Devour 6. CAPÍTULO 6
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6. CAPÍTULO 6

Saylor

M e despierto con resaca, con la cara aplastada contra la almohada, y enseguida noto lo dolorida que estoy entre las piernas.

Mi vibrador sigue en la cama a mi lado. Debió de tener un buen uso anoche después de que me bebiera un par de botellas de vino con mi mejor amiga.

Estaba tan jodidamente cachonda después de que Kynlee y yo por fin decidimos irnos a dormir.

Menos mal que ella durmió en una de las habitaciones de invitados.

Puto Axl. Tiene mi cuerpo revolucionado y no me deja echar un buen polvo.

El sol brilla detrás de mis cortinas y me está haciendo palpitar la cabeza. Tengo la boca seca y todavía noto el sabor del vino.

Meto el vibrador en el cajón junto a mi cama y cojo el móvil de la mesilla de noche. Entrecierro los ojos por la luz del teléfono y bajo el brillo. Al menos si tuve una de mis pesadillas anoche, no la recuerdo. Me vale.

Hay tres mensajes de Mi Rey.

Me quedo mirando el nombre que escribió en mi teléfono. Estos Talon van por ahí como si fueran dioses, cuando en realidad son las putas perras del Consejo. Pero como tienen polla, tienen más poder que las mujeres. Bienvenida a los Cuervos.

Pulso en la notificación para leer sus mensajes.

[Mi Rey: Más te vale estar durmiendo y no tocándote.]

Demasiado tarde.

[Mi Rey: Te castigaré por cada orgasmo que tengas sin pedirme permiso.]

No sé si me corrí o no porque estaba demasiado borracha para acordarme. Pero no voy a delatarme por intentarlo.

[Mi Rey: Tres semanas, pequeña pagana.]

Este hombre me desea, hasta el extremo de matar hombres para que no me toquen. Está obsesionado. Y eso me da poder.

Sonrío mirando el móvil. Y odio que me esté permitiendo ser esa chica.

Así es como empieza—algún hombre te hace sentir que eres el centro de su mundo, y luego descubres que solo eres una pieza en el tablero de cualquier juego que esté jugando.

He visto a mi madre y a mi padre jugar a ese juego toda mi vida.

Pero no le respondo. No voy a ser la zorra que pende de cada una de sus palabras.

Que le jodan, que se lo curre. Que mire esa app de rastreo que sé que instaló en mi teléfono y se pregunte qué estoy haciendo.

No la he borrado. Probablemente debería, pero una parte de mí disfruta sabiendo que me vigila.

Que vea todos mis problemas con mamá y papá en exhibición para él.

Me siento en la cama y hago una mueca de dolor. Me duele el cuerpo. Necesito agua, café e ibuprofeno suficiente para matar lo que sea que me está martilleando la cabeza.

Me recojo el pelo en un moño desaliñado y bajo las piernas de la cama. Llevo una camiseta enorme y nada más. Me doy cuenta de que debí de quitarme las bragas también.

Mi puerta se abre de golpe y choca contra la pared.

—Buenos días, zorra. —Kynlee se lanza de cara sobre mi cama y gime contra mi edredón. Su pelo oscuro está por todas partes y lleva puesta una de mis camisetas de dormir que le cubre los muslos—. ¿Por qué todas las habitaciones de esta casa son tan puñeteramente luminosas?

Me río. —Pareces medio muerta.

—Que te jodan. —Se gira boca arriba y se cubre los ojos con el brazo—. ¿Por qué me dejaste beber tanto? Hace mucho que no tenía una resaca así y ni siquiera lo mezclamos con nada divertido.

Kynlee y yo hemos experimentado con una variedad de drogas.

Cuando tienes dinero y padres ausentes, persigues cualquier emoción que puedas conseguir.

Siempre nos ha gustado salir de fiesta y pasarlo bien con tíos.

Algunos nos llamarían putas, aunque las putas de verdad sí consiguen follar. Axl me corta el rollo a cada paso.

—Me mordiste la última vez que intenté quitarte una botella. Así que lo que decidas beber es cosa tuya, zorra.

—Iba puesta cuando hice eso. —Deja escapar un suspiro exagerado y luego me mira de reojo—. ¿Qué hora es?

—Casi las once. —Miré la hora cuando leí los mensajes de Axl.

—Joder. —Se sienta y se sopla el pelo oscuro de la cara—. Tu madre le va a decir a la mía que no somos más que unas borrachas putas.

—Mi madre ya cree que estoy a punto de ser una puta inútil, así que nada nuevo que informar.

—Cojo la botella de vino vacía de la mesilla y la escondo detrás de mi cama—.

Sigue cabreada porque no pudo convencer a mi padre de mandarme a la subasta.

Estoy bastante segura de que siguen discutiendo por ello.

—¿Tu madre quería subastarte? —Kynlee me mira fijamente—. ¿En serio? ¿Y si acabaras con algún viejo de setenta años con los huevos caídos?

—Cree que es la mejor jugada estratégica. Podría conseguir un marido de nivel superior que proporcionaría conexiones para nuestra familia. —Me encojo de hombros—. Dijo que mi valor desaparecerá cuando pase un año como la puta de un Talon.

Menos mal que mi padre me dejó elegir si iba al bloque de subastas o a la cacería para tener la oportunidad de servir a un Talon.

