40. CAPÍTULO 40
Axl
P riest no hizo ninguna pregunta cuando le dije que lo necesitaba hoy.
Le conté lo que sospecho que David Carter le ha estado haciendo a mi chica, y está tan listo para matarlo como yo.
Sé que puedo confiar en que no irá a los Sinclair con esto todavía.
No quiero que intenten impedirme averiguar lo que necesito saber.
Los dos estamos concentrados en el Mercedes negro de David Carter tres coches por delante de nosotros, y puedo ver la mandíbula de Priest trabajando.
—Si la ha tocado, lo mato —digo, rompiendo el silencio. Mantengo los ojos en la carretera y las manos firmes en el volante—. Me importa una mierda la investigación o lo que los Sinclair necesiten de él. Está muerto.
—Lo sé. —Priest golpetea el suelo ruidosamente con el pie a mi lado—. Nadie necesita saberlo aparte de nosotros.
Por eso lo he traído a él y no quería que Kase y Crew vinieran. Habrían estado de mi lado y ayudado, pero cuantos menos sepan de esto, mejor. No sé qué va a pasar, pero si el padre de mi chica la estaba violando en su cama por las noches, no hay ninguna otra acción razonable que pueda tomar, joder.
David no va a su casa. Sigue hacia el norte durante otros veinte minutos, llevándonos más adentro de una zona boscosa. Gira por un camino lateral que no tiene señal de calle y lo sigue a través de una arboleda antes de detenerse frente a una casa que nunca he visto.
—¿Conoces este sitio? —Me salgo de la carretera y aparco lo bastante lejos para que no nos detecte entre los árboles.
—No. —Priest ya está mirando su teléfono—. No está en ninguno de los registros que sacamos sobre él.
Le damos cinco minutos dentro de la casa y luego nos movemos.
La casa es modesta comparada con lo que David Carter puede permitirse, así que es fácil que la mantenga fuera de los registros.
Buscaremos a nombre de quién está registrada esta casa más tarde.
Rodeamos por un lateral y miro por una ventana.
David está en la cocina con una mujer. Tiene poco más de veinte años, pelo oscuro, lleva una camiseta de tirantes ceñida y unos vaqueros de tiro bajo. No está retenida. No hay indicios de que esté aquí contra su voluntad. Está apoyada contra la encimera mientras él le habla y sonríe.
Pero eso no significa una mierda. Las mujeres que hemos sacado de situaciones jodidas no siempre estaban encadenadas. Algunas están condicionadas para quedarse. Si se han criado en una vida de trabajo sexual, algunas no conocen otra cosa. Lo hemos visto todo.
Priest mira por la ventana y luego me mira a mí. Asiente, ambos de acuerdo en que vamos a entrar.
Pruebo la puerta trasera. Está abierta.
No nos molestamos con las máscaras. Quiero que David Carter me vea la puta cara. Atravieso la puerta y entro en la cocina donde está hablando con la mujer. La cara de David Carter se queda blanca y la mandíbula prácticamente le llega al suelo.
La mujer grita y se le cae el vaso de la mano. Se hace añicos en el suelo de baldosas y retrocede contra la encimera. Priest entra detrás de mí y se coloca entre ella y la puerta. Nadie se va.
—Axl... ¿qué coño es esto? —David levanta las manos y da un paso hacia la mujer, colocándola detrás de él—. ¿Cómo has encontrado...?
Lo agarro por la garganta y lo estampo contra la nevera con fuerza. La mierda de encima se cae al suelo. Su cabeza rebota contra el acero inoxidable y sus manos arañan mi muñeca.
—¿Qué le hiciste? —Le aprieto la garganta y observo cómo su cara se pone roja—. ¿Qué le hiciste a Saylor?
—No... no sé de qué me hablas... —Se está ahogando y los ojos se le salen de las órbitas y la mujer detrás de mí grita que pare.
Lo arranco de la nevera y lo tiro al suelo de la cocina. Cae de espaldas contra las baldosas y estoy encima de él antes de que pueda darse la vuelta. Lo inmovilizo con la rodilla en el pecho y le machaco la cara a puñetazos una y otra vez. La sangre salpica de su nariz.
—Tiene pesadillas con alguien que la inmoviliza y la viola en su cama.
—Agarro la parte delantera de su camisa y le acerco la cara a la mía—.
Lleva pasándole años. Y tú eres un puto depravado con debilidad por las mujeres jóvenes.
Así que te lo voy a preguntar una última maldita vez. ¿Qué le hiciste a tu hija?
