Detonante EPÍLOGO
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EPÍLOGO

Las cárceles y los cementerios están llenos de almas en pena, millones de buenas personas que no supieron controlar un momento de rabia.

El empleado del mes que en medio de la celebración golpea a su jefe.

El esposo ejemplar que mata a su esposa cuando la encuentra con otro.

La madre protectora que se suicida delante de sus hijos antes de que mueran de hambre.

El conductor que pita y cierra el carril que no le pertenece.

El político que ejecuta malos contratos.

El deportista que decidió probar las drogas.

El maestro que se obsesiona con una estudiante.

Ejemplos de personas buenas que cometieron un error vemos todos los días en todos los noticieros.

Las calles, los restaurantes, las oficinas, los escenarios están plagados de personas que no sabes cómo van a actuar en una situación chispeante.

Incluso tú, con ese rostro inofensivo, nunca sabes cómo vas a reaccionar cuando alguien te mire mal, cuando alguien toque a tu hijo, cuando alguien te agreda.

Nunca tienes preparada una respuesta para cuando recibas el primer golpe.

Vivimos rodeados de detonantes.

Chispas que crean voraces incendios.

Explosiones que acaban con momentos felices y propósitos de vida.

Jugadas del destino.

Manipulaciones de los dioses.

Karmas.

Cuentas pendientes.

Ruletas.

Simples detonantes.

Cuenta hasta diez.

Mira al cielo. Ora.

Baja la cabeza. Pide perdón.

Di un improperio. Di hijueputazos. Lanza un rasguño. Saca el arma. Dispara.

No lo hagas.

Sonríe.

Intenta vivir.

Intenta sobrevivir en este mundo plagado de detonantes.