—Tu valor. —Kynlee arruga la nariz y pone los ojos en blanco—. Menuda zorra.

Me pongo unos pantalones cortos blancos de algodón del suelo junto a mi cama. —No podría estar más de acuerdo.

Eso pasa con las madres Cuervas. Pasaron por la misma mierda en la que Kynlee y yo estamos atrapadas.

A mi madre la subastaron a los diecinueve en lugar de servir a un Talon.

Se casó con mi padre porque su familia superó las ofertas de los demás.

No creo que se quieran ni se hayan querido nunca, pero no se odian abiertamente, al menos no delante de Justin y de mí.

Pero dado que mi padre me dio la opción de elegir, no creo que piense que la subasta fue la mejor alternativa.

Y en nuestro mundo, el matrimonio es para siempre.

Claro, puedes divorciarte legalmente. Pero si el Consejo no lo aprueba, tienen sus propias formas de hacerte cumplir.

O te hacen matar si vas en contra de ellos.

Tienen su ejército de Talon que hacen lo que se les dice.

Todo gira en torno al poder, el control y mantener su imagen.

Las familias Cuervas son las más ricas y elitistas.

A los medios y los paparazzi les encantaría saber si hay dramas o escándalos en alguna de nuestras familias, y el Consejo no lo tolerará.

—Mi madre es todo lo contrario —dice Kynlee en voz baja—.

Lloró la primera vez que me habló de lo que tendría que hacer.

Como si se estuviera disculpando por algo que no podía detener.

—Kynlee tira de un hilo de mi edredón—. Solo me dijo que fuera valiente y que habría terminado antes de darme cuenta.

Luego se tomó un par de sus pastillas y volvió a la normalidad.

Las dos nos quedamos calladas un segundo.

Las mujeres que vinieron antes que nosotras o se convirtieron en el sistema o fueron engullidas por él.

No hay término medio. No todas las historias son buenas, pero tampoco son todas malas.

No es diferente de muchos matrimonios concertados entre familias poderosas que se remontan a siglos atrás.

La primera vez que empecé a fijarme en los chicos, mi madre me dijo que no me encariñara con ninguno de ellos.

Mi matrimonio será concertado, y me estremezco al pensar con quién va a presionar mi madre a mi padre para que me case. Querrá encontrar a alguien que esté lo más cerca posible del Consejo.

Pero no será un Talon. Si un hombre sirve como Talon, entonces su familia es de tercera generación o más reciente.

Eso no es suficiente para mi madre, aunque nuestra familia también es de tercera generación.

Justin y yo somos los últimos hijos de nuestra línea que tienen que servir para ganarse su lugar dentro de la sociedad.

Justin como Talon, y yo como la Paloma de un Talon.

—¿Te preocupa la cacería? —le pregunto a Kynlee, lanzándole mi cepillo. Literalmente nos cazan en el bosque como si fuéramos un puto juego. Y al que un Talon atrapa y se folla delante de todos los demás Cuervos es suyo durante el año.

—¿Preocupada? —Pasa el cepillo por su pelo para deshacer un par de nudos—. No. La verdad es que tengo ganas.

—¿Tienes ganas de que te persigan por el bosque y luego te follen delante de nuestros padres?

Si soy sincera, es la parte de delante de mi padre la que no suena atractiva. Que Axl me folle suena exactamente a lo que mi cuerpo me está suplicando.

—Tengo ganas de que me folle alguien que sepa lo que hace de verdad. —Deshace otro nudo, alisándose el pelo—. Me he pasado cuatro años en Graves dejando que niñatos ricos de fraternidades me manoseen ahí abajo. Al menos se supone que estos Talon son útiles.

—Sí, matando gente. Ni siquiera les dejan follar. —Pero si Axl folla como hace todo lo demás, estoy jodida. Aunque eso suena mejor que estar atrapada en un matrimonio como el de mis padres.

—Con cuatro años sin coño, créeme, van a estar hambrientos. —Me señala con el cepillo—. Y prefiero ser el cuerpo que use para compensar todo ese tiempo perdido que ser subastada a algún Cuervo que me doble la edad y que necesite una pastilla para empalmarse.

Cojo mi almohada y le doy con ella. —Eso es poner el listón muy bajo.

—Esas son las opciones, Saylor. Yo solo estoy eligiendo la que viene con mejor polla.

—¿Aunque esa polla sea de Priest? —la provoco, solo porque sé que la irrita.

Gime y me da un golpe en la cadera con el cepillo. —Que te jodan.

—¡Oh! Priest y Kynlee sentados en un árbol —canto la burla mientras le pincho en el hombro. No sé por qué la molesta tanto, pero siempre le ha odiado.

—Cállate ya con esa mierda, Sayl. Es un capullo.

Además, todavía le queda un año más de ser una perra sin sexo, así que eso ni puede pasar.

—Se pasa el cepillo por el pelo y luego lo tira en mi mesilla.

Intenta con demasiado esfuerzo pasar de esa conversación, en mi opinión—.

¿Qué sabemos realmente de cómo funciona la cacería?

Mi madre no me cuenta nada útil. Y Kase tampoco.

Al menos él no está en la cacería este año.

Sería incómodo de cojones tener que asegurarme de huir de mi hermano.