Capítulo 23
CAPÍTULO VEINTITRÉS
Retomar el hábito de trabajar fue tan reconfortante para Jo como pensaba que sería.
Nunca se había considerado realmente una adicta al trabajo, pero disfrutaba de lo que hacía.
Hasta responder al montón de correos que la esperaban a diario era una tarea que Jo disfrutaba.
Ponía un pódcast y se ponía a teclear sin más, dejando que la mente se le desconectara de todo en su vida, salvo de la tarea que tenía entre manos.
Sin embargo, Jo no quería escapar de su vida ahora mismo.
Era feliz. Su operación había sido un éxito.
Su salud volvía a la normalidad y por fin había dado los pasos necesarios para poner fin al matrimonio infeliz en el que había estado.
El trabajo iba bien; seguía llena de ideas nuevas para mantener las cosas frescas y al día.
Y… Ali y Scarlett estaban en su vida. Estaban llenando este hueco que había estado ahí desde hacía más tiempo del que podía recordar, uno que no había notado hasta que se llenó.
Mientras trabajaba, Jo se descubrió con los pensamientos vagando.
Terminó de responder la retahíla de correos que la esperaba antes de abrir otra pestaña y escribir el colegio de Scarlett en la barra de búsqueda.
Justo como esperaba, se acercaban sus vacaciones de primavera.
Aquello le dio otra idea, una oportunidad de hacer realidad la promesa que le había hecho a Ali en el hospital.
El resto del día fue y vino sin incidentes.
Jo se ocupó del trabajo, Ali preparó la comida para las dos y habló del libro que había encontrado en la colección de Jo y que devoraba a toda prisa.
Un poco después de comer, Ali se fue a recoger a Scarlett y Jo revisó el trabajo una última vez antes de que las dos volvieran a casa.
La tarde estuvo llena de jugar fuera en el jardín con Scarlett.
Jo no podía hacer gran cosa. Las pocas horas de trabajo que había logrado sentada al escritorio de su despacho la habían dejado agotada.
Ali le había advertido de que le llevaría tiempo a su cuerpo recuperar toda la fuerza.
Las órdenes que le habían dado eran sencillas: no levantar nada pesado, descansar todo lo posible.
Ali se aseguraba de que hiciera justo eso.
Así que se sentó en la terraza y se lanzó la pelota de acá para allá con Scarlett mientras Ali las observaba desde la ventana de la cocina, asegurándose de que Jo no hiciera nada que no debiera.
Era entrañable. Le grababa aún más la idea de familia en la cabeza a Jo.
Ali preparó una cena deliciosa para las tres, que comieron juntas. Tras darle un bocado al pollo asado que Ali había hecho, Jo por fin desveló lo que había pensado durante el día.
—Scarlett, la semana que viene empiezas las vacaciones de primavera, ¿verdad?
Scarlett alzó la vista del plato, asintiendo con ganas.
—¡Sí! —dijo emocionada.
Jo le lanzó una mirada a Ali, que parecía tener curiosidad por saber adónde iba esta conversación.
—Estaba pensando… ¿Y si nos vamos de viaje ?
—Jo… —empezó Ali.
—A ningún sitio exótico ni siquiera caro.
—Jo hizo una pausa para tranquilizarla—.
Estaba pensando que podríamos ir a los Hamptons.
Tengo una pequeña casa de vacaciones allí.
Creo que el mar nos vendrá bien a todas.
—Ya veía los ojos de Scarlett iluminarse de emoción.
Luego su cuerpo siguió al júbilo que le llenaba la cara mientras daba botes en la silla.
Ali no parecía acabar de tragárselo todavía—.
Le vendrá bien a mi recuperación, te lo prometo —dijo.
Aquello pareció ser lo que empujó a Ali hacia la idea, junto con Scarlett mirándola y diciendo «Porfa» con su tono más dulce.
Ali se rio, la misma risa despreocupada que Jo había oído a lo largo de su tiempo juntas cuando eran más jóvenes, la misma que había oído en el hospital y que le robó el corazón otra vez.
—Vale, vale. Podemos ir.
—¡Bien! —celebró Scarlett, mientras Jo y Ali se reían.
La casa de Jo en los Hamptons era cualquier cosa menos pequeña para Ali.
Era considerablemente más pequeña que su mansión, pero seguía siendo una gran casa de playa con un aire de verdad hogareño.
Era de una sola planta, con cuatro dormitorios y tres baños.
La decoración de dentro era cálida, y había una temática de playa en cada habitación.
La casa también tenía una sala de juegos, además de una enorme cocina, comedor y salón de planta abierta.
Bastaban unos pasos por la puerta de atrás y desde la terraza para plantarte justo en la playa.
Este tren de vida le resultaba completamente ajeno a Ali, pero estaba disfrutando cada minuto. En cuanto llegaron a la casa, Scarlett daba botes de emoción. Entró corriendo en el momento en que Jo abrió la puerta y encontró la sala de juegos, con máquinas recreativas de verdad y todo.