Omito la parte de que además es un traficante conocido. No quiero que sepa todo lo que yo sé a menos que sea necesario.
La expresión en la cara de David Carter no es lo que esperaba. Sus ojos se abren de par en par y hay una devastación en su expresión para la que no estaba preparado.
—¿Qué? —Su voz se quiebra y la sangre le corre de la nariz a la boca—.
¿Tiene pesadillas sobre...? No. No. Axl, yo nunca...
—Me agarra la muñeca con las dos manos y no está intentando soltarse.
Se aferra, suplicándome que le escuche—.
Yo nunca le haría daño a mi hija. Me pone enfermo que siquiera pienses eso.
—Eres un cabrón de mierda. —Aprieto mi agarre en su camisa, todavía sin estar convencido—. Tienes a esta chica que mantienes aquí. Tiene menos de la mitad de tu edad y no es tu mujer. ¿Esperas que me crea que eres incapaz de cruzar la puta línea?
—Ella no... —Mira hacia la mujer. Está pegada contra la pared observándonos con Priest a su lado—. Está aquí por su propia voluntad. Y, joder, Axl. Una aventura no es lo mismo que incesto o violación.
No se equivoca en eso, pero sé que algo le pasó a mi chica. —Así que me estás diciendo que nunca la has tocado. ¿Y quieres que me lo crea?
—Escúchame. —Su voz cambia y algo en sus ojos pasa del miedo a la desesperación—.
He hecho cosas terribles. Cosas que acabarán alcanzándome.
Pero nunca he puesto la mano encima a Saylor.
Es mi hija y la quiero. Si alguien le está haciendo daño...
—Su cara se derrumba—. Si alguien ha hecho daño a mi niña, yo me encargaré, joder.
Lo miro fijamente y busco la mentira. He interrogado a suficientes hombres como para saber cómo se ve una mentira. Pero con las lágrimas en sus ojos, parece un hombre que acaba de descubrir que su mundo se acaba.
Joder, no creo que esté mintiendo. Solo quiero que eso sea cierto si me equivoco sobre que alguien ha herido a Saylor. Pero si fue abusada y no fue David, entonces sigo sin saber qué le pasó. O a qué la expuso su padre traficante que la hizo accesible para algún otro enfermo de mierda.
Le suelto la camisa y me levanto. Él no se mueve del suelo enseguida. Se presiona la mano contra la nariz y luego se pone de pie como puede.
—Ahora escúchame tú a mí, hijo. Aprecio que quieras protegerla y voy a llegar al fondo de esto, pero necesitas entender lo que va a pasar. —Es más duro que antes. Me mira y se limpia la sangre de la barbilla—. Saylor se va a casar después de que deje de ser tu Paloma, Axl. Ya está arreglado.
—Tienes toda la puta razón. Se va a casar conmigo.
David se ríe de verdad. Es un sonido húmedo y sangriento que me cabrea más que cualquier otra cosa que haya dicho hasta ahora.
—¿Crees que tú decides eso? Soy yo quien decide el futuro de mi hija.
No tienes autoridad para casarte con nadie sin la aprobación del Consejo, y tu padre ya ha tomado su decisión sobre tu emparejamiento.
Estoy tan jodidamente harto de que estos capullos nos digan a Saylor y a mí lo que vamos a hacer, joder. —Mi padre puede irse a tomar por culo. Y tú también.
—Tu padre y yo estamos de acuerdo en esto. —Escupe sangre al suelo y se arregla la camisa—. ¿Quieres protegerla? Entonces aléjate y déjame a mí asegurarme de que esté a salvo.
—¿Y crees que has hecho un buen trabajo con eso hasta ahora, joder?
Voy hacia él. Voy a matarlo como debería haber hecho desde el principio, pero la mano de Priest me agarra del brazo y me frena de un tirón.
—Hemos terminado aquí. —Priest se lo dice a David, pero luego me mira a mí—. Vámonos. Ahora.
Me sacudo su mano del brazo. Miro a David una última vez y la sangre en su cara de donde le he pegado.
—Si descubro que me mentiste sobre hacerle daño, no me verás venir cuando te elimine. Y me voy a casar con tu hija. Así que póntelo fácil y haz que suceda, joder.
Me doy la vuelta y salgo por donde entré.
Que le jodan. De todas formas está tan muerto como si ya lo estuviera cuando los Sinclair tengan lo que necesitan.
Yo también tengo conexiones, y si alguien piensa que va a impedirme tener lo que es mío, todos van a aprender lo rápido que prenderé fuego a todo hasta los putos cimientos.