Detonate. Disparo al alma (Bajo la máscara 2) 45. Grayson
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45. Grayson

Grayson

Han pasado tres putos días desde que leí la carta de Maddie y acabé desmayándome. Tres días mirando esas mismas paredes blancas aburridas y escuchando a Luca y a Keller charlar de chorradas.

He vuelto a leer esa carta de Maddie que no me creo. La he arrugado y la he tirado lejos.

Conozco muy bien a esa mujer y, al parecer, ella también sabe cómo soy.

Las marcas de lágrimas que emborronaban la tinta negra son una señal de que algo no está bien. Si Maddie quisiera dejarme, me lo diría a la cara; no elegiría esa forma tan cobarde. Además, no es tan tonta como para huir de mí, embarazada de mi hijo, y esperar que yo no haga nada.

—¿Por qué estáis los dos aquí como dos imbéciles en lugar de estar ahí fuera, buscando a Maddie? —Doy un respingo cuando noto una punzada de dolor en los pulmones.

Esos cabrones me apuntaron bien esta vez. La bala no me mató, pero cómo duele, joder.

—Grayson, Enzo y su equipo están haciendo todo lo que pueden. Y mis hombres tienen vigilados a los Falcone. Pegarte un tiro no era su movimiento final, sino solo el principio.

—¿Y si Maddie no está en el país? —continúo con dificultad.

—He hablado con mis contactos en Europa. Es posible que lleguemos a un acuerdo. Estoy en ello. Confía en mí.

Keller lo mira con recelo. Lo último que necesito es que convenza a Luca para que no lo haga.

Está a punto de desatarse una guerra y necesitamos un ejército.

Keller me mira.

—Grayson, ¿y si te ha dejado de verdad? Tal vez necesite un poco de tiempo. Al fin y al cabo, te dijo que no cuando le pediste matrimonio.

Luca le susurra bruscamente a Keller que se calle.

—No, Grayson, lleva el anillo. Mira. —Luca me muestra la cajita. El anillo no está dentro—. Estaba muy arrepentida. Le pregunté qué diría si se lo volvías a pedir y me aseguró que aceptaría. Así que le di el anillo y se lo puso. Te quiere, de eso no hay duda.

—¿Y qué te dijo Frankie? —pregunto.

—Que desapareció. Que la habían llevado a otra habitación por unos dolores en el estómago y que no la volvió a ver.

«Nuestro bebé».

Me paso las manos por el pelo y cierro los ojos. Esto es demasiado.

—¿Enzo ha buscado los historiales médicos?

—Sí, pero no hay nada de ese día.

—Te juro que les voy a arrancar la cabeza a todos cuando les ponga las manos encima.

Luca se ríe entre dientes.

—No lo dudo.

—Sácame de este agujero. Pienso formar un ejército, lo quieras o no.

Nos han declarado la guerra y yo tengo intención de terminar con ella.

Dispongo de por lo menos cincuenta hombres en el King’s Gym, los mejores luchadores que hay.

En un par de semanas puedo entrenarlos para convertirlos en despiadadas máquinas de matar. ¿Tú me ayudarás? —le pregunto a Keller.

Antes de que pueda responder, cruza la puerta una Sienna cansada y con la cara manchada por las lágrimas, sorbiendo por la nariz. Él la abraza fuerte.

—He hablado con su madre, su hermano y todas nuestras amigas de la universidad. Nadie la ha visto. —Apoya la cabeza en el pecho de su marido y sigue llorando.

—Princesa, todo se va a arreglar —le susurra él.

—Necesito que vayas tú a buscarla, Keller. Eres demasiado bueno para estar aquí sentado conmigo, esperando a que la encuentre otro. Por favor, campeón.

Keller me mira a mí y después a Luca. Los dos sabemos que está deseando hacer algo. Y Sienna le ha dado permiso en estas circunstancias.

—Una sola vez, Keller —advierte Luca.

—Hermano, la única persona que ahora puede decirme lo que tengo que hacer es Sienna.

Ella se pone de pie y le susurra algo al oído. Él levanta las dos cejas al oírla.

—Encuentra a mi amiga. —Vuelve a sorber y viene junto a mi cama. Me coge la mano y me sonríe—. Ella te quiere, Grayson.

—Lo sé, y yo a ella también. La encontraremos, te lo prometo.

—Te veo en casa, cariño. Y dale un beso a Darcy de parte de su papi —dice Keller mientras ella sale por la puerta.

Al verlos, siento como si algo me atravesara el corazón. Mi vida podría ser así, pero ahora me parece que todo eso me queda muy lejos. El dolor del disparo no es nada comparado con el que siento por dentro.

Keller se levanta muy decidido.

—¡A la mierda todo! Vamos a reunir un puto ejército.