada de azúcar?
No estoy seguro de qué es eso, pero supongo que sí.
—Probablemente.
—Nada de probablemente, Noose. Si esta chica estaba conectada a un gotero hace apenas unas horas y ha pasado por esta mierda de calvario, no hay probablemente. Está en shock de cojones, seguro.
—¿Esa es tu opinión médica?
Cruzo los brazos, recordando todavía el pinchazo de su aguja de hace apenas unas horas.
Se le curvan los labios.
—No, gilipollas, está blanca como la cera y no responde con normalidad. Es una conjetura cojonuda.
Me echo el pelo hacia atrás con los dedos, que tengo en carne viva. El cuero cabelludo protesta al pasar sobre la herida. No me paré a ponerme guantes antes de tirar de la cuerda. Me habría ahorrado un dolor de cojones.
A la mierda.
Miro a Rose y el modelito que lleva puesto. Cien por cien ropa de zorra de club.
¿Por qué coño estaría toda depilada, duchada y maquillada como una puta?
¿Y cuál era el plan de Diablo? Me imagino a ese cabrón pensando que una violación en grupo metería a Rose en vereda, que podría manipularla para conseguir visitas con el crío.
Solo para desacreditarla después.
No se me había ocurrido una forma diplomática de sacar el tema. No soy nada bueno con el tacto.
Bueno montando. Matando. Follando. No bueno con las emociones.
Iba a tener que tocar algo además de coños en un futuro cercano. Acceder a una reserva de ternura poco usada.
Un montón de jodidas Ts ahí. Ninguna fácil, excepto la de tocar.
—A ver si podemos tumbarla y que entre en calor, Noose.
Asiento.
—¿Ha estado catatónica desde que pasó esto con Diablo? —pregunta para confirmar.
Excepto por unas pocas palabras, Rose había estado callada como una tumba.
—Sí. Ha estado como un jodido cadáver.
Odio estar preocupado.
¿Por qué coño iba a preocuparme, si no me importara?
Que me importe. Ahora eso sí que debería preocuparme.