—Va a estar entretenida un buen rato. —Ali se rio mientras llevaba sus pertenencias a sus respectivos dormitorios.
También ayudó a Jo con las suyas, para gran fastidio de Jo.
Ella no paraba de insistir en que podía apañárselas, pero Ali no paraba de recordarle que no debía levantar nada más pesado que el móvil o el portátil.
—Bueno, me alegra que alguien le vaya a sacar provecho —dijo Jo, siguiendo a Ali mientras llevaba sus bolsas—. Nunca acabé de encontrar tiempo suficiente para venir aquí. Me planteé venderla del todo.
—Pero te encanta la playa.
—Lo sé, pero nunca encontraba el momento.
Además, Maddie no era muy buena compañía.
Prefería salir con sus amigas a alguna de las bodegas de por aquí que pasar tiempo aquí.
—Lo que Jo no añadió fue «conmigo», pero Ali sintió que quedaba implícito.
Cuanto más se enteraba de su matrimonio, más se descubría preguntándose cómo habrían llegado a estar juntas alguna vez.
—Bueno, pues lo disfrutaremos esta semana.
—Ali dejó las bolsas de Jo en la pequeña silla del lado de la cama—.
Será un buen descanso para todas. —Todavía le costaba aceptar que estaba aquí.
Era como un sueño. La última vez que se tomó unas vacaciones que no fueran una excursión de un día no era más que un recuerdo borroso.
Pasaron el día instalándose. Fueron a una de las pequeñas tiendas de todo a poco de la carretera a coger algunas provisiones para la cena.
Scarlett y Ali bajaron a la playa más entrada la tarde, y estaba claro que Scarlett estaba enamorada del agua.
Jo se sentó en la terraza de atrás, observando a las dos jugar entre las olas.
Por aquel día, todo quedó olvidado. No había un pasado entre Ali y Jo.
No estaba la tragedia por la que Scarlett y Ali habían pasado, ni el fin del matrimonio de Jo, ni sus problemas de salud.
No tuvieron que enfrentarse a la realidad durante aquel único día que pasaron juntas.
Jo podía permitirse fingir que esta era su vida tal como siempre había sido.
Ali y ella nunca se habían separado, y Scarlett era su hija.
Era un sueño que nunca se dio cuenta de que albergaba hasta ahora. Era todo lo que quería.
Cuando el sol empezó a bajar, Scarlett y Ali volvieron de la playa.
Jo y Scarlett desaparecieron en la sala de juegos, jugando a una de las viejas máquinas recreativas, hasta que Ali las llamó para cenar.
Cenaron juntas, felices y satisfechas. Scarlett se quedó dormida en el momento en que Ali la metió en la cama, y aquello dejó a Jo y a Ali juntas de nuevo, sentadas en la terraza de atrás bajo las estrellas, observando romper las olas.
El silencio entre las dos era un recordatorio de que ninguna sabía muy bien qué decir.
Jo se preguntó si debería romperlo, si debería hablar, pero el miedo se interpuso.
¿Y si decía algo que arruinara todo el viaje?
Ali y Scarlett se merecían esto. No quería convertirlo en una situación incómoda.
Eso no cambiaba el hecho de que Ali era su empleada a estas alturas, aunque solo fuera por unas semanas.
Ali siempre había sido la más atrevida de las dos.
La vida parecía habérselo quitado a base de golpes, y aquello entristecía a Jo.
Detestaba que la vida hubiera sido tan cruel con Ali.
Sentadas en la terraza, una fresca brisa marina pasó junto a ellas, agitando el suelto pelo castaño de Ali.
Para Jo, la mujer que tenía delante seguía siendo tan hermosa como el primer día que la conoció.
Por fin, se giró a mirar a Jo .
—Sé que solo llevamos aquí un día… pero esto ha sido increíble —dijo, con una sonrisa en la cara.
Jo le devolvió la sonrisa.
—Me alegro. Espero que la semana siga siendo increíble.
Ali alargó la mano, poniéndola sobre la mesa.
Estaba a medio camino entre ella y Jo, y el corazón de Jo empezó a latir deprisa en el pecho.
¿Le estaba dando demasiadas vueltas, o Ali quería que le cogiera la mano?
Decidió simplemente seguir a su corazón; ya se inventaría alguna excusa si resultaba que era su cerebro jugándole malas pasadas.
Alargó la mano, tomando la de Ali en la suya.
Esto se sintió distinto de todas las veces anteriores.
Había una carga de electricidad fluyendo entre las dos.
Una chispa había reavivado todo lo que habían compartido antes, pero esta vez se sentía más fuerte, como si nada hubiera cambiado pero todo hubiera cambiado.
Jo se contuvo. ¿Sentía Ali lo mismo que ella? ¿Se estaba precipitando?
Ali la miró y, cuando sus miradas se encontraron, se sintió profundo, casi mágico.
—Me alegro de estar aquí contigo, Jo.
La sonrisa de Jo brotó desde la mismísima planta de los pies y le resplandeció por todo el cuerpo. No le estaba dando demasiadas vueltas.
—Me alegro de que seas tú quien está aquí conmigo, Ali —admitió.
