41. CAPÍTULO 41
Saylor
K ynlee se fue hace veinte minutos con Veronica y yo sigo desparramada en el sofá. La siguiente película de la saga está puesta, pero dejé de verla hace rato.
Ojalá Axl volviera de lo que sea que esté haciendo.
Anoche me llamó su reina y no puedo dejar de pensar en lo que quiso decir con eso.
Con Axl, todo es definitivo. Soy suya. Nunca me he permitido pensar en lo que eso significa cuando este año termine, o incluso cuando vuelva a clase dentro de un mes.
Pero la forma en que habla de nosotros lo hace parecer eterno.
Ese tipo de pensamiento solo lleva a un jodido corazón roto.
E incluso si se refería a para siempre, voy a ser más problemas de los que valgo si no consigo controlar estas pesadillas.
No creo que durmiera ni un minuto anoche.
Creo que me observa para ver si digo o hago algo que le dé la pista que está buscando.
Un teléfono vibra en la mesa y miro. No es el mío. La pantalla de Kynlee se ilumina con un mensaje de un número que no tiene guardado. No lo leo porque no soy esa clase de amiga. Pero ella no puede estar diez minutos sin ese trasto y sé que lo va a querer.
Cojo el teléfono de Kynlee y me dirijo a la puerta para llevárselo rápidamente. Abro la puerta y mi hermano está en el pasillo, justo saliendo de su habitación. No me ha hablado desde que pasamos la noche en casa de nuestros padres.
—Justin. —Salgo al pasillo y levanto el teléfono de Kynlee—. Eh. Kyns se ha dejado el teléfono. ¿Está en tu habitación?
Se detiene, pero apenas me mira. —No sé dónde está. Probablemente en algún sitio persiguiendo a ese maldito gato.
—¿En serio sigues cabreado conmigo por lo de Axl? —Me acerco y me pongo delante de él para que se vea obligado a hablar conmigo—. No se folló a Tracy.
—No estoy cabreado contigo, Saylor. —Mantiene la mirada al frente como si no pudiera esperar a alejarse de mí—. Si quieres seguir siendo su puta, allá tú.
—Justin. —Le agarro del brazo. Tiene la manga subida hasta el codo y mis dedos rodean su antebrazo desnudo.
Estoy a punto de decirle que deje de ser un gilipollas de mierda cuando se me seca la boca y mi cuerpo se congela.
Su colonia me golpea y las náuseas llegan tan fuerte que se me doblan las rodillas.
No. Joder, por favor, no. Voy a vomitar.
Retiro la mano de su brazo de golpe y me tambaleo hacia atrás. La piel se me eriza donde le he tocado y la garganta se me cierra. No puedo respirar. No puedo jodidamente respirar.
Las lágrimas me recorren la cara antes de darme cuenta de que estoy llorando. Las manos me tiemblan tanto que el teléfono de Kynlee casi se me cae.
Me pone la mano en el hombro. —¿Sayl? ¿Qué te pasa?
Le empujo. Las dos manos planas contra su pecho, con la fuerza suficiente para que tropiece un paso hacia atrás.
—No me toques, joder. —Mi voz se quiebra y lo odio.
La preocupación cruza su cara y luego la comprensión. Ya no puede ocultar lo que ha hecho.
—Vale. Vale, Sayl, tranquilízate. —Su voz es baja. Levanta las manos frente a él y echa un vistazo al pasillo en ambas direcciones—. Ven aquí. Entra un momento y habla conmigo.
Me está empujando hacia atrás antes de que pueda pensar. Me agarra los hombros y me estremezco, pero no me suelta. Me guía a través de la puerta abierta de su suite y la cierra de una patada detrás de él. Luego echa el cerrojo.
¿Por qué le he dejado meterme aquí? No es seguro estar a solas con él. No creo que haya estado segura ni un solo día de mi jodida vida.
No fue un sueño. Ninguno fue un sueño. Eran jodidas pesadillas y eran reales. Y no va a intentar convencerme de que está en mi jodida cabeza.
