15 Por Toda La Eternidad
Por Toda La Eternidad
Handir entró en los aposentos del rey, ataviado como un príncipe, tan impecable como siempre a excepción de sus ojos, que, al igual que los de Rinon, estaban hinchados por haber leído demasiado y haber dormido demasiado poco.
Ambos estaban allí para el consejo de guerra diario con el rey y Turion, que se había pospuesto hasta la tarde debido a la llegada de Rinon y los refugiados.
Esa misma mañana, Rinon le había informado de lo que Macurian había revelado. Handir había pasado el resto del tiempo leyendo el informe de Llyniel sobre las muertes de los Ilícitos y los testimonios de los carceleros.
Una sospecha empezaba a formarse en su mente.
—Hermano —murmuró Handir, situándose ante el príncipe heredero—. Pareces cansado.
—Todos lo parecemos. Con el enemigo acechando, todavía queda mucho por hacer y somos muy pocos para ello.
—Es posible que hasta te alegres de ver a Fel'annár —dijo Handir mientras se alejaba, con la mirada puesta en el Bosque Perenne.
—No tengo ningún inconveniente en admitirlo. Trae guerreros y trae esperanza, por poco que nos sirva de algo. —Rinon miró a Handir y se lo encontró devolviéndole la mirada, con un destello familiar de escepticismo en los ojos.
—Me alegro de que esté vivo, Handir.
—Bueno, al menos eso es una mejora.
—No hace nada que nos conocemos. ¿Qué esperas?
—¿De ti? Precisamente esto.
Rinon miró con ceño fruncido a su hermano menor, pero se distrajo con la llegada de Maeneth y Sontúr. Su expresión se relajó y sonrió a su gemela, miró a Sontúr y asintió con brevedad.
—El rey viene de camino —dijo Maeneth, rozando con una mano la manga de Rinon—. Ha estado hablando con Amareth y con la Oyente Taniq.
—¿Qué hay de Llyniel? —preguntó Handir.
—En las Salas de Curación, inspeccionando los almacenes e instruyendo a los últimos recolectores. A partir de hoy, el rey les ha prohibido salir de la ciudad.
Las puertas se abrieron y entraron Thargodén, Turion y Aradan. Una vez que la puerta se cerró con un clic, el rey se volvió hacia su familia y recorrió a todos con la mirada. Se detuvo en Rinon.
—Pronto sabremos cuántos guerreros regresan con Fel'annár.
Taniq ha confirmado que llegará en unas pocas horas.
Dice que hay muchas balsas tras él, y más aún más atrás.
Calcula que el enemigo está aproximadamente a tres días de distancia, lo que significa que no habrá tiempo para descansar.
Mañana, sin falta, el Círculo Interior debe reunirse y debemos decidir nuestra estrategia final.
Thargodén pasó por delante de Rinon, con los ojos puestos en el bosque tras las ventanas cerradas. Tras un rato, se volvió de nuevo hacia su audiencia.
—Príncipe Handir, su informe, por favor.
—Nuestros almacenes están llenos. Con la estimación actual de nuestra población, podemos sobrevivir durante dos semanas sin escasez de la mayoría de los bienes, pero con racionamiento podemos aguantar quizás el triple de tiempo si fuera necesario.
Las Salas de Curación informan de que no hay escasez, y todos los ciudadanos con conocimientos de sanación, por rudimentarios que sean, están siendo informados en este momento.
Los niveles inferiores de los gremios se han adaptado tanto como se ha podido para nuestros civiles en caso de que necesiten refugiarse.
Ropa de cama, agua y suministros de comida se están almacenando allí, y las rutas de escape se están despejando por si ocurriera lo peor.
—Voy a levantar el secreto del Camino Oscuro. Si surge la necesidad, nuestro pueblo puede usar esa ruta hacia los Barracones de la Ciudad Exterior. Desde allí, el bosque está cerca. ¿Alguna otra cosa que informar, príncipe Handir?
—Previéndolo, he elaborado un plan de evacuación.
Mi misión para esta noche es reunirme con las autoridades civiles y revelar ese plan.
Muchos de los que aún están aquí se quedaron porque creen que pueden ser de utilidad.
Saben que nuestros militares están muy exigidos y desean encargarse de aquellas tareas que nuestro ejército normalmente realizaría: mantener el flujo de flechas y piedras, mantener las tinajas calientes y usarlas cuando llegue el momento, suministrar agua y sustento a quienes lo necesiten.
La lista es larga. Aun así, una vez que comience la batalla, las cosas pueden cambiar.
Thargodén asintió. —Habéis previsto bien la situación. Tenéis mi aprobación para presentar vuestro plan.
—Príncipe Rinon. Informe sobre el estado de los asuntos relacionados con las murallas.
—Las máquinas han sido erigidas, revisadas y se encuentran en correcto estado de funcionamiento.
Lanzas y flechas se están equipando con puntas Synth que usaremos en las balistas.
Deberían ser capaces de penetrar las pieles de los Lagartos de Gas y los Sabuesos.