No sabía cómo seguir a partir de ahí. ¿Continuaban cogidas de la mano?
¿Decía lo que tenía en la mente y potencialmente lo cambiaba todo otra vez?
Todavía había una tenue línea entre las dos, una de palabras no dichas.
Con los dedos entrelazados, le dio un pequeño apretón a la mano de Ali y sintió que se lo devolvía.
—Nunca imaginé que volvería a estar contigo. —La voz de Ali no sonó suave ni queda. No sonó como si se estuviera apartando de ella o de esta conversación.
Jo solo necesitaba encontrar dentro de sí el valor para decir todo lo que tenía en la mente.
Había estado tan cerca la otra noche en la terraza de atrás.
Había querido hablar con Ali de sus sentimientos entonces, pero nunca tuvo ocasión.
No podía preocuparse por arruinar sus vacaciones ni por alguna línea invisible. Solo necesitaba soltarlo.
—Ali. —Jo, incapaz de hacer contacto visual, jugueteaba con los dedos de Ali mientras hablaba—.
No sé si estoy cruzando alguna línea aquí.
No sé cómo te sientes. Solo sé cómo me siento yo, cómo me he sentido, todo este tiempo.
—Tragó saliva con fuerza. Era ahora o nunca—.
Nunca dejé de quererte, y eso dejó heridas abiertas que nunca acabaron de cerrarse.
Cuando entraste en mi habitación del hospital, hubo un momento de conmoción y luego de júbilo.
Nunca dejé de querer verte… si eso tiene sentido.
No lo estoy explicando bien. —Jo negó con la cabeza, frustrada consigo misma por intentar y no lograr encontrar las palabras adecuadas—.
En uno de los peores momentos de mi vida, estabas ahí.
Fuiste mi consuelo. Nunca podré compensártelo.
Jo se dio cuenta de que divagaba, evitando el tema que de verdad quería abordar. Aspirando hondo, reunió hasta la última pizca de valor que había en ella.
—Ali, podría quedarme aquí sentada toda la noche y decir tantísimo, pero lo que de verdad quiero decir es… que todavía te amo. Me he vuelto a enamorar de ti, si es que eso siquiera es posible. No sé si alguna vez llegué a desenamorarme de ti de verdad.
Ali se quedó callada, y a Jo el corazón le martilleaba con tanta fuerza en el pecho que pensó que iba a desplomarse. La mente le iba a mil. ¿Había dicho demasiado? Quizá no había dicho suficiente. Ali todavía no le había soltado la mano, así que eso era buena señal. ¿Verdad?
—Jo. —La más leve vacilación después de que Ali pronunciara su nombre hizo que Jo entrara en pánico.
—No espero que correspondas a mis sentimientos. Siento si he hecho que todo esto sea raro. Siento si te he incomodado. Lo sien…
—Jo. —Ali se rio—. Dame un minuto para responder, ¿vale?
No empieces a disculparte. —Jo sintió que se le encendían las mejillas, agradecida por la tenue luz en la que estaban sentadas—.
Tenía miedo de que detestaras ver mi cara cuando volví a entrar en tu vida.
Pero no lo hiciste. Te convertiste en la mejor parte de mi día.
Empecé a tener ganas de ir a trabajar por primera vez desde que empecé a trabajar allí.
—Aspiró hondo, apartando la mirada de Jo.
Dirigió su atención hacia las estrellas, como reuniendo la fuerza para continuar—.
Jo, te amo. Amo todo de ti. Todo lo que eras y todo en lo que te has convertido.
Oír la confesión de Ali hizo que a Jo se le saltara un latido del corazón. Era todo lo que quería oír y más. No sabía exactamente qué significaba esto para el futuro ni qué obstáculos podrían encontrar pero, aquí y ahora, este momento era perfecto.
A regañadientes, le soltó la mano a Ali y se levantó de la silla.
Con toda la seguridad del mundo, Jo caminó hasta donde estaba sentada Ali y se inclinó.
Con las manos en el brazo de la silla, se inclinó y apretó los labios contra los de Ali.
Todo en su vida encajó en su sitio. Todo cuadró para ella en aquel momento.
Esto era lo que le había faltado en la vida durante diez años.
No hubo ni un momento de vacilación en su beso. Ali le devolvió el beso de inmediato. Todas las chispas seguían ahí; todas las mariposas seguían revoloteando. Fue el cielo para Jo. La mano de Ali se alzó, ahuecándose contra su mejilla, atrayéndola más hondo.
Cuando se separaron, a Jo el corazón todavía le martilleaba. Cada parte de ella se sentía electrizada. Despierta. Viva. Dio un paso atrás y Ali se puso de pie. Alargando la mano hacia la suya. Jo le lanzó una mirada inquisitiva .
—¿Qué tienes en la mente? —Tenía la sensación de que lo sabía.
—Deberíamos seguir esto dentro. —La sonrisa que cruzó los labios de Ali era perversa. Era todo lo que había echado de menos; todo lo que había conocido.
—Creo que es una idea perfecta.