Joder. No tengo mi cuchillo. ¿De qué cojones sirve entrenar con Axl si nunca llevo la jodida cosa encima? Maldita sea, necesito respirar. No puedo jodidamente respirar.
—Saylor, escúchame. —Está tranquilo. Está demasiado jodidamente tranquilo—. Estás teniendo un ataque de pánico. Solo respira hondo.
Me obligo a tomar todo el aire que puedo, alejándome de él. Mi espalda golpea la pared junto a la cama y mantengo las manos frente a mí. Lanzo el teléfono de Kynlee sobre la cama para poder usar las dos manos. —Sé lo que hiciste, joder.
Su mandíbula trabaja, pero no finge estar confuso. Solo me mira como siempre lo ha hecho. Y por primera vez puedo ver al jodido enfermo que se esconde detrás.
—Te quiero, Sayl. —Su voz es tranquila y firme. Me dan ganas de escaldarme el cuerpo entero—. Sé que eso es enfermizo. Pero siempre has sido mía. Me da igual lo que eso me convierta.
El estómago se me revuelve. Me tapo la boca con la mano y trago fuerte para no vomitar. —Estás enfermo. —Sale amortiguado detrás de mi palma—. Estás jodidamente enfermo, Justin. Y eres malvado. Me violaste.
—Sé que parece que eso es lo que pasó. Nunca quise tenerte así, pero no había otra forma.
—Da un paso más y me presiono más contra la pared—.
Pero te quiero. Siempre te he querido. ¿Te acuerdas de aquella fiesta cuando ibas colocada y te fuiste con Kase?
Dejaste que te tocara. No quería ver sus manos sobre ti, pero no podía dejar de mirar.
Eres tan guapa cuando te corres, no puedo ver eso tan a menudo como me gustaría.
Pero ¿por qué iba otro a tener lo que siempre he sabido que debería ser mío?
Luego seguiste bebiendo con Kynlee y te quedaste inconsciente.
Esa fue la primera noche que te probé y supe que nunca sería suficiente.
Voy a vomitar. Voy a vomitar y no puedo evitarlo.
Me giro y apenas llego a la papelera junto a la mesilla de noche antes de que mi cuerpo se vacíe. Estoy de rodillas con las manos agarrando los bordes y puedo oírle detrás de mí. Está mirando como ha estado mirándome toda mi jodida vida.
Escupo en la papelera y me limpio la boca con el dorso de la mano. Mi cuerpo tiembla tan fuerte y quiero matarlo, joder.
—¿Cuántas veces? —No me giro. No puedo mirarle—. ¿Cuántas jodidas veces, Justin? Dime cuántas veces mi propio jodido hermano me violó. Me drogabas, ¿verdad?
Todas las veces que me traía vino y me animaba a beber con él. Joder. No voy a ponérselo fácil. Me levanto y le encaro. Va a admitir lo que ha hecho. Me siento tan jodidamente sucia y él también debería.
—¿Importa el número? No pareció importar una vez que te convertiste en una jodida guarra.
De fiesta todo el rato y acostándote con cualquiera.
No me lo pusiste difícil para tomar lo que quería.
Lo único útil que hizo Axl fue empezar a matar a todos esos capullos para que volvieras a ser solo mía. Hasta la jodida cacería.
Me abalanzo sobre él y le doy una bofetada tan fuerte como puedo en la cara. —No te atrevas a intentar hacer como si esto fuera culpa mía. Tú eres el puto violador. —Levanto la mano para darle otra bofetada, pero me agarra la muñeca, cortándome la circulación.
—Tienes que escucharme, Saylor. —Su voz cambia y ahora es más fría—. No quería que lo supieras hasta que estuvieras preparada. Hasta que pudieras ver que soy el que necesitas, joder. Pero ahora lo has descubierto, lo cual crea un pequeño problema que hay que resolver.
Me suelta la muñeca y la aprieto contra mi pecho. Hay una marca roja donde estaban sus dedos. Quiero arrancarme la propia piel.
—No vas a contarle esto a nadie. Especialmente a ese gilipollas de mierda de Axl. —Se toca la mandíbula donde le he golpeado.
