Diagnóstico de Amor (City General Series 4) Capítulo 11
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Capítulo 11

CAPÍTULO ONCE

EN LA ACTUALIDAD

A Ali le costaba mantener la mente en su trabajo.

A Jo la habían llevado a la preoperación un poco antes de las nueve, y no sabría nada de su estado hasta después del mediodía.

Eso le daba horas para pensar, para preocuparse.

Sabía que no debía sentirse tan implicada personalmente, pero lo estaba.

No le correspondía, pero no podía evitarlo.

Su estado mental distraído le estaba afectando al trabajo.

No dejaba de tirar cosas y de quedarse en las nubes mientras atendía a los pacientes.

Era cuestión de tiempo que metiera la pata.

Antes de que pudiera terminar sus rondas, Ali se escabulló al baño del personal a echarse un poco de agua fría a la cara para volver a la realidad.

No había tiempo para que estuviera distraída. Tenía un trabajo que hacer.

Se quedó de pie en el baño, mirándose en el espejo.

Dejó correr el agua fría, mojándose la cara, esperando que la trajera de vuelta a la realidad.

Cogió una de las toallitas de papel para secarse la cara y aspiró hondo.

Jo estaría bien. Jo iba a salir de esto perfectamente bien.

Lo sabía, pero eso no frenaba la preocupación.

Ali deseaba poder mentir, pero todavía le importaba Jo.

Lo único que había hecho esta operación era hacerle darse cuenta de cuánto le importaba.

Podría haber vivido el resto de su vida sin ver a Jo, y habría estado bien.

La herida seguía abierta; todavía dolía, pero Ali habría sobrevivido.

Ahora, en cambio, el destino había obligado a Jo a volver a su vida y le había hecho darse cuenta de exactamente lo que se estaba perdiendo.

Aspiró hondo unas cuantas veces. No le correspondía a ella preocuparse por Jo.

Ali se había marchado. Jo se había casado.

Tenía esposa. Tenía una vida sin Ali. Sería una estupidez colarse a la fuerza de nuevo en ella.

Pero era como si el destino la estuviera empujando de vuelta directamente hacia Jo. ¿Sería tan tonto seguirlo?

Una vez que Ali sintió que sería capaz de volver al trabajo con la mente menos distraída, salió del baño y terminó sus rondas.

A Claudia por fin le dieron el alta, y le hizo prometer a Ali que algún día se daría el capricho de un bolso de diseño para ver lo bien que sentaba.

No es que Ali fuera a hacerlo nunca, pero hizo la promesa de todos modos para tener contenta a Claudia.

El señor Collins se había recuperado mucho más rápido de lo que nadie imaginaba.

Era un anciano robusto, justo como les había dicho alegremente a todas las enfermeras antes de su operación.

Ali lo ayudó a asearse antes de que llegaran los sanitarios a trasladarlo a la residencia en la que se alojaría.

Estas pequeñas cosas, victorias a ojos de la planta y a ojos de Ali, eran distracciones agradables. Hacían que Ali dejara de preocuparse por Jo porque, si estas victorias podían darse, Jo también saldría victoriosa.

Cuando Ali salió a su pausa para comer, Jo seguía sin volver.

Sacó el móvil antes de hincarle el diente al sándwich que se había preparado y le mandó un mensaje a su vecina, pidiéndole que se quedara con Scarlett un poco más tarde esa noche.

Era algo que Ali apenas había hecho en el tiempo que Scarlett llevaba a su cargo.

Siempre había estado ahí para la niña y, juntas, cuidaban la una de la otra.

Y quizá se equivocaba al llegar tarde a casa dos noches seguidas, alterando su rutina, su normalidad. Pero Ali solo quería asegurarse de que Jo estuviera bien. Sabía que iba a estar sola, y no quería que tuviera que estarlo. Así que una hora o dos de más no pasaría nada. ¿Verdad?

Antes de poder comer, Ali se dio cuenta de lo egocéntrica que sonaba.

¿Quién decía que Jo quisiera siquiera su compañía?

Lo único que Ali estaba haciendo era dar cosas por sentadas y colarse a la fuerza donde creía que debía estar.