La producción continuará incluso después de que comience la batalla.
En cuanto a las murallas, existe cierto debate sobre si debe usarse aceite.
A algunos les preocupan los efectos combinados del aliento de los Lagartos y las flechas incendiarias, y el enemigo seguramente traerá más de esas lanzas de fuego.
Podríamos estar perjudicándonos a nosotros mismos, tal como Pelagia nunca imaginó que su mayor arma se volvería contra ellos.
También está la cuestión de si el enemigo encontró alguna vez el Fuego.
No creemos que lo hicieran, pero debemos estar preparados por si nos equivocamos.
—Sin embargo, las trincheras exteriores ya están preparadas y las tinajas están llenas, listas para ser vertidas si las necesitáramos.
En cuanto a los muros cortina, estamos construyendo estructuras de madera que mantendrán las escaleras alejadas de las almenas.
Los adarves tras las balaustradas están a rebosar.
Utilizaremos a civiles voluntarios para asegurar que los guerreros tengan los proyectiles que necesitan para garantizar nuestra defensa.
—Guerrera Maeneth, capitán Sontúr. ¿Qué hay de esas bombas? ¿Cuántas pueden fabricarse?
—Cientos, esperamos —dijo Maeneth—. Da la casualidad de que nuestro ingrediente principal fue almacenado en abundancia nada menos que por lord Band'orán.
Me estremezco al pensar para qué planeaba usarlo.
Pero yendo al grano, la mayoría de las bombas están diseñadas para usarse en el lanzador de bombas, pero si podemos mantener la producción durante las noches, habrá un número menor que podrá acoplarse a flechas convencionales, e incluso lanzarse a mano.
Yo estaré a cargo del lanzador de bombas para asegurar el manejo correcto.
—Capitán Sontúr. ¿Dónde estaréis vos?
—Donde más se me necesite, señor. Por hoy, ayudando con la producción de las bombas; mañana, quizás reunido con La Compañía una vez más.
—Tenéis mi permiso, capitán. Vuestra ayuda estas últimas semanas ha sido vital para nuestra defensa.
Vuestra lealtad a este reino queda anotada y es bien recibida.
Pero vuestra vocación está con La Compañía, eso lo sé.
Sois libre de servir donde queráis, pero vuestra presencia en este consejo de guerra será apreciada mientras dure.
—Aquí estaré, señor. Tar'eastór fue siempre un aliado leal de Ea Uaré. Ahora, en vuestro momento de necesidad, esa unión será puesta a prueba y no resultará deficiente.
Thargodén asintió, pero fue casi una reverencia. —Cuando esta guerra termine, vos y yo hablaremos.
Sontúr le sostuvo la mirada al rey; creía comprender exactamente de qué querría hablarle. De Maeneth, y de si él se quedaría, se marcharía o insistiría en que ella lo acompañara a la Madre Patria.
—¿Comandante General Turion?
—La Oyente Taniq ha confirmado que el enemigo está a entre dos y tres días de la ciudad. Con la llegada del general Fel'annár hoy, dispondremos de dos días con él para realizar nuestros preparativos finales. Las puertas permanecerán cerradas a partir de esta noche.
—En cuanto a los veteranos que regresan del sur, el teniente Jarabon los comanda, esperando solo el regreso del general Fel'annár.
Serán incorporados a su División del Bosque.
Algunos apenas pueden caminar, otros cojean, tienen un brazo lastimado o les falta un ojo.
Aun así, necesitamos a cada arquero que podamos conseguir.
Están lo bastante en forma, mi rey. Ahuyentaron a Sabuesos gigantes y mantuvieron a salvo a esos civiles.
Los querría en mi división si pensara que lo soportarían.
Y Aria sabe que los necesitamos más que nunca.
—Entonces, hasta que Fel'annár regrese y nos traiga sus noticias, no hay nada más que pueda hacerse.
—Hay una cosa más, mi rey —dijo Rinon—. Los Guerreros Kah Ilícitos. Necesito una decisión sobre su destino.
—Son traidores, príncipe. No se puede confiar en ellos —dijo Aradan, con los ojos brillando en advertencia. A su lado, Turion asintió.
—Son tiempos desesperados, consejero. En circunstancias normales estaría de acuerdo; los haría exiliar.
Pero tenemos una oportunidad única de sumar más de doscientos guerreros; guerreros con conocimiento del Kal'hamén'Ar, aunque sea defectuoso.
Cada uno de esos guerreros cuenta por dos.
Solo pido que el príncipe Handir revele la información que ha reunido para que pueda tomarse una decisión informada.
—¿Y si se vuelven contra nosotros en mitad de la batalla? ¿Si matan a nuestro rey y a su familia? ¿Cómo puedes estar seguro? —preguntó Aradan.
Handir dio un paso adelante antes de que Rinon pudiera responder.
—No podemos estar seguros. Pero escuchadme, si os place. —Handir se volvió hacia el rey y vio el asentimiento irritado. Era todo lo que necesitaba.
Handir hizo una reverencia.