Me río, mirándole con absoluta incredulidad. —¿Lo dices en serio? ¿Por qué iba a callarme por ti? Quiero verte recibir lo que te mereces, joder. Axl te hará pedacitos.
—Sé que eres más lista que eso, Sayl. —Justin estira los dedos para colocarme el pelo detrás de la oreja y le aparto la mano de un manotazo.
Solo niega con la cabeza—. Si me pasa algo, ¿qué crees que le pasará a Kynlee?
¿Crees que será feliz siendo subastada? Porque si yo dejo de ser su Talon, eso es exactamente lo que va a pasar.
Se me cae el estómago. No le contesto porque no puedo. Tiene razón y lo odio aún más por ello.
—Por eso acepté ser su Talon. No quería follármela.
No quiero follarme a nadie que no seas tú, Sayl —lo dice como si eso tuviera que hacerme sentir algo que no sea odio hacia él.
Está jodidamente loco—. Pero luego, cuando presentó su caso, y me di cuenta de que al menos ella me mantiene cerca de ti.
—Eres un enfermo de mierda y te odio —eso ni siquiera empieza a cubrir cuánto quiero verle sufrir. Le quería, como a mi hermano. El hermano que nadaba conmigo en nuestra piscina y me introdujo en las películas de terror. ¿Cómo estuve tan jodidamente ciega para ver lo que era?
No. Yo no soy el jodido problema aquí. El enfermizo es él.
—Los Cuervos te castigarán. Se suponía que no debías... hacer lo que hiciste.
Se ríe entre dientes. —¿Crees que me importan una mierda sus estúpidas reglas? Además, no se van a enterar. —Se mete las manos en los bolsillos y tiene una cara tan jodidamente arrogante que quiero gritar—. No se lo vas a contar a Axl. No se lo vas a contar a Kynlee. No se lo vas a contar a nadie.
—¿O qué? —Mi voz está rota y me arde la garganta de haber vomitado—. ¿Me drogarás otra vez? ¿Me violarás como llevas haciendo años?
—Ya no tengo que drogarte. —Ni siquiera se inmuta—.
Porque vas a pensar en Kynlee en esa subasta.
Vas a pensar en que todos en nuestro mundo sepan que tu hermano te ha follado.
Y vas a pensar en cómo Axl te mira ahora mismo, y te vas a preguntar si alguna vez volverá a mirarte así una vez que lo sepa.
Así que vas a mantener la jodida boca cerrada, a menos que mi polla esté dentro.
Los ojos me arden y aprieto la mandíbula tan fuerte que me duelen los dientes. Quiero gritar y llorar, joder, tirar todo lo que hay en esta habitación. No puedo dejar que mi mejor amiga vaya a subasta. No puedo cargarle con eso por culpa de mi familia de mierda.
—¿Qué me impide contárselo a todo el mundo cuando termine el año y Kynlee sea libre?
Me dedica una sonrisa compasiva. —Porque seguirás sin querer ser la chica que se folla a su hermano.
Aprieto los dientes. —Yo no te follé. Tú me violaste.
—Muchas guarras gritan violación, Sayl. Y te voy a dar algo de tiempo para que te adaptes, porque te quiero mucho.
Pero solo voy a poder esperar hasta cierto punto antes de tenerte otra vez.
Pero ¿puedes dejar de permitir que tu jodido rey te tatúe?
Es más mierda que tendré que hacer que te quiten del cuerpo cuando vuelvas a ser mía.
Los ojos se me abren de par en par y me entran arcadas de nuevo pensando en cómo ha visto mi cuerpo desnudo.
Me enseña su teléfono. —Sí, ya sé que el gilipollas arrogante se cree algún tipo de jodido rey.
Puedo leer todos tus mensajes y puedo interceptarlos.
Deberías tener más cuidado con quién dejas usar tu teléfono.
No me puedo creer que te excites con esa mierda de rey.
Pero yo también te haré arrodillarte pronto.
Me muero por saber lo que se siente estando dentro de tu boca.