No actuaba precisamente con lógica pero, por otra parte, nunca había sido lógica cuando Jo estaba de por medio.

Jo hacía que Ali tirara toda la lógica por la ventana, y parecía que ese seguía siendo el caso entre las dos.

Jo no tenía ni idea de qué hora era cuando empezó a recobrar la consciencia.

Tenía un dolor sordo en el abdomen. Sentía la cabeza como si le diera vueltas, y las luces brillantes del hospital eran demasiado para soportarlas.

Intentó abrir los ojos, despacio, haciendo una mueca en cuanto la luz le dio en la cara.

Giró la cabeza, con la esperanza de alejarse del resplandor para poder ver si estaba sola o no.

No necesitaba abrir los ojos para que le respondieran a la pregunta.

—Hola —la saludó una voz suave en cuanto intentó moverse. Le costó solo un segundo ubicar la voz, darse cuenta de que no era su esposa. Era Ali, tal como una parte de ella sabía que sería. Sabía que Ali sería la primera persona en estar ahí cuando despertara. Solo que no lograba entender por qué.

Ahora, sin embargo, no había tiempo para preguntas. Ya se preocuparía por esas más tarde.

—¿Las luces? —consiguió articular Jo, con la voz ronca por la garganta seca y áspera.

—Enseguida. —Oyó moverse a Ali, suponiendo que estaba sentada junto a su cama. Unos segundos más y la luz intensa desapareció, aliviando el dolor que Jo sintió al volver a abrir los ojos.

Miró hacia la ventana al hacerlo, viendo que todavía había luz fuera.

—¿Qué hora es? —preguntó, pero hablar le mandó una punzada de dolor por el cuerpo que la hizo hacer una mueca.

La garganta la estaba matando. Ali había vuelto junto a su cama, sosteniéndole una botella de agua en los labios para que Jo pudiera beber sin incorporarse. Bebió despacio, sin querer excederse.

El agua fue reconfortante. Le alivió la garganta seca y dolorida que tenía tras la operación.

Ahora podía concentrarse en la sensación de dolor sordo del abdomen.

Tenía una vía en el brazo derecho, probablemente bombeándole analgésicos al organismo, que era por lo que no sentía una cantidad inmensa de dolor.

—Son un poco más de las cuatro —respondió Ali después de que Jo hubiera bebido algo de agua.

Dejó la botella en su mesilla, volviendo a enroscar el tapón—.

Tu operación ha ido bien. No conozco todos los detalles, así que seguro que tus médicos entrarán pronto a ponerte al día.

Lo único que tienes que hacer ahora es descansar, ¿vale?

Jo no estaba segura de si era la subida de hormonas tras la operación o la anestesia pasándosele, pero se sentía ridículamente emotiva. Con la mano izquierda, alargó el brazo hacia el de Ali, envolviéndole la muñeca con los dedos.

—¿Puedes quedarte conmigo? —preguntó con suavidad.

Sabía que era ridículo. Decidió achacarlo a que tenía las hormonas hechas un lío tras la operación, pero la idea de que Ali la dejara ahora mismo le provocaba dolor en el pecho.

La hacía sentir ridículamente sola. Ali no apartó el brazo de su agarre en el antebrazo, lo cual hizo que Jo se sintiera un poco mejor.

—Todavía tengo que hacer mis rondas —dijo, poniendo su mano sobre la de Jo—. Pero puedo quedarme un poco más tarde esta noche, ¿vale? ¿Te parece bien?

—Por supuesto —dijo Jo, consiguiendo una sonrisa. La anestesia seguía pesándole en el organismo, haciendo que todo pareciera de ensueño. No lograba distinguir del todo si esto era real o un sueño. ¿Estaba Ali de verdad ahí? ¿De verdad la estoy tocando ahora mismo?

Jo rezó por que, si era un sueño, no despertara.

—Vale. —Ali le dio un apretón en la mano y Jo lo tomó como una señal para soltarla—. Te controlarán constantemente. Seguro que me paso de nuevo durante una de mis rondas y te veo entonces pero, después de mi turno, vendré a sentarme contigo un rato, ¿vale?

—Muy bien.

Jo iba a contar los minutos hasta que Ali volviera.