La bilis me sube a la garganta, pero consigo tragarla. Nunca le tocaré voluntariamente. Pero lo que ha dicho sobre los mensajes hace que todo lo que no he visto encaje. He sido tan jodidamente estúpida. —Tú le tendiste la trampa a Tracy en la habitación de Axl, ¿verdad?
Justin es la razón por la que nunca recibí los mensajes de Axl ese día.
—Pensé que te alejaría de él. Mírate, Sayl. Te está tratando como a una puta.
—¿En comparación con qué? ¿Mi hermano que me viola? —Menos mal que no tengo mi cuchillo, porque le apuñalaría una y otra vez. Y eso arruinaría todo para Kynlee—. Quiero a Axl. Y una vez que salgamos de aquí, nunca dejará que te acerques a mí.
Justin se abalanza sobre mí, rodeándome la garganta con la mano y empujándome contra la pared. Veo puntos durante un momento por la fuerza con la que mi cabeza golpea. —Vas a quererme a mí, joder. ¿Lo entiendes?
Sus ojos están desquiciados y nunca le he visto así. Es psicótico. No se sabe lo que es capaz de hacer.
No le peleo. No porque no pueda, sino porque no quiero hacer nada que le lleve a hacerle daño a Kynlee. Podría entrar en cualquier segundo.
Así que le sostengo la mirada y le dejo ver exactamente lo que pienso de él.
—Puedes ahogarme todo lo que quieras, Justin. —Mi voz es un rasguño contra su palma—. Pero nunca te voy a querer. Y en el segundo en que Kynlee esté a salvo, Axl te va a hacer pedazos.
Su agarre se aprieta. Por un segundo creo que va a hacerlo. Creo que va a estampar mi cabeza contra la pared otra vez o arrastrarme a la cama y forzarme estando despierta esta vez.
Pero me suelta. Se aparta y la calma vuelve a deslizarse sobre su cara tan rápido que se me pone la piel de gallina.
—Te daré algo más de tiempo. —Me suelta y aspiro una larga bocanada de aire—. Como prueba de lo mucho que significas para mí. Pero no me jodas pongas a prueba, Sayl.
Camina hacia la puerta y gira el cerrojo. El clic resuena por la habitación, y me sostiene la puerta abierta como si se creyera un jodido caballero.
—Me encantaría que te quedaras, pero será mejor que te vayas, Sayl. Tengo un sitio al que ir.
Paso por delante sin mirarle. Mantengo los hombros rectos y las manos a los lados aunque cada parte de mí está temblando. Justin me sigue afuera y silba mientras pasea por el pasillo dirigiéndose a donde cojones iba antes de que pasara esta mierda.
Marco el código de la suite de Axl con dedos que no dejan de temblar. Me lleva tres intentos conseguirlo. La puerta se abre y una vez dentro, la cierro de un portazo y presiono la espalda contra ella. Axl aún no ha vuelto.
Me deslizo hasta el suelo con las rodillas pegadas al pecho. Todavía puedo sentir la mano de Justin en mi garganta. Todavía puedo oler esa jodida colonia. Axl tenía razón y cada pesadilla se repite en mi mente. Presiono la cara contra mis rodillas y grito contra la tela de mis pantalones de yoga.
Axl va a entrar por nuestra puerta. Va a echarme un vistazo y voy a tener que fingir que mi jodido mundo no se acaba de desmoronar.
Si se lo cuento, Justin muere. Ha matado por mí por mucho menos. Si eso pasa, Kynlee va a subasta. Y me convierto en la chica violada por su hermano en un mundo donde esa clase de vergüenza me perseguirá a mí y no a Justin.
Me limpio la cara con el dorso de la mano y me obligo a levantarme. Camino hacia el baño y abro la ducha. Quiero escaldarme la jodida piel con agua caliente.
Axl volverá pronto. Y tengo que encontrar la manera de evitar que se entere de nada de esto. Eso es lo que va a matarme. Le he dado cada parte de mí, pero no puedo darle esto.
Guardar este enfermizo secreto es lo único que puedo hacer, joder. Y puede que sea lo